Columnas.

Navidades a oscuras y los 120

Por: Maximiliano Allica

No me acuerdo bien, pudo haber sido cualquier Navidad de fines de los '80. O no, esperen. Fue la Nochebuena de 1988. Ese día, quizás el anterior, mi abuela había preparado unas botellas con velas Ranchera en el pico, los candelabros que podíamos necesitar en la cena si se cortaba la luz. El gobierno de Alfonsín había dispuesto un sistema de cortes programados por la escasez de energía, aunque los apagones también llegaban por sorpresa. Duraron todo el verano que estaba por empezar.

El jueves pasado mientras íbamos a la cena familiar del 24 nos avisaron que en la casa elegida no había luz. Tuvimos suerte: cuando llegamos, volvió. En otros barrios, me enteré, improvisaron candelabros. Pasaron 27 años y cinco presidentes. O más, depende cómo quieran contar.

No recuerdo qué me regalaron en 1988 pero no estaré muy lejos si imagino una pelota o la última camiseta de San Lorenzo. Quizás algún libro de aventuras o un perfume adolescente para los asaltos que vendrían el año siguiente, cuando estuviera en séptimo grado. No sé.

Me acuerdo que en las Navidades algunos se emocionaban con los recuerdos y yo quería que toda esa parte terminara rápido. Según estuviera en Bahía o Buenos Aires, esperaba la hora para salir a jugar o tirar petardos, cuando no era socialmente condenable.

Este jueves fue mi primera Nochebuena como padre. La anterior también éramos tres, pero todavía no lo sabíamos. No siempre somos conscientes de los momentos esenciales.

Gregorio recibió ropa y juguetes aunque no prestó mucha atención. Dormía calurosamente en una habitación no muy lejos del arbolito. Acaba de cumplir tres meses.

A la tarde me impactó saber que a la nieta Clara Anahí se la llevaron cuando tenía esa edad. Hoy tiene más o menos la mía. En la previa de Navidad, una supuesta Clara apareció en casa de la abuela Chicha, pero al día siguiente el Banco Nacional de Datos Genéticos confirmó la inexistencia de vínculo familiar, en contradicción con un estudio privado que avalaba la presentación de la nieta 120.

Las discusiones políticas son interminables. Nunca hablé con Chicha, pero supongo que no coincidiríamos en muchas cosas. Hay por lo menos una en la cual, sin dudas, ella tiene razón.