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MISIONERO EN ÁFRICA

"Desde esta situación creo más que nunca en Dios"

19/03/2017 09:00 El sacerdote bahiense Jorge Crisafulli confesó que en el peor escenario de hambre, miseria e injusticia logró la más absoluta plenitud. “El abrazo es sanador”, asegura.

"Desde esta situación creo más que nunca en Dios". La ciudad. La Nueva. Bahía Blanca

Crisafulli realizó misiones en distintos países del continente africano. Actualmente se encuentra en Sierra Leona.

Por Cecilia Corradetti | mcorradetti@lanueva.com

   “Le pido a Dios que nunca me permita acostumbrarme al dolor porque eso significaría ser una persona indiferente. Como sacerdote, mi misión es la misericordia y este camino me hace feliz”.

   Desde muy pequeño, el salesiano bahiense Jorge Crisafulli, director de la obra Don Bosco Fambul en una barriada muy populosa y carenciada situada en las afueras de Freetown (Sierra Leona), sintió una enorme vocación por los desposeídos.

   No por casualidad llegó, hace más de 20 años, a cumplir su sueño en medio de la miseria más extrema, donde el hambre y la injusticia golpean más fuerte.

   Como suele hacer todos los años, volvió a Bahía Blanca para visitar a su familia y difundir su tarea con la ayuda del grupo de amigos de Obras de Don Bosco en Africa, que intenta recaudar fondos para esta misión.

   El objetivo, además, es animar la convocatoria a voluntarios profesionales para colaborar por un año con estos proyectos humanitarios.

--Suena paradójico que el dolor le brinde felicidad.

--Puede ser y quiero seguir sintiéndolo. Soy feliz al abrazar a estos niños y lograr que se sientan amados desde lo más profundo, sin prejuicios ni discriminación. El abrazo es sanador para los chicos huérfanos, enfermos, maltratados, abandonados y abusados.

--¿Se ha preguntado dónde está Dios en ese momento?

--Muchas veces, ante tanta injusticia, me cuestionan cómo puedo seguir creyendo en Dios. Al contrario, desde esta situación creo más que nunca en Dios, porque está aquí, sufriendo en ese niño...

--¿Nunca se sintió abatido?

--Tengo mucha fe en Dios, me siento muy querido por Jesús y sé que soy un instrumento de la misericordia. Soy las manos de Dios cuando camino las calles para buscar chicos en situaciones difíciles.

Enorme organización

--¿Cómo se organiza la actividad?

--A través de varios programas. La obra es muy grande y cuenta con una enorme organización. Tenemos una casa para niños de la calle y un refugio para niñas abusadas emocional o sexualmente. Trabajamos para lograr nuestra tercera casa, porque esta tarea nunca se agota. A la vez estamos creando un programa para detectar niñas que trabajan en la prostitución.

--¿Cómo se detectan los casos?

--Trabajando duro durante las madrugadas y con la ayuda de voluntarios. Tenemos un autobús que nos permite desarrollar otro programa llamado “Don Bosco sobre ruedas”. Hallamos situaciones dramáticas. Podría mencionar miles. Hace poco les expresé a un grupo de niños lo importante que eran y cuánto Dios los amaba. Un chiquito me miraba sorprendido. Nadie le había dicho jamás algo así, me comentó.

Pobreza en nuestro país

--¿Qué piensa de que casi el 33% de los argentinos son pobres?

--Es muy doloroso. Pero se trata de otro tipo de pobreza. Donde yo vivo la situación es dramática porque a la miseria se le suman la violencia, la crueldad, la injusticia...

--¿Cómo transita el dolor?

--Transformándolo en lucha. Hay que trabajar todos juntos, ponerse la camiseta de la solidaridad y patear en equipo. Ese sería el mejor gol. Nada se soluciona dividiendo, hay que caminar de la mano, transformar la realidad y “patear” hacia el mismo lado. La clave para llegar a la felicidad es dejar de pensar en uno y ayudar a otros a ser felices.

Recuerdos

Su madre, el colegio

   Desde hace años el sacerdote bahiense visita la ciudad para pasar unos días con su madre, Gladys Gamberini de Crisafulli, de 84 años, y también para dar conferencias y relatar su obra.

   “Justamente en este viaje, de paseo en Monte Hermoso, mamá me contó que me anotó en dos secundarios y que del Don Bosco me llamaron primero. Rendí un examen, ingresé y allí empezó esta historia”, recordó.

   “Mi mamá es católica, pero jamás imaginó un hijo sacerdote. Lloró mucho y me pidió que le prometiera que no me iría de misión”, recordó.

   Jorge tiene un hermano, Alejandro, ingeniero, casado y con dos hijos. “Siempre fue el más bueno de los dos. Yo me la pasaba de andanzas. Cuando mi madre anunció que su hijo estudiaba para cura, todos apuntaron a él”.

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