Crónicas de la república

CRÓNICAS DE LA REPÚBLICA

Un apurado cambio de estrategia

16/07/2017 | 07:46 |

Por
Eugenio Paillet

Las razones objetivas, y hasta los condimentos del golpe de timón que acaba de pegar la nave gubernamental, están a la vista.

Una campaña sucia y dura, donde si algo predomina en la escena es la chicana o la amenaza de carpetazos de uno y otro lado, y la evidencia cada vez más palpable de que la economía no le dará al macrismo el plus que necesita para convencer a los desencantados y así salir airoso en las contiendas de agosto y octubre.

Para peor todavía, una realidad que le van marcando las encuestas propias y ajenas  que parecieran sepultar definitivamente, muy a su pesar, la visión triunfalista que campeaba hasta no hace más de tres semanas en los despachos donde se maneja la estrategia electoral del oficialismo. Y que acaba de convencer a la mesa chica de la Casa Rosada, un dato que se veía venir, que ahora el enemigo a vencer no es tanto Cristina Fernández sino Sergio Massa.

No se discute en esos campamentos que está bien continuar machacando contra la corrupción de la larga década anterior, porque actúa como el "factor espanto" de quienes aun quejosos o desencantados prefieren no volver a ese pasado. Pero el foco ha cambiado.

Resulta conveniente prestar atención a lo que se dice en esos despachos para entender la voltereta. Que, por lo demás, no sólo tendría su basamento en la idea de una captura de ese caudal expectante de votantes que atesora el hombre de Tigre. Para empezar, es evidente que el Gobierno ahora va viendo sobre la marcha. No todo le sale como quiere, insiste en algunos errores infantiles como nombrar una Directora Nacional de Bicicleta y ahora otra de Vías Peatonales mientras el presidente reconoce al mismo tiempo que los impuestos "están matando a la gente". Y otro capítulo de "prueba y error" que ya no se explican, como el intento de echar a la Procuradora Gils Carbó por decreto. Pataleo de Carrió y marcha atrás, fórmula previsible y cantada. Fin de la historia.

No sería ni de lejos esa práctica lo que más les preocupa a quienes se preguntan en segundas líneas de Cambiemos quién asesora al Gobierno. La preocupación va por otro lado y tiene que ver con aquel golpe de timón.

Ahora mismo algunos análisis que se realizan en la mesa chica de Olivos admiten que en Buenos Aires la elección "está peleada", incluso se barajan algunos números que le dan a Cristina un pelo de ventaja sobre Bullrich. Entonces hay que recalcular.

Y ahí salieron los habituales voceros de Marcos Peña y Rogelio Frigerio, o los comunicadores de Macri a plantar que ahora la estrategia es embestir contra Massa porque puede terminar captando votos que eran de Cambiemos, de la gente descontenta con el Gobierno pero que jamás le daría esos votos a Cristina. ¿Se los daría a Massa?

No son casuales los ataques contra el tigrense que se han registrado en los últimos tiempos desde primeras espadas del gobierno, de Macri hacia abajo, mientras se recuerda que el jefe de Gabinete había apostrofado hace diez días a su tropa: "no debemos perder ni un minuto en pelearnos con Cristina". ¿Justo ahora lo descubrieron? ¿O es el resultado de esa nueva lectura?

El Gobierno va tomando nota de que la elección no sería ni de lejos un paseo como lo planteaban hasta hace diez días. En especial en la provincia de Buenos Aires, donde en los laboratorios se reafirma una línea de análisis: que en las PASO hasta podría darse un triunfo de la expresidenta, que podría "direccionar" el estado de ánimo del votante en los comicios del 22 de octubre.

Aunque no hay dudas de que Cambiemos ganará en octubre a nivel país, la mirada está puesta siempre en el mismo renglón del manual: ganar en la denominada "madre de todas las batallas", ésa es la que importa, y no es un convencimiento exclusivo del Gobierno. Es de todos los grandes competidores que aspiran a salir con vida más allá de las elecciones legislativas.

Dicen confidentes del macrismo que reportan a Peña, antes de reconocer que la necesidad tiene cara de hereje: "de la polarización con Cristina (pasamos) a la polarización con Massa". Y abundan: los dos frentes, Cambiemos y 1País, "vamos a pescar en el mismo río". Se entiende que ninguno le sacará un solo voto al 30 % de promedio muy duro que retiene Cristina.

Un ejercicio de duranbarbismo puro: Macri no logrará escamotearle nada a su principal rival en Buenos Aires, ese nicho es impenetrable. Entonces tendrá que buscar esos votos en la ancha avenida del medio, o lo que quede de ella, que propone Massa y en alguna medida hasta el propio Randazzo, que se diferencia de su exjefa y sataniza a Macri y a su excompañero de gabinete casi por igual. Si se mira, esto lo sostienen en la Casa Rosada pero también en los campamentos de Massa, que -como se vio esta semana- endureció su discurso hacia el Gobierno y hasta hizo política barriobajera con las aglomeraciones en los supermercados de La Plata.

De un escenario no hay dudas: no habrá jolgorio económico y los gremios, grandes y chicos (los "gordos" por instinto de conservación más que por convicción), la izquierda de todo pelaje y la tropa K que manda Cristina se han propuesto hacerle la vida imposible al Gobierno en la calle y en cuanto conflicto aparezca en escena, como PepsiCo.

Conclusión: a Macri no le sobra nada y encima deberá lidiar con la cantinela opositora sobre que sólo gobierna para los ricos. Por eso se entendería que el comando de campaña vaya modificando sobre la marcha los dibujos en la mesa de arena.