Imperceptible, larvada, una disputa de poder político partidario envuelve por estas horas a Daniel Scioli y Alberto
Balestrini. El gobernador y el vice de la provincia de Buenos Aires pugnan por quedarse con el sitial que Néstor
Kirchner tiene reservado al peronismo del primer distrito electoral del país en la futura mesa chica de conducción del
Partido Justicialista.
Operadores políticos del ex presidente han reconocido en diálogos reservados la existencia de esa pulseada entre los
dos máximos referentes del Frente para la Victoria en territorio bonaerense. Aseguran que en su búnker de Puerto
Madero, Kirchner toma nota y le da vueltas al asunto, por ahora sin resolver en ningún sentido.
Los voceros de Scioli y de Balestrini no han soltado prenda, pero tanto en La Plata como en la Casa Rosada es un
secreto a voces que ambos quieren quedarse con la silla que Kirchner entregará al peronismo provincial, esto es una de
las cinco vicepresidencias que lo secundará en el manejo del partido una vez que se complete la normalización, a partir
de mayo próximo.
Pese a esos silencios de los protagonistas y sus colaboradores, en otros bastiones del peronismo y también, como
queda dicho, en las oficinas del ex presidente, se entregan indicios de lo que ocurre y hasta atisbos de un posible
final.
En La Matanza, donde Balestrini es caudillo indiscutido, dicen que el vicegobernador tiene todos los méritos para
quedarse con el cargo por el que puja con Scioli. Recuerdan, además, como para reforzar pergaminos, que a fin de año
asumirá la presidencia del justicialismo de la Provincia, en reemplazo del ex duhaldista y actual kirchnerista José
María Díaz Bancalari, a quien se le vence el mandato. Por las dudas, en el populoso bastión del conurbano siempre
tienen a la mano la cantidad de votos que aportan en cualquier elección en la que compita un candidato peronista, en
especial en las nacionales.
En despachos de la gobernación platense, sostienen por el contrario, que Scioli es quien debe sentarse en esa
vicepresidencia por ser justamente el gobernador y primera figura política del FPV. Esto último es justamente lo que
los seguidores de Balestrini ponen en duda. Y aseguran que ese encumbramiento persé del ex motonauta es un gesto que
suele provocar irritación.
Kirchner tiene poco más de un mes para decidir la conformación definitiva de la futura conducción del PJ. Siempre y
cuando, claro está, que no aparezca alguna lista opositora que quiera competir en una elección interna, un paso que en
Puerto Madero y en la Casa Rosada dan por absolutamente descartado.
En punto a esa cuestión, reconocen que las últimas andanadas de Carlos Kunkel y Dante Dovena a los hermanos
Rodríguez Saá o a Eduardo Duhalde para que presenten una lista y enfrenten a Kirchner en las urnas partidarias, no son
más que chicanas que buscan resguardar futuras denuncias sobre falta de legitimidad del santacruceño para el caso que
llegue al trono del PJ sin haber pasado por el voto de los afiliados.
De vuelta a la puja política que envuelve a Scioli y Balestrini, quienes conocen de estos enjuagues aseguran que
para el ex presidente uno y otro tienen méritos suficientes, cada uno en lo suyo, para aspirar a integrar la mesa
chica, en la que por ahora sólo hoy dos sillas aseguradas: las del camionero Hugo Moyano y el senador José Pampuro.
Un paso de sentido común, conocedores Scioli y Balestrini del poder de Kirchner y de la temeridad de provocarle el
más mínimo incordio, envuelve a ambos contendientes por estas horas: aceptarán sin chistar la decisión que tome el
santacruceño.
Eugenio Paillet/"La Nueva Provincia"