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   Lunes 8 de septiembre de 2008
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EL HOSPITAL "ELINA DE LA SERNA" ASISTE ESTAS PATOLOGIAS EN FORMA GRATUITA
El 20% de los chicos en edad escolar padece trastornos sensoriales

Se originan en una falta de madurez neurológica. Son difíciles de diagnosticar porque muchos padres lo confunden con caprichos y berrinches.

     LA PLATA (De nuestra agencia) -- Lucas fue derivado a un hospital situado en la ciudad capital bonaerense con una triple fractura de codo. Cuando le practicaron las primeras atenciones, los médicos quedaron sorprendidos: con sólo 6 años, el nene no lloraba ni demostraba sentir dolor. Se pensó entonces que provenía de un hogar violento, donde estaba habituado a recibir golpes.
     Pero cuando comenzaron a tratarlo en la sala de Integración Sensorial del centro asistencial poco les llevó a los especialistas encontrar las verdaderas respuestas.
     Lucas no sentía dolor porque su sistema nervioso no registraba el estímulo táctil.
     "Podía tirarse de cabeza al pelotero y no sentía nada" recuerda la licenciada en terapia ocupacional Carolina Bellingi, especialista en Integración Sensorial, un enfoque terapéutico inscripto en el campo de las neurociencias que gana cada vez más espacios a fuerza de resultados concretos. Tras varias sesiones de tratamiento, el nene fue dado de alta y su disfunción corregida.
     El hospital platense "Elina de la Serna", ubicado en la calle 8, número 483, de La Plata, es el único de América Latina que presta este servicio en forma gratuita. En los Estados Unidos, donde más desarrollada esta la técnica, una consulta privada puede costar hasta 250 dólares por sesión.
     Las precisiones fueron aportadas oficialmente por el ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires.
     El método aborda desde una perspectiva integral las alteraciones sensoriales y cognitivas de los niños, originadas en una falta de madurez neurológica para su edad a causa de factores externos.
     Estas alteraciones se pueden gestar antes, durante o después del parto, e interrumpen el proceso de incorporación de sentidos del niño en una etapa crucial: el momento en que estas percepciones se graban en su mente antes de volverse automáticas.
     Entre las disfunciones sobresalen las denominadas dispraxias, que son dificultades en la organización de los pasos para llevar adelante acciones. Estas se evidencian en cuestiones cotidianas: chicos que no pueden atarse los cordones, que no colaboran para vestirse, que lloran sin pausa, se tiran al suelo, o se niegan a bañarse o a recibir un beso.
     El 20 por ciento de los chicos en edad escolar padece algún tipo de dispraxia, precisó Bellingi.
     "Estas alteraciones comienzan a desarrollarse muy temprano y hacen que alguna de las área de respuesta del chico deje de funcionar. Esto se manifestará, por ejemplo, en un trastorno de conducta en la escuela, o de motricidad cuando el nene no pueda patear una pelota", sostuvo la especialista.

Fobias a futuro
     Las que hoy se diagnostican como dispraxias antes se entendían como simples caprichos, sin causa evidente. El avance de la Integración Sensorial demuestra lo contrario: que hay una relación directa y profunda, por ejemplo, entre la negación a bañarse y la conformación neurológica. Si estas deficiencias no se tratan a tiempo el costo emocional o psicológico para el chico puede ser grave.
     "Pueden generarse problemas cognitivos y complicaciones en la relación con los demás. Esto se traduce en una baja autoestima que es totalmente evitable", explicó la especialista.
     Por eso, es ideal que los tratamientos comiencen antes de los siete años, cuando el sistema nervioso del niño no terminó de madurar. En la edad adulta, estas dispraxias no tratadas suelen llegar a evolucionar en forma de fobias.
     La intervención de los terapeutas en Integración Sensorial busca ayudar al chico en ese proceso de organización de acciones. Y lo hace con excelentes resultados: la sala que funciona en el hospital platense comenzó a funcionar en octubre del año pasado y la respuesta desbordó las expectativas.
     Se atiende a unos 70 chicos en turnos individuales de media hora por semana y hay varias decenas en lista de espera. Dependiendo del tipo de déficit, en tres meses hay chicos que son dados de alta. Si se trata de un trastorno generalizado del desarrollo (autismo) la terapia puede llevar hasta un año y medio.
     La sala esta equipada con peloteros, hamacas, y otros objetos de juego diseñados especialmente. Los especialistas someten a los chicos a distintas pruebas para provocar determinadas sensaciones en el sistema nervioso. De ese modo, detectan el área de respuesta alterada para trabajar sobre ella, estimulándola hasta equilibrarla.
     A las sesiones de la sala de Integración Sensorial también concurren docentes de escuelas especiales y comunes, que quieren comprobar in situ cómo se resuelven en pocos meses problemas de conducta y atención con los que han lidiado toda su vida.
     Varios maestros han cursado pedidos formales al hospital situado en inmediaciones de una diagonal de La Plata para que se permita a los especialistas trasladarse a los colegios con el objetivo de brindar reuniones a docentes y padres de alumnos sobre detección de dispraxias y ejercicios para trabajar en casa.
     El trabajo se combina además con psicólogos, odontólogos y fonoaudiólogos. Es que otra dispraxia frecuente son los trastornos del habla, como el mutismo y tartamudeos: el 80 por ciento de los chicos con problemas de Integración Sensorial los padece.
     "Pese a que los dispráxicos a veces parecen torpes o tontos, porque no controlan sus movimientos o no pueden hablar bien, son chicos tan o más inteligentes que cualquier otro. Las dispraxias afectan a chicos que vienen tanto de familias humildes como con alto poder adquisitivo", agregó la directora adjunta del hospital, Elisa Aguerre.

Desde la escuela
     Las disfunciones más comunes son los problemas de conducta, déficits de atención, hiperactividad y problemas en el habla que desembocan generalmente en problemas de conducta o bajos rendimiento escolares. Por eso, es en la escuela y en los hogares donde estos trastornos se detectan con mayor facilidad.

La tarea de los padres
     Los padres, como observadores, participan de la terapia junto a sus hijos.
     "Les damos actividades sencillas para que continúen en sus casas según el perfil del chico. Es una 'dieta sensorial': si el nene es hiposensible, es decir, tiene baja la percepción táctil, lo que hacemos es buscarle ejercicios para intensificar el ingreso de sensaciones, como cambiar el cepillo de dientes común por uno eléctrico, incorporar al desayuno alimentos crocantes como cereales", comentó la especialista Carolina Bellingi.

Ricardo Salas/"La Nueva Provincia"

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