Es repetida la escena protagonizada por los consejeros liguistas utilizando gran parte de sus sesiones semanales
para hacer catarsis por las penurias que les provoca el remanido tema de los servicios de seguridad.
Generalmente todo muere allí, salvo amagos de tomar grandes decisiones que después, por diversos motivos, no
resultan ni factibles ni saludables.
Pero, el pasado miércoles algunos de ellos se despacharon con reacciones verbales, al menos poco inteligentes,
frente a la resultante de una reunión realizada con intervención de funcionarios municipales y policiales, como manera
de exhibir una profunda insatisfacción por la falta de soluciones tan largamente reclamadas.
Pero lo que no deja de sorprender es que apenas 24 horas después, la diligencia haya emitido un comunicado de
agradecimiento a las partes intervinientes por las respuestas recibidas.
Todo un "mea culpa" de lo sucedido, incluido el ridículo argumento de que determinados excesos producidos son
responsabilidad de quienes los emitieron, "pero de modo alguno reflejan la posición de la Liga del Sur".
Si uno o varios consejeros expresan posturas desde sus bancas, en sesiones oficiales del cuerpo y el resto otorga
con su silencio, ¿de quién es, en definitiva, la posición?.
Y, como si fuera poco, aparece la velada insinuación de que desde nuestro deber de informar no hicimos una
interpretación en correspondencia con lo que expresa el ensayado descargo.
Si la Liga del Sur entiende necesario realizar su gestión sin la presencia de testigos incómodos, puede apelar al
recurso reglamentario de manejarse en sesiones secretas.
Pero, como lo ya visto y oído, visto y oído está, debe decirse que suena a sugestiva la necesidad de recurrir a tan
rápida como incoherente muestra de arrepentimiento.
Osvaldo De Rosa/"La Nueva Provincia"