Los organismos financieros --FMI, Banco Mundial-- prestan a los bancos centrales, pero los créditos al informal club
de París se pidieron para promover exportaciones, algunos negociados bilateralmente.
En estas últimas condiciones, los compromisos incluyen la posibilidad de negociar quitas, algo a lo que no quiso
echar mano la administración "K" porque debía aceptar que el FMI, como auditor de ese nucleamiento de potencias
occidentales, bucee en los números fiscales, los subsidios, la inflación y la pobreza.
De haber convalidado esa situación, se habría terminado por destapar la olla de la mentira estadística: el pecado
original que derrumbó la credibilidad en el gobierno.
Sobre la puesta en escena, la sorpresa apenas se mantuvo hasta el impactante aplauso en el salón Blanco, una ovación
que generó vergüenza ajena, sobre todo al ver de pie y palmas en ristre a muchos de quienes ya habían aplaudido el no
pagar del fugaz presidente Adolfo Rodríguez Saá, a fines de 2001.
Al rato nomás, los mercados financieros ya expresaban con sus precios que el anuncio no los había enamorado y que lo
consideraban un espasmo, que parecía un pago demasiado caro sólo para mantener lejos al Fondo, que no se había tomado
en cuenta que el sacrificio de reservas inmolaba a un solo soldado en una guerra --como es la de torcer expectativas--
donde debe luchar todo un batallón y que, paralelamente, crecía la vulnerabilidad externa. Ese mismo día subió el
riesgo-país, castigo que se repitió durante toda la semana.
Si un desembolso de U$S 6.706 millones se decidió de manera tan amateur, según se interrogan los hombres de
negocios, ¿quién estará en condiciones de armar un programa antiinflacionario coherente? ¿Quiénes decidirán cómo
abordar un escenario más complejo, de un mayor deterioro fiscal derivado de una caída importante del precio de los
commodities? Tras las previsiones inflacionarias europeas y sus decisiones sobre tasas y el progresivo retorno de los
inversores al dólar, se desarman las coberturas que dieron origen a las subas del petróleo, del oro, de los granos y de
las oleaginosas.
Los mercados reaccionaron mal porque no les ven uñas de guitarrero a los Kirchner, sobre todo por su obcecación en
mantener a rajatabla un esquema económico obsoleto. La pata del dólar competitivo se deterioró al extremo de que muchos
ya hablan de una virtual nueva convertibilidad, mientras sus pilares de superávits fiscal y comercial exhiben
dificultades evidentes.
Inflación de por medio, tampoco parece funcionar adecuadamente el corazón social del esquema (mejor distribución del
ingreso e inclusión social).
En materia de reposicionamiento, ¿hacia dónde mirará ahora Cristina y, por ende, Néstor?
Hugo Grimaldi/DyN