El inocente envuelto en situaciones límite, que lo convierten en blanco de persecuciones y, finalmente, en héroe,
fue un tema recurrente en el cine de Hitchcock. En Control total
también se plantea la cuestión, pero con la mira puesta sobre la manipulación mediante tecnologías cada vez más
sofisticadas.
También trata sobre algunas derivaciones de esa manipulación: el totalitarismo y ciertas contradicciones entre
distintos segmentos de los servicios de inteligencia.
En otros términos, la fantasía orwellana del Gran Hermano llevada hasta extremos de paranoia. En esta historia, el
avasallante centro de información se denomina "Ojo de águila", que se menciona en el título original.
Hay dos personajes que la evolución de los acontecimientos convierten en involuntarios protagonistas. Uno es Jerry
Shaw, empleado en un centro de copiado. Apenas iniciado el relato, es convocado por su padre para asistir al velatorio
de su hermano gemelo Ethan, un militar de trayectoria brillante que, según la versión oficial, murió en un accidente
callejero.
Luego, cuando Jerry concurre a un cajero, verifica un insólito saldo de 750 mil dólares y al regresar a su pensión,
la encuentra abarrotada de armas y explosivos, mientras por su celular, una voz de mujer le dice que abandone el lugar
porque en menos de un minuto llegarán agentes del FBI para detenerlo por terrorista. Jerry duda y ocurre lo anunciado
por la voz.
El otro personaje es Rachel Holloman o Crawley. Está separada y su hijo Sam, de nueve años, es trompetista e integra
una banda que emprende viaje a Washington para tocar durante un acto al que asistirá el presidente de la Nación. Cuando
Rachel sale con amigas a tomar algo en un bar, suena su celular y una voz, también de mujer, le advierte que debe
obedecer cada una de sus indicaciones, porque en caso contrario el tren en el que viaja Sam descarrilará.
Con una inesperada ayuda externa, Jerry logra escapar del centro de detención del FBI y la misma voz lo dirigirá
hasta encontrarse con Rachel. A partir de ese momento, ambos quedan a merced de esa "mujer virtual", que los amenaza a
ejecutar pasos sucesivos, a cual más peligroso, que forman parte de un plan que recién comienzan a entender --y el
espectador con ellos-- hacia el final del filme.
Hasta ese final, la "mujer virtual" los guía de manera coercitiva, demostrando tener el "control total" sobre los
medios de comunicación: celulares, teléfonos públicos, carteles publicitarios, semáforos y televisores ubicados en las
vidrieras de los negocios. Detrás de ellos se lanzan los sabuesos del FBI.
Y así, lo que comenzó como un thriller político sobre la lucha contra el terrorismo, se convierte en un delirante
frenesí persecutorio, a través de muy distintos escenarios. Por caso un puerto, donde son movilizados por enormes
grúas, o dentro de un túnel, donde algunos automóviles son atacados por un pequeño avión manejado por control remoto.
Las distintas subtramas se desarrollan en forma paralela y en ese itinerario se menciona una "Operación Guillotina",
que tiene destinatarios concretos y por razones también concretas, que se van enunciando de forma igualmente
misteriosa. Y en ese entramado argumental, se cuela un tiro por elevación a la gestión del actual presidente
norteamericano que, en el marco de la crisis financiera, adquiere características de sarcasmo.
El error de D.J. Caruso es su pretensión de abarcar demasiadas cuestiones al mismo tiempo. Además, después de tanto
trajín, delirio material y virtual, la historia concluye con un primer final que se asemeja a una burbuja que explota
sin pena ni gloria, y una segunda resolución convencional, que desmerece los enormes recursos organizados por Spielberg
en su condición de productor.
Hasta esa instancia y a pesar de su estructura compleja, la película entretiene por sus variantes argumentales, un
ritmo trepidante y cuatro actuaciones destacables: la del siempre eficaz Billy Bob Thorton, de la negra Rosario Dawson
y de los ascendentes Shia LaBeouf y Michelle Monaghan.
Calificación: 6
Agustín Neifert/Especial para "La Nueva Provincia"