La idea original fue de Philon, un ingeniero griego de Bizancio, que hacia el 220 AC bautizó como "Maravillas del
Mundo" a los siete lugares más notables de la creación humana, de acuerdo con los relatos y las leyendas traídas desde
pueblos remotos.
Fue entonces cuando sus relatos posibilitaron el ingreso a la posteridad de los Jardines Colgantes de Babilonia, el
Coloso de Rodas, el Faro de Alejandría, la Estatua de Zeus en Olimpia, el Templo de Artemisa, las Pirámides de Giza y
el Mausoleo de Halicarnaso.
Sin embargo, a comienzos del siglo XXI, de aquella selección original sólo quedaban en pie las Pirámides. Y la
llegada del milenio era la oportunidad que estaba esperando Bernard Weber --un suizo de 47 años conocido por sus
excentricidades como cineasta, museólogo y aviador-- para concretar su viejo anhelo de armar un nuevo listado de
Maravillas.
A lo largo de ocho años su fundación New 7 Wonders
impulsó una campaña internacional masiva, logrando la adhesión de más de cien millones de personas interesadas en la
propuesta.
Luego de acordarse las reglas de la competencia, el sistema de votación y el listado definitivo de lugares elegidos
como candidatos, la gente hizo su elección por Internet y telefonía celular. Y así fue como el 7 de julio de 2007 se
anunciaron los resultados del escrutinio, determinando cuáles eran las Nuevas Siete Maravillas.
El renovado galardón quedó en manos del anfiteatro del Coliseo romano, la mezquita india del Taj Mahal, el Cristo
Redentor de Río de Janeiro, la Gran Muralla china, el templo maya de Chichen-Itzá, las ruinas incaicas de Machu Picchu
y el Palacio de Petra, en Jordania.
Un resultado discutible para algunos, pero finalmente aceptado por todos los votantes.
Pese a que el Fondo de las Naciones Unidas para la Cultura decidió excluirse del proyecto, el éxito de la compulsa
fue tan grande que Weber decidió redoblar la apuesta, proponiendo la elección de las "Siete Maravillas Naturales del
Mundo", aquellas creadas por la naturaleza, sin la menor intervención humana. (Ver aparte).
Por estos días, mientras la nueva selección enciende los motores de viejos orgullos nacionales y regionales --a
veces rozando el chauvinismo--, cabe preguntarse si esta clase de propuestas puede trasladarse a otro ámbito. Una
ciudad argentina, por ejemplo.
De ser así, ¿podría armarse una votación centrada únicamente en Bahía? Y si la respuesta fuera afirmativa, ¿cuáles
serían las siete maravillas del mundo bahiense?
Para saberlo, "La Nueva Provincia"
decidió consultar a siete referentes de la ciudad, en una búsqueda colectiva para definir cuáles son los lugares más
valorados por los vecinos.
* Boca de urna.
El periodista y conductor radial Ricardo Margo considera que una elección de las maravillas locales implica,
necesariamente, que los lugares reúnan ciertas particularidades únicas.
"Para considerar algo como una maravilla tiene que marcar un parámetro. ¿Por qué es una maravilla? Porque no tiene
comparación. Tiene que tratarse de casos únicos, que incluso generen que otros vengan a verlos desde otros lugares",
puntualiza.
A su criterio, el listado debería incluir el Teatro Municipal, la fuente de Lola Mora, en la entrada de la
Universidad Nacional del Sur, la Casa Pillado, situada en Alem y 19 de Mayo ("inspirada en un diseño de Le Corbusier"),
la sede del Club Argentino, el Paseo de las Esculturas, la ex usina eléctrica de Ingeniero White y los viejos
elevadores de carga del puerto, ya demolidos.
"Me quedan afuera lugares como la Casa-Museo del Viejo Polo, en Villa Rosas. Pero creo que es una lista que puedo
suscribir sin cargo de conciencia", señala.
La escultora Paula Di Canto también cree que la ciudad reúne las condiciones necesarias como para enumerar sus
propias maravillas. "Sobre todo a nivel arquitectónico y artístico", considera.
Su selección coincide con Margo, respecto de la usina de White, el Paseo de las Esculturas y la fuente de Lola Mora.
Pero de inmediato abre su propio juego, al agregar a la Ecoplanta de General Cerri ("una verdadera maravilla"), la Isla
del Parque de Mayo y el Café Museo Histórico (Colón e Italia).
El maltratado balneario Maldonado cierra la nómina de sus siete preferencias. "Sólo por ser la única salida al mar
que tenemos, merece estar en el listado", remarca.
La revalorización de los espacios al aire libre también es un factor importante dentro de los elegidos por Federico
Weyland, el director del Instituto Cultural.
"Cierta vez una profesora alemana nos retó en clase por la mirada pesimista que teníamos de la ciudad y nos explicó
que hay que ejercitar la vista para descubrir detalles nuevos, aun dentro de lo conocido", revela.
Siguiendo aquella lección de la adolescencia, Weyland confecciona su inventario de maravillas. Por eso, sus dos
primeras menciones pertenecen al universo menos conocido de la ciudad: la vista que ofrece el muelle de Cerri ("desde
allá se ve toda la costa de la ciudad y el puerto") y el pinar ubicado detrás del Parque Independencia.
El edificio del Banco Hipotecario, el espacio del ex Mercado Victoria y el museo FerroWhite marcan un listado que se
completa con dos infaltables: el Teatro Municipal y la ex usina whitense, a la que reconoce como un notable aporte de
"sentido estético al servicio de la funcionalidad".
* Agregar a Favoritos.
La directoria del Museo de Arte Contemporáneo, Cecilia Miconi, cree que la ciudad puede tener mucho más de siete
maravillas. "En cada casa, la gente puede armar perfectamente miles de listados diferentes, de acuerdo con los gustos y
vivencias personales", sugiere.
Miconi asegura que su primer voto está reservado para el salar que se encuentra más allá del puerto, donde empieza
--justamente-- el barrio Saladero. Y sonríe al pensar que puede tratarse de una parte de la Vadia Blanca
que describían los cartógrafos del siglo XVIII. "Es un lugar increíble", subraya.
Para los otros seis puestos, decide escaparse lo más posible de la zona céntrica. Y completa su listado con los
chalets de Villa Harding Green, la ría ("pese a la contaminación"), el pinar, la Ecoplanta, el Club Argentino y los
chalets del barrio Inglés.
"Estoy conforme con mi elección, pero lamento que me esté quedando afuera el básquet, que es parte de la identidad
bahiense", admite.
Claro que esto puede resolverlo otro de los consultados: Juan Ignacio "Pepe" Sánchez, flamante base de Obras
Sanitarias y figura de la selección nacional que ganó la medalla de oro en los Juegos de Grecia. "Bahía es una ciudad
ideal para vivir, aunque le faltan espacios verdes y lugares para hacer actividades acuáticas", remarca.
No obstante, "Pepe" puede armar su lista de siete maravillas bahienses sin demasiados rodeos, enumerando los lugares
casi de memoria: el estadio Osvaldo Casanova ("ese techo es una obra maestra"), el Palacio Municipal, el café
Museo-Histórico, el Teatro Municipal, el Castillo de White (la ex usina), la Universidad y el museo FerroWhite.
Pero hace un pedido extra: "No quiero olvidarme del Museo del Puerto. Agregalo como si fuera uno solo con el
FerroWhite".
Justamente el fundador de ambas salas, Reynaldo Merlino, propone un enfoque más analítico antes de emitir su voto.
"Cada lugar tiene una serie de lugares que le resultan importantes a nivel testimonial. Y dentro de Bahía, aunque la
mirada está detenida en el tiempo, hay una serie de sitios valiosos, que merecen ser preservados".
Su corpus
de Maravillas locales está integrado por la ría ("una característica geográfica que es emblema de la ciudad"), la usina
del Ferrocarril Sud, la Casa Pillado, los chalets ingleses de la calle Brickman, la ex usina de White, el camino
empedrado de la avenida Arias ("un sitio irremplazable, lleno de eucaliptus") y los elevadores de hierro que
caracterizaron al puerto durante 70 años.
Andrea Romero, periodista de Canal 9, cree que la elección está marcada por el afecto. "Más allá de cualquier
estudio científico, hay un lazo afectivo innegable con la ciudad, y eso hace posible que uno crea posible que la ciudad
tenga sus siete maravillas".
Comienza con la combinación que hacen el edificio de la UNS y la fuente de Lola Mora ("es una síntesis de Bahía
Blanca como ciudad educativa y cultural"), el campo de golf de Palihue, el puerto en su conjunto, el Teatro Municipal y
el Paseo de las Esculturas.
Hacia el final de su recuento, sorprende con las dos elecciones finales: los talentos del violinista Xavier
Inchausti y de la Orquesta Sinfónica, hoy a cargo de José Antonio Cerón Ortega. "Son dos maravillas, con talento y
mucho para dar", afirma.
* Epílogo.
Como en todo muestreo, la selección de los siete consultados funciona como una suave pendiente, hacia donde fluyen
las preferencias generales. No son casuales las reiteraciones de ciertos lugares. Son los verdaderos íconos bahienses,
portados como medallas invisibles en el pecho de cada vecino.
Habrá, claro, disidencias.
Algunos lectores dirán que no se nombraron la Casa Coleman, las casonas de la avenida Alem, el portal del Parque de
Mayo, la Sociedad Sportiva, el barrio Palihue, el antiguo edificio de "La Nueva Provincia"
, la Biblioteca Rivadavia, el cine-teatro Rossini, el Gambrinus, el Museo de Arte Contemporáneo o la Catedral.
Otros dirán que se omitieron a César Milstein, Eduardo Mallea, Roberto Payró, "Manu" Ginóbili, e incluso a la Mujer
Maravilla que recorre diariamente la ciudad bajo tantas identidades secretas.
Si a los resultados obtenidos se le suma esta rápida enumeración de extras, es evidente que Bahía Blanca cuenta con
maravillas en todas partes.
Y de no ser así, entonces habrá una única maravilla, indiscutible e indestructible. El afecto de la gente por sus
calles, plazas, monumentos y barrios. Tan grande que es capaz de ver la belleza eterna a la vuelta de la esquina.
Una cosa maravillosa
La fundación de Bernard Weber anunció cuáles son los 28 lugares finalistas, de entre los que saldrán elegidos los
siete más votados por la gente.
Tras dos rondas preliminares de eliminación, los organizadores publicaron en la Web (www.new7wonders.com/n7w) el
último listado antes del anuncio de ganadores, que se conocerá el año próximo.
Los finalistas son la Selva del Amazonas (Brasil), el Salto del Angel (Venezuela), la Bahía Fundy (Canadá), la Selva
Negra (Alemania), la Isla Bu Tinah (Emiratos Arabes) y los Acantilados de Moher (Irlanda).
También figuran el Mar Muerto (Israel-Jordania), el Bosque El Yunque (Puerto Rico), las Islas Galápagos (Ecuador),
el Gran Cañón (Estados Unidos), la Gran Barrera de Coral (Australia-Papúa), las Cuevas de Jeita (Líbano) y la Bahía Ha
Long (Vietnam).
Además, están la Isla Jeju (Corea del Sur), el Monte Kilimanjaro (Tanzania), el Parque de Komodo (Indonesia), las
Islas Maldivas (Maldivas), el Monte Cervino (Italia-Suiza), el Fiordo de Milford (Nueva Zelanda) y los Lagos Masurianos
(Polonia).
La lista se completa con los Volcanes de Lodo (Azerbaiján), el Río Puerto Princesa (Filipinas), el Delta Sundarbans
(India-Bangladesh), la Montaña Table (Sudáfrica), la Roca de Uluru (Australia), el Monte Vesuvio (Italia), el Parque
Yushan (China) y las Cataratas del Iguazú (Argentina-Brasil).
¿Hace falta decir por cuál simpatizamos?
Entre todos.
Los lectores interesados en participar, armando su propia lista de siete maravillas bahienses, pueden hacerlo a través
del mail: laciudad@lanueva.com.ar. Los resultados de la consulta se publicarán en una futura edición del diario.
Mariano Buren/"La Nueva Provincia"