Mañana Emilio Pérez Campanelli estará en Copenhague. Será uno de los que opinen qué hacer con el planeta para que no
se caliente más.
Cómo hizo este chico que nació hace 20 años en Mayor Buratovich para llegar a una conferencia que tiene como
objetivo que los países se comprometan a disminuir la emisión de dióxido de carbono.
"Hace 10 años estaba paseando por el pueblo y descubrí el Eco Club que estaba en la sede del Fútbol y Tenis Club (en
calle Julio Cousté). Ahí se tomaba conciencia sobre el medio ambiente con el tema del papel reciclado, el cuidado del
arbolado urbano, no tirar papeles al piso...".
Emilio pertenece a las primeras generaciones a las que eso del medioambiente se les metió bien adentro.
Estos chicos fueron por más. Son los mismos que llevan adelante el proyecto Un vagón hermoso.
Según se puede leer en unvagonhermoso.blogspot.com todo nació como un proyecto social y cultural para recuperar dos
vagones abandonados en un pueblo al sur de la provincia de Buenos Aires.
¿Y qué se hace con los vagones? Se utilizan como espacio de trabajo con talleres, muestras... "y todas las cosas que
valoren lo público por sobre lo privado; lo colectivo por sobre lo individual.
"Es un proyecto abierto que trata de instalar una discusión acerca de los procesos históricos, políticos y sociales,
rescatando bienes que pertenecen a una comunidad".
O como dice Emilio: "el desarrollo de la localidad".
* * *
¿Cuántas veces se escucha "no le puedo pedir nada a otro. Hay que empezar por uno"?
Emilio también lo dice... y lo hace. Se involucra. Por eso mañana estará en Dinamarca invitado por la organización
350.
--¿Qué es ese número?
--Se llama así porque pretende llevar el nivel de emisión mundial de gases de carbono a 350 partes por millón. Hoy
estamos en 380. De 1900 a 2000 el mundo subió un grado su temperatura. Y se estima que, si se sigue produciendo como
hasta ahora, en 2030 se puede sumar un nuevo grado térmico, lo que afectaría directamente a los países insulares ya que
provoca un mayor aumento del nivel del mar.
--Ok. Supongamos que después de Copenhague los países cambian ¿estamos a tiempo?
--Hay que hacer un cambio de conciencia. Estamos a tiempo, pero tenemos que apurarnos.
--¿Y qué hacemos?
--Respetar al otro. Ser críticos como sociedad y mirar qué hacemos mal. No hay que pedirle todo al Estado.
--¿Con eso alcanza?
--A ver... Hay que vivir en entendimiento con la naturaleza. De eso se trata. Hay que entender que somos parte de la
naturaleza.
--¿Incide por igual un ciudadano común que una empresa en el calentamiento del planeta?
--El ciudadano común no es el mayor responsable. Pero es todo el sistema el que colabora: el político, el
empresario, el educativo y también el ciudadano común.
--¿Tenemos que aprender a vivir de manera más austera?
--Sí. Y educando a los chicos, escuchando a los adultos mayores... Es un proceso a largo plazo.
--¿Y qué esperás de esta reunión?
--Lo importante para nosotros es mostrarle al mundo que los jóvenes estamos muy preocupados por este tema.
Relacionarnos para estar en permanente contacto y estar atentos a las resoluciones y al cumplimiento de lo que se
decida. En Copenhague no está el cambio, no es el objetivo final. El objetivo final estará cuando cada uno de nosotros
se vuelva con los conocimientos para construir en su lugar.
MAXIMILIANO PALOU
¿Qué pasará en Dinamarca?
El responsable del cambio climático de la ONU, Yvo de Boer, explica que el cambio de las Naciones Unidas sobre el
clima en la conferencia de Copenhague (COP 15) será un punto de inflexión en la lucha para prevenir el desastre
climático.
"La ciencia lo exige, la economía lo apoya y las generaciones futuras lo requieren. Los negociadores, los ministros
y los dirigentes mundiales se reunirán para dar a la gente de todas las naciones una firme respuesta a esta amenaza
común del cambio climático.
"Los gobiernos deben llegar a un acuerdo global sobre todos los elementos esenciales sobre el cambio climático, que
garantice compromisos a largo plazo y ponga en marcha una acción inmediata. Tenemos la oportunidad ahora para dar forma
a nuestro futuro común".
Tras un acuerdo decisivo
La hora de tomar decisiones y de comprometerse con objetivos cifrados ha llegado para los 192 países que se reunirán
a partir de mañana en Copenhague con el propósito de lograr un acuerdo que permita frenar el calentamiento climático y
adaptarse a sus inevitables consecuencias.
El objetivo de limitar a 2 grados centígrados el aumento de la temperatura promedio en la superficie de la Tierra
--lo que requiere una reducción drástica de las emisiones de gases de efecto de invernadero-- es ampliamente compartido.
Sin embargo la repartición de los esfuerzos necesarios para conseguirlo dista mucho de generar unanimidad.
Como un hecho sin precedentes desde la conferencia fundadora de Río de Janeiro (1992), se espera la presencia de un
centenar de jefes de Estado en la cita danesa: a partir del miércoles el presidente estadounidense Barack Obama, de
camino para recibir su Premio Nobel de la Paz en Oslo, y el 17 y 18 los demás.
El objetivo de esta 15ª Conferencia, bajo los auspicios de la ONU, es dar una continuación al protocolo de Kioto,
primer tratado vinculante sobre el clima, cuyos compromisos expiran a fines de 2012.
Para esperar permanecer bajo la barra de los dos grados, los científicos recuerdan incansablemente que se debe
reducir a la mitad, de aquí a 2050, las emisiones mundiales de gases de efecto de invernadero, provocadas esencialmente
por la combustión del carbón, el petróleo y el gas.
Sin embargo, por el momento, las cuentas no se ajustan a los objetivos.
"Hay una incoherencia entre el objetivo a largo plazo que se ha fijado y las cifras a corto plazo que estamos
inscribiendo en un acuerdo internacional", dijo Emmanuel Guerin, del Instituto de Desarrollo Sostenible y de Relaciones
Internacionales (IDDRI) con sede en París.
Los compromisos anunciados hasta ahora por los países industrializados, con la perspectiva a medio plazo del año
2020, representan una disminución de 12% a 16% de sus emisiones con respecto a 1990, lejos de la franja de 25% a 40%
establecida por los científicos para ponerse en el buen camino.
Las últimas semanas han aportado algunas señales alentadoras, con los primeros compromisos cuantificados de Estados
Unidos --país que vuelve al combate climático tras ocho años de inacción bajo la administración Bush-- y de China, los
dos principales países contaminantes del planeta, y el jueves de India.
Pero en un momento en que las emisiones de gases de efecto de invernadero jamás han sido tan elevadas (nuevo récord
en 2008) la negociación sigue siendo tensa, áspera. Los grandes países emergentes --con China, India y Brasil a la
cabeza-- expresan su frustración, recalcando "la responsabilidad histórica" de los países industrializados en el
calentamiento.
Más allá de esta aritmética climática, lo que se buscará es favorecer, gracias a transferencias de fondos y de
tecnología, la emergencia para los países del Sur de un nuevo modelo de desarrollo, menos ávido de combustibles fósiles
de lo que fue el de los países del Norte durante décadas.
Un desafío que equivale a "desatar el nudo gordiano clima-desarrollo", según los términos de Jean-Charles Hourcade,
del Centro International sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CIRED).
Por falta de tiempo no podrá pactarse un acuerdo en Copenhague, pero los negociadores aspiran, desde ya, a un
conjunto de decisiones políticas, algunas de ellas con aplicación inmediata, lo que daría lugar a un tratado en 2010, a
más tardar durante la conferencia de México a fines de ese año.
Más allá de los muros del Bella Center de Copenhague, donde se reunirán diariamente miles de negociadores,
observadores y periodistas, la capital danesa será también el escenario de numerosas manifestaciones, que irán desde
las veladas con cirios hasta los llamamientos "a la desobediencia civil".
La policía danesa, que calcula que habrá 30.000 visitantes durante la cumbre del clima, se encuentra ya "en pie de
guerra".