Comentando el fracaso de la sesión en Diputados, a la que invitaron los opositores para discutir el problema del
campo (y que el oficialismo por tercera vez mandó a fracasar), el jefe de Gabinete arguyó que el Congreso nada tiene
que decir sobre las "retenciones", pues no son un impuesto sino "un instrumento de política".
Qué caradura. Alberto Fernández, que dice ser o haber sido profesor de Derecho Constitucional, respondía al
cronista, pero por elevación le salía al cruce a Eugenio Zaffaroni, el juez de la Suprema Corte, quien había opinado
que, tarde o temprano, el supremo tribunal tendrá que evaluar la constitucionalidad de las "retenciones".
Fernández se obstina en el artículo 4º, tanto de la Constitución alberdiana como de la actual, donde dice que "el
gobierno federal provee a los gastos de la Nación con los fondos del Tesoro Nacional formado del producto de derechos
de importación y exportación".
Es cierto que el Ejecutivo así "provee a sus gastos", pero "le corresponde al Congreso establecer los derechos de
importación" e "igualmente los derechos de exportación" (Art. 67 de la Constitución alberdiana, y 75 de la vigente),
sin que aparezcan sacralizados en ninguna parte los instrumentos de política del oficialismo de turno.
No puede existir impuesto alguno sin consenso, ni en esta ni en ninguna otra Constitución del mundo, y todo el
estribo del "kirchnerismo" para aumentar retenciones es la famosa ley de Emergencia Económica que le otorgaba
facultades extraordinarias al señor Fernández, emergencia que ya no existe, pero la mayoría oficialista repone
anualmente.
En suma, el kirchnerismo cree que por haber ganado una elección, puede mandar como un rey absoluto y, entre otras
arbitrariedades, abolir la Constitución y en especial el artículo 17, que dice: "La propiedad privada es inviolable..."
y que "la expropiación por causa de utilidad pública debe ser calificada por ley..." remachando el párrafo con una
frase inapelable: "Sólo el Congreso impone las contribuciones que se expresan en el artículo 4", o sea, el mismo dónde
se guarece el señor Fernández para fundamentar sus exacciones.