Estoy preocupado por la situación que nos toca vivir a todos o, por lo menos, me está pasando a mí.
Como productor de trigo del sudoeste bonaerense, estoy en la gran disyuntiva de seguir lo que mis abuelos primero y
mis padres después desarrollaron, que es la producción agropecuaria.
Hace cuatro años, empezó una de las situaciones más incomprensible y difíciles de ubicar en la razón, que es no
poder vender fluidamente el producto de la cosecha. Comenzó tibiamente con cierres de exportaciones, que después se
intensificaron. Más tarde, para completarla, vino lo que es peor: todas las resoluciones de la Oncca, de lo que no
quiero hablar, porque es lo que menos una persona racional puede comprender y aplicar.
Al principio, todo era escondido atrás de la puerta; por ejemplo, en plena discusión de la tristemente famosa
resolución 125, y cuando todos estaban enfrascados en eso, sacaron los no menos famosos ROE verdes. Pero, con el
transcurrir del tiempo, empezaron a mostrar lo que ahora se dice abiertamente, que es el "modelo". Por el momento lo
llaman así, porque creo que les da vergüenza decir que es la expropiación de la libertad.
Esto lo digo porque no puedo ver adelante ninguna luz que me indique en concreto adónde tengo que ir. Lo único que
logro ver, después de semejante remolino de resoluciones, elecciones, candidatos y testimoniales, es que no es el país
que soñó ningún habitante de ninguna clase social que nació o emigró a esta tierra. Y no hay testimonio más válido
sobre lo que digo que la Constitución Nacional.
Alguien la escribió. No quisiera pensar que fue un dictador o un paracaidista que andaba por casualidad y la dejó
arriba de la mesa por descuido. Por lo menos, yo pienso igual que ella y supongo que otros muchos también. Entonces, no
entiendo cómo puede ser que después de tres generaciones de agricultores, piense seriamente que después de las últimas
elecciones, si el "modelo" se consolida, yo tenga que pensar que estoy viviendo en el país equivocado.
Juro que no lo puedo entender y que tengo un nudo en mi interior que me produce un dolor espiritual indescriptible.
Sumado a esto, y por la manera de pensar que tiene toda mi familia y que es parte de mi herencia, siento una carga
enorme por todas las personas que dependen en forma directa de esta noble producción, quienes se encuentran en riesgo
tanto o más grande que el mío, a causa de semejante incertidumbre.
Me gustaría que alguien me diera una esperanza y me mostrara una luz en este camino oscuro que no entiendo por qué
los argentinos tomamos.
Guillermo Ramón Irastorza
Bahía Blanca
Una vaca no vale nada
Soy un productor ganadero de la zona de Juan A. Pradere. Arriendo desde hace años un campo de 270 hectáreas, en las
que tengo cerca de 200 animales vacunos (110 madres, medianos y terneros).
Estoy resistiendo gracias a unas pocas hectáreas de riego que tiene este campo.
Tengo en mis manos la liquidación y el cheque que me mandó una empresa consignataria de Buenos Aires.
Con otros dos vecinos, se nos ocurrió formar una jaula y enviarla al Mercado de Liniers. Eran animales gastados, no
tanto por viejos, sino porque en los cuatro o cinco años de sequía que soportamos, se les gastaron los dientes muy
pronto por comer pastos resecos y monte.
En la preocupación por sacarlos del campo cuanto antes, no tuvimos muy en cuenta los gastos, principalmente el
flete: para llevar 35 animales nos descontaron 3.600 pesos. O sea, más de 100 pesos por vaca.
Con las vacas, me quedan menos de 90 pesos por cada una.
Dos vacas no alcanzan para comprar un rollo o un par de zapatillas. Sé que muchos argentinos no se dan cuenta de lo
que está pasando, principalmente quienes viven en el Gran Buenos Aires.
Por eso, agradezco a los medios que tratan de informar sobre estos graves problemas, que serán más graves si no
cambian las políticas agropecuarias y si continúa esta sequía.
En honor a la verdad, el gobierno me dio el año pasado un subsidio de 4.300 pesos por unos terneros que malvendí.
Este año me dieron 5.000 kilos de maíz, de los cuales por ahora pude retirar la mitad. En estos días tengo que ir a
Stroeder a buscar otro poco.
Les estoy agradecido, pero si un día les doy 3 kilos a cada vaca, con lo que retiré me alcanza para 4 o 5 días.
Dios ilumine a nuestros gobernantes y proteja a la gente de campo y a todos los argentinos.
Juan Alberto Cardona
Pedro Luro