En 1922, la Alianza Cooperativa Internacional instituyó el Día Cooperativo Internacional, ahora denominado "Día
Internacional de las Cooperativas", y que desde 1923 se celebra el primer sábado de julio.
El cooperativismo apareció en Europa a mediados del siglo XIX. Después de 1840 crecieron las cooperativas de consumo
en Inglaterra, de trabajo en Francia, de crédito en Alemania, de agricultura en Dinamarca y Alemania y a fines del
siglo las de servicios en toda Europa industrial.
Todas se difundieron mundialmente a partir de la diversidad en procura de armonizar intereses entre consumidores de
bienes y servicios, ahorristas e inversores, productores y trabajadores, como la reconoce la Declaración sobre la
Identidad Cooperativa emitida por el Congreso del Centenario realizado en Manchester, en septiembre de 1995.
El pensamiento cooperativo fue conformándose y madurando en un mundo cambiante, dotado de una dinámica que no cesa y
obliga a una atenta valoración para que las organizaciones solidarias progresen sin abandonar las ideas e ideales que
les dieron origen.
La Alianza Cooperativa Internacional desde su creación en 1895, asumió la tarea de definir y elaborar los principios
fundantes de la cooperación en sendas declaraciones difundidas en 1937 y en 1966, hasta llegar al Congreso de
Manchester, que abordó la problemática del siglo XXI.
A lo largo de su historia, el movimiento cooperativo mantuvo como base el respeto por la dignidad humana y la idea
de que el progreso económico y social puede lograrse mediante el esfuerzo propio y la ayuda mutua, enmarcados en
procedimientos democráticos.
Por eso es que se ha podido decirse con acierto que por el local de la más modesta de las cooperativas pasa un hilo
que la vincula con la mejor corriente de la civilización.
Las cooperativas y la cooperación rectamente entendidas se basan en la igualdad porque su elemento vital son los
asociados que tienen derecho a participar, a ser informados y escuchados, y a intervenir en la toma de decisiones de la
manera más igualitaria posible, so pena de que se desnaturalice el sentido profundo de la organización solidaria.
A partir de valores como honestidad, responsabilidad social y preocupación por los demás operan los principios: el
de "asociación voluntaria y abierta", sin distinciones raciales, políticas, religiosas, sociales o de género; el de
"control democrático por los socios", que la gestionan y participan en la fijación de políticas y la toma de
decisiones; el de "participación económica de los socios", que contribuyen equilibradamente a la formación del capital
de su cooperativa y lo gestionan democráticamente de manera que sirve a la organización, pero no la domina.
Estos principios se conjugan con el de "autonomía e independencia", que las obliga a mantenerse alertas para
desarrollar relaciones claras con los gobiernos y las corporaciones dominantes preservando esa autonomía que tiene un
valor inestimable; el de "educación, capacitación e información", porque educa y capacita a sus socios, representantes,
administradores y empleados para el desempeño más eficaz de sus funciones; el de "cooperación entre cooperativas", para
beneficiarse con el trabajo mancomunado en el plano local, nacional e internacional; el de "preocupación por la
comunidad", porque además de su propio beneficio deben relacionarse estrechamente con las comunidades a las que
pertenecen.
Las entidades cooperativas del país, comenzando por la Asociación de Cooperativas Argentinas y sus entidades
vinculadas (Grupo Asegurador La Segunda, ACA Salud y Coovaeco Turismo) no pasan por alto la fecha en que universalmente
se reafirman los principios rochdaleanos en los que ven una fórmula para contribuir con al mejoramiento económico,
social y cultural de sus miembros y de la sociedad argentina en su conjunto, y reafirman que las conductas éticas y
solidarias son las bases sobre las que se construye una nación.
José Luis Ibaldi/Especial para "La Nueva Provincia"