Para el dirigente y productor Mariano González Martínez, el agravante para nuestra zona respecto de la rentabilidad
de la ganadería es que no existen otras alternativas productivas que no sean esta misma y el trigo, dos de los
productos que, consideró, son los más castigados por la política agropecuaria nacional.
"Eso sí, de continuar con este esquema nos van a tener que decir qué hacer cuando no haya ganadería", aseveró el
vicepresidente de la Asociación de Ganaderos y Agricultores de Bahía Blanca (AGA).
"Lo curioso es que, si bien los problemas son distintos en diferentes lugares del país, desde nuestra región por la
sequía, hasta un mayor avance de agricultura en el norte, la solución es la misma: la suba del precio de la hacienda en
pie. Y esto no es algo imposible de lograr: sólo hay que liberar las exportaciones", amplió.
González Martínez recomendó seguir el modelo adoptado por Uruguay y Brasil que, con un agresivo esquema exportador,
permite movilizar la hacienda en pie y dejar importantes toneladas de cortes para consumo interno.
"Este es un camino distinto al que nos marca nuestro gobierno, que ha optado por limitar severamente las
exportaciones", indicó.
"En 2005, la Argentina produjo 3 millones de toneladas de carne, la mayor oferta en muchos años, y se exportaron
750.000 toneladas. Ahora, no se pueden superar las 10.000 toneladas mensuales. Hay que ver que Uruguay, en el primer
semestre de 2008, ya exportó más que la Argentina, tanto en toneladas como en dinero. Y allí la gente sigue comiendo
carne", comentó.
Un tramo del diálogo es el siguiente:
--La solución ¿pasa sólo por liberar las exportaciones de carne?
--Sería la llave que destrabaría el conflicto. Los ganaderos estamos recibiendo un precio que es aproximadamente el
70% de lo que le ofrecen a un colega uruguayo o a uno brasileño, y eso hace la diferencia entre ganar dinero o llevar
las explotaciones a la quiebra. Hay señales muy peligrosas respecto de hacia dónde va la ganadería. Por caso, la
remisión de vacas preñadas a Liniers que, inclusive, a veces paren en los corrales antes de la faena, y la venta masiva
de vaquillonas para engorde son evidencias del desánimo y de la desinversión del sector.
--También se ve afectado el tambo, cuyas vacas terminan en Liniers...
--Claro. La oferta de carne hoy está fortalecida por la liquidación que realizan los tambos. Es decir, la crisis de
la lechería agranda la sobreoferta. Está claro que cuando esto se termine, habrá menos carne disponible.
--Suena poco creíble que muchos ganaderos afirmen que, con esta política, en un período de tres a cinco años habrá que
comenzar a importar carne vacuna...
--Si se mantiene la tendencia y los argentinos pretenden seguir comiendo 80 kilos de carne (por año y por cabeza) no
caben dudas de que no va a alcanzar. Hoy estamos consumiendo una cantidad exagerada, ya que duplicamos a quienes nos
siguen, como Francia, Alemania y España.
Estos niveles de consumo, que son un lujo, la Argentina no se los puede dar. Cada kilo de lomo que se vende aquí a
20 pesos en lugar del valor internacional es riqueza que se destruye y no ingresa al país.
--Partiendo del concepto generalizado de que 80 kilos de carne vacuna es significativo, ¿cuál sería la fórmula para
bajar el consumo?
--Hay una sola manera: poner el precio que debe tener. Y esto también es lo que generará el desarrollo de las carnes
sustitutas. Mientras la carne vacuna sea barata, nunca se va a terminar de desarrollar la industria del cerdo ni la
avícola, que hoy está viviendo un momento de oro gracias a los millones que le entrega el Estado en forma de subsidio.
Insisto: todo está atado al precio de la hacienda.
--Otro axioma: "Si se exporta, la carne será más cara para los argentinos".
--Hay que terminar con esa idea; no es así. El aumento del valor de la hacienda va a llevar a una mayor producción y
habrá más carne disponible para los argentinos y para los extranjeros.
--¿Cuál es la incidencia de la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario en el precio de la carne?
--Aquí hay dos temas. Uno, las reglamentaciones de la Oncca, como el encaje productivo. Allí, un frigorífico
exportador debe mantener en cámara 7,5 kilos por cada 2,5 que pretenda exportar. Esto acarrea un costo de frío, de
mantenimiento de stock
y, también, financiero; incluso, uno técnico, porque hay muchos establecimientos orientados exclusivamente a la
exportación, y mantener cortes para consumo interno les complica la operatoria. Esto nunca se había visto en la
Argentina y está haciendo pedazos la industria ganadera.
El otro es el manejo que hace la Secretaría de Comercio Interior, que, por ejemplo, llama a los frigoríficos que
tienen presentaciones de exportación y les exige que elaboren, para los supermercados, volúmenes de carne a precios
irrisorios. Por ejemplo, a 2,50 pesos el kilo, para que los supermercados de Buenos Aires hagan ofertas y la gente
compre. Eso, ni siquiera beneficia a los consumidores del interior. Además, se quita valor de compra a los
frigoríficos, que pagan menores precios por la hacienda".
--Así planteado el tema, ¿puede avizorarse un futuro optimista para la ganadería?
--El presente de la ganadería en el mundo es brillante. Está claro que, cuando antes se tome el rumbo correcto, la
Argentina estará rápidamente en carrera. La carne vacuna es un producto muy demandado, con buenos valores
internacionales y con una marca que es sinónimo de calidad.
Para nuestra zona, la ganadería es como la soja en el norte; sería un producto con altísimo valor agregado para
exportar y generar prosperidad, como se ha visto en el sur de Santa Fe o Córdoba. Pero, para esto hay que hacer un
programa agropecuario serio y permitir que los precios lleguen a los productores".
¿Cuál es el precio del lomo?
--Alfredo De Angeli dijo, en julio, que en la Argentina hay que hacer trece cortes populares, para que lo que no se
consuma se exporte y, el que quiera comer lomo, que lo pague 80 pesos el kilo. ¿Es descabellado plantearlo así?
--Lo que quiso decir es que aquí debe haber costos valiosos que se exporten y cortes económicos para la gente que no
los puede pagar. Todo lo que sea de lujo se debe abonar al precio internacional, como cuando uno paga los mariscos en
el restorán. Así funcionan las economías de todo el mundo. Es ridículo pretender que los ganaderos subsidiemos los
bifes que se venden en Puerto Madero, o que subsidiemos el valor del lomo para que la gente lo pueda comer a la cuarta
parte de lo que vale en otros países. También es importante hablar de los cortes medios, como el matambre. Aquí es muy
valioso y no se exporta. Perfectamente puede estar a un precio disponible.