Suena estremecedor, pero la Argentina podría verse obligada a importar carne vacuna dentro de cuatro años. En un
país de claro perfil ganadero, la advertencia parece disparada de la realidad. Pero, al menos, esa es la advertencia
surgida de un informe nacido en el seno de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola
(AACREA) y presentado el sábado anterior en la asamblea agraria de Olavarría.
Obviamente, el contenido del análisis tuvo honda repercusión entre los concurrentes al encuentro y en todo el sector
agropecuario nacional, mientras persiste el distanciamiento con el gobierno.
El contexto internacional del mercado de la carne representa una gran oportunidad para la Argentina, debido a la
creciente demanda y los elevados precios. Pero para poder sacar provecho de esta situación, en nuestro país deberían
cambiar las condiciones de comercialización, tanto para el consumo interno como para la exportación.
Así lo advirtió Belisario Alvarez de Toledo, coordinador general de AACREA, en la presentación que realizó durante
la asamblea ganadera organizada por la Comisión de Enlace en aquella ciudad del centro bonaerense.
Según esta presentación, durante los últimos años se ha producido en nuestro país una liquidación general del rodeo
--especialmente de hembras-- y una disminución del peso de faena. También está ocurriendo un traslado de la ganadería
de las zonas pampeanas a otras regiones, como el NOA y el NEA, donde la productividad es menor. Por cada 100 vacas que
se trasladan a estas zonas, se producen 21 terneros menos.
Una de las razones de este escenario adverso es que el precio del kilo vivo recibido por los productores se ha
quedado estancado. Sin embargo, el precio de la carne pagado por el consumidor en la góndola ha aumentado en forma
considerable desde 2005. Este comportamiento es provocado, en gran medida, por los crecientes riesgos que enfrentan los
eslabones intermedios de la cadena de la carne frente a las regulaciones y el intervencionismo oficial en la
comercialización interna y externa del producto.
Suben los costos.
Además, los costos de la ganadería han sufrido un considerable aumento, impulsado por el encarecimiento de los
fertilizantes, las semillas, los agroquímicos, la suplementación, los combustibles y los sueldos. Actualmente, el
ternero vale lo mismo que en 2006, pero los costos han aumentado el 50% en el mismo lapso.
En la actualidad, el costo de producción de un ternero en las zonas de cría ronda los 3,70 pesos por kilogramo,
mientras que su precio de venta es de 3,20 por kilo. Estos números arrojan un resultado económico de quebranto para los
criadores.
Capacidad de reacción. En el gráfico 1 se puede observar el crecimiento del stock
y de la faena ganadera ocurridos en los años anteriores a 2005, cuando el productor enfrentaba condiciones
relativamente favorables para la actividad. El aumento en la producción se detuvo en 2005, pero la cantidad de hacienda
faenada siguió aumentando, lo que llevó a una disminución del stock
. En otras palabras: muchos productores están liquidando su capital productivo, señala el informe.
Gráfico 1. Evolución del stock y de la faena
+ 24%
+ 4%
De mantenerse la tendencia de aumento en la matanza de hembras y la disminución del peso de faena, habrá problemas
de abastecimiento de carne vacuna para la población argentina. El crecimiento del consumo por aumento demográfico y la
baja en la producción determinarán que la Argentina deba importar carne para abastecer al consumo interno a partir del
año 2012. De esta manera, nuestro país desaparecerá del mercado de exportación de carnes de calidad (ver gráfico 2).
Gráfico 2. Escenarios de consumo y oferta de carnes
Hay tiempo.
La tendencia negativa que registra la ganadería vacuna podría revertirse si se establecieran condiciones de promoción
de la actividad y se interrumpe el intervencionismo oficial en los mercados, destaca el documento.
Para que la actividad retome una senda de crecimiento que permita abastecer el consumo interno y la exportación, se
necesitan cuatro elementos: precio, previsibilidad, tecnología y un productor que combine estos factores, asegurando el
éxito y la sostenibilidad de la empresa.
"Hoy no hay previsibilidad y el precio no es acorde a los costos, por lo que el desarrollo del negocio está en una
encrucijada", expresó Alvarez de Toledo.
Sin embargo, sigue habiendo amplias posibilidades de crecimiento. Con la misma cantidad de vacas que existen en el
país, se podrían producir 2,7 millones de terneros más si se lograra pasar del 62% de destete al 75%. Además, en la
misma superficie que ocupa la ganadería actualmente se podría disponer de 5,7 millones de vacas adicionales, cuya
producción, llevada al peso de faena, daría lugar a una oferta adicional de carne de 1,5 millones de toneladas, que
significarían un aumento del 49% respecto de la situación actual.