Entre las profesiones más afectadas por el llamado síndrome del burn out se hallan los maestros, los asistentes
sociales, los empleados de atención al público y también los médicos.
En la Argentina, como en el resto de los países de Latinoamérica, el fenómeno no sido estudiado demasiado.
De hecho, es un concepto bastante nuevo.
Los primeros estudios para comprobar cómo afectaba la labor de todos los días comenzaron en Chile y en Colombia,
cuando se analizaron las condiciones físicas y emocionales de un grupo de enfermeras.
En el año 2006 profesionales del Departamento de Medicina Laboral de la Municipalidad de la Matanza, provincia de
Buenos Aires, entrevistaron a unos 278 médicos, sobre un total de 550, para detectar si padecían del síndrome.
Unos 165 trabajaban en hospitales, 79 en unidades sanitarias con guardia de 24 horas, sin internación, y 34 en
consultorios de atención primaria.
De los médicos que ejercían tareas en el ámbito hospitalario municipal, un 50 por ciento mostraba cansancio
emocional.
Un 40 por ciento experimentaba un estado de despersonalización y un 33 por ciento falta de realización personal.
En otros ámbitos se registraron cifras similares.
A su vez, el 70 por ciento refirió haber tenido miedo a la pérdida de su trabajo y sólo el 10 por ciento, haber
contado con un hobby o tiempo de ocio suficiente (entre dos y cuatro horas diarias).
Otro dato más alarmante aún es que el 31 por ciento confesó consumo de alcohol y un promedio de horas de sueño
diarias de 6 horas.
Los profesionales a cargo del estudio concluyeron que el burn out se caracterizaba por la presentación de
enfermedades psicosomáticas en trabajadores del área de servicios, generado por las malas condiciones ambientales en su
lugar de trabajo, falta de estímulos personales, escasez de tiempo libre y horarios inadecuados.
Se consideró, además, que eran factores estresantes crónicos que llevan al individuo hacia un desgaste en el
trabajo, su vida y en la relación con las personas que lo rodean.
A juicio de Roberto Doria Medina, jefe del departamento de Salud Mental del Hospital de Clínicas "José de San
Martín", de Buenos Aires, el concepto de burn out es importante para entender las condiciones extremas en las que
trabajan muchos médicos, situaciones que los ponen en riesgo emocional y que van en contra de la eficacia del
profesional.
"Comienzan a experimentar fatiga, malestar para dormir, dificultades para concentrarse y lo peor es que muchos de
ellos ni siquiera se dan cuenta de lo que les pasa, creen que es algo inherente a su profesión", explicó.
También puntualizó que existe una visión de que el médico debe soportarlo todo abnegadamente en pos de su trabajo y
no es así.
En este hospital comenzó a funcionar desde hace un año el programa "Sostener a los que sostienen", destinado a la
atención de los médicos que padecen estos problemas.
Según apunta el profesional, los médicos más afectados por el burn out son aquellos que se desempeñan en
especialidades coronarias, los del área de internación, terapia intensiva y quienes atienden a pacientes con
enfermedades graves durante mucho tiempo.
El burn out afecta de distinta manera a las personas, pero está claro que puede llevar a desarrollar enfermedades.
Hay muchas condiciones que favorecen el síndrome.
Por ejemplo, la sobrecarga horaria, atender a multitudes de pacientes cada día y asumir más responsabilidades de las
que se pueden afrontar.
"Esto se da tanto en el ámbito público como privado, por lo que hay que darles a los médicos condiciones óptimas que
faciliten su pensamiento", indica Doria Medina.
"Sostener a los que sostienen"
El especialista comentó que se empezó a idear el programa a través de las encuestas y consultas que hacían de los
profesionales porque se advertía que no estaban bien.
"Muchos de ellos padecían de ansiedad o depresión. A través del programa además de atención psicológica se les da
una vez por semana sesiones de masajes para lograr que se relajen", comenta el jefe de la División Internación
Psiquiátrica del Departamento de Salud Mental del centro asistencial porteño, José Catri.
Para conocer si una persona atraviesa el síndrome, se toma en cuenta el agotamiento emocional, es decir el cansancio
físico o psicológico, que no es otra cosa que el sentimiento de que nada se pudo ofrecer a otras personas, junto con la
sensación de falta de recursos emocionales.
También se toma en cuenta en nivel de despersonalización.
Esto implica el desarrollo de actitudes negativas, insensibles y distantes hacia los destinatarios (pacientes o
familiares).
Con esa actitud, el sujeto trata de aislarse para protegerse de la falta de energía emocional, tratando a los demás
como objetos o números más que como personas.
A su vez, se observa si existe un sentimiento de inadecuación personal, evidenciado cuando en las tareas habituales
las demandas que se le hacen al trabajador exceden de su capacidad para atenderlas, junto a la percepción de
inexistencia de posibilidades de promoción personal.
Esto produce una disminución de las expectativas personales y una evaluación negativa de uno mismo con sentimientos
de fracaso, rechazo de sí mismo y baja autoestima.
Lo que se observa en quien padece burn out es un gran desaliento, malestar emocional que repercute en su entorno
familiar y sobre todo decepción de su vocación.
Los profesionales, además, van perdiendo su interés y su capacidad de estudio.
"Todo esto se revierte con tratamiento psicológico y farmacológico, pero también es cierto que hay que crear mejores
condiciones de trabajo porque sino la institución que está para curar comienza a perder su rol y su calidad", señala
Catri.
De acuerdo con la bibliografía existente, el síndrome de burn out en enfermería, por ejemplo, ronda entre el 27 y el
40 por ciento.
A su vez, existe un alto índice de trastornos psiquiátricos que llega al 25 por ciento.
Informes de Noruega y Finlandia, que incluyen en el equipo de salud al personal administrativo y de maestranza, la
afección llega al 32 por ciento.
Como está visto, no es un problema sólo en la Argentina.
Respecto del burn out en los psicoterapeutas y psiquiatras no existen muchos datos.
Un estudio llevado a cabo en Chile, señala que el B.O. en estos profesionales, cuando referían supervisión era del
28 por ciento y en situación de riesgo el 49 por ciento.
Los médicos oncólogos en Estados Unidos estiman que 2 de cada 3 tienen síntomas de B.O. y 2 de cada 10 requieren
tratamiento psiquiátrico.
Como valores comparativos, obtenidos de la bibliografía y para otras especialidades, el B.O. aparece en el 17 por
ciento de los clínicos generales, el 30 por ciento en terapia intensiva y llega al 43 por ciento en los que atienden
quemados.