BUENOS AIRES (Télam) -- Los peritos del Cuerpo Médico Forense intentarán establecer si los hijos del matrimonio
Mansilla, cuyos cadáveres fueron hallados ayer a la madrugada en un zanjón de la ruta Panamericana, en el partido de
Campana, fueron asesinados días después del homicidio de sus padres, informaron fuentes policiales.
Los primeros resultados no pudieron arrojar una certeza del tiempo que llevaban muertos los niños ya que "sus
cuerpos no estaban en una zona similar a la de sus padres sino que se encontraban debajo de un puente y muy próximos al
agua".
"Todavía los peritos no pudieron calcular exactamente el momento de la muerte de los pequeños ya que estaban en un
lugar diferente y muy distinto al de los padres, en ese sector había agua y el proceso de descomposición es más veloz",
explicó una fuente oficial.
Los cuerpos sin vida de Agustín, de 11 años, y Milagros, de 8, fueron hallados en un zanjón ubicado en el kilómetro
66,500 de la ruta Panamericana, a la altura de Campana.
En tanto, uno de los hermanos de Sandra Rabago indicó que si bien este era uno de los finales a los que se venían
preparando, el golpe de enterarse la muerte de los chicos fue muy fuerte.
"Nos veníamos haciendo la idea de que los chicos también habían sido asesinados, pero cuando nos enteramos fue el
golpe mas fuerte de nuestras vidas. No entiendo, no me entra en la cabeza cómo puede haber tanto salvajismo con los
chicos, no lo puedo entender", expresó el hombre.
La búsqueda de los menores se había intensificado luego de que el tercer sospechoso de haber dado muerte al
matrimonio Mansilla en Altos Los Cardales, que se había entregado el jueves pasado a la policía, aseguró que los hijos
de las víctimas también fueron asesinados.
Cristian Fernández, el tercer sospechoso de haber matado a la pareja Mansilla se entregó anteayer a la policía y,
tras declararse inocente, aseguró que los hijos también fueron asesinados y que el motivo de los crímenes fue por
"bronca personal".
Señaló también que a los cuerpos de los chicos "los tiraron un poco antes" de donde fueron hallados los cadáveres de
sus padres a la vera de la ruta Panamericana.
Efectivos de la Policía Científica, de Caballería y de la Departamental Zárate-Campana comenzaron a rastrillar los
alrededores de la autopista entre los kilómetros 58 y 60, por orden del fiscal del caso, Marcelo Pernice.
El móvil.
Los cadáveres de los menores se encontraban atados de pies y manos, con trapos en la boca y envueltos con una
frazada, debajo de un puente a pocos metros del lugar en donde aparecieron asesinados sus padres Marcelo Mansilla y
Sandra Rabago.
Respecto al móvil del caso, fuentes de la investigación informaron que los Mansilla habían declarado como testigos
por el robo a una quinta cercana a la casa donde el matrimonio vivía en el Barrio Frino de José C. Paz e involucraron a
estos sospechosos.
Angel Fernández estaba con arresto domiciliario con monitoreo electrónico, mediante una pulsera electrónica que, al
parecer, no funcionaba, ya que varios testigos lo vieron fuera de su vivienda en reiteradas oportunidades.
"Lo cierto es que esta persona estaba con pulsera y era vista fuera de su casa todo el tiempo", dijo ayer el
ministro de Seguridad bonaerense, Carlos Stornelli, y reconoció que se investiga si la pulsera se la colocaba a su hijo
de nueve años y si existe un método para desactivarla.
Los voceros dijeron que Fernández padre había sido condenado en 1991 a 25 años de cárcel por una violación seguida
de muerte por el entonces Juzgado de Instrucción Nº 7 de San Martín.
Sin embargo, el 2 de julio de 2007, el Tribunal Oral Criminal 3 de San Martín le otorgó a Fernández el beneficio de
cumplir una prisión domiciliaria monitoreada por pulsera magnética.
Error humano.
El ministro de Justicia bonaerense, Ricardo Casal, indicó que el 24 de julio pasado el jefe técnico de monitoreo de
las pulseras magnéticas advirtió una falla en el sistema de Fernández y que solo fue admitido anteanoche, por lo que
fue desplazado y puesto a disposición del fiscal.
"Ayer (viernes) cuando no nos cerraba el tema de la extracción de la pulsera, insistimos con el análisis de la
información. A las 23.30 el jefe técnico admitió que el 24 hubo una falta de contacto no comunicado, lo que fue
informado al fiscal y desplazando del puesto al jefe técnico", remarcó Casal.
"Por este tipo de omisiones, se pueden provocar hechos como el desenlace fatal, por eso mismo, entre el lunes y
martes próximos, se profundizaran las medidas de seguridad", enfatizó el ministro.
Por su parte, Cristian fue detenido el 22 de enero del 2005 por robo calificado y portación de arma de guerra y
beneficiado con un arresto domiciliario por el Tribunal Oral 2 de San Martín, que ordenó que sea monitoreado por una
pulsera electrónica igual que su padre.
Cristian Fernández había logrado escapar por los techos cuando los detectives de la Subdelegación de Investigaciones
de José C. Paz allanaron la casa de su padre.
Respecto de Cáceres (47), los investigadores aún aguardan los datos sobre sus antecedentes.
Grisado
El último día.
Mansilla y Rabago y sus hijos fueron vistos por última vez el miércoles 23 de julio. Al día siguiente un familiar
escuchó el auto del hombre salir de la casa del Barrio Frino a gran velocidad y desde entonces no se supo nada del
paradero de la familia hasta que el martes pasado fueron encontrados los cadáveres del matrimonio en un baldío al
costado de la Panamericana, a la altura del kilómetro 60 del Ramal Campana, en la localidad de Alto Los Cardales.
Fueron asesinados a hachazos en la cabeza. Desde entonces la pesquisa se centró en la búsqueda de los dos hijos de la
pareja, hasta que ayer a la madrugada fueron hallados sin vida.
Recientes antecedentes de otras matanzas
El crimen del matrimonio Mansilla registra al menos otros cuatro casos de familias enteras que fueron masacrados en
la historia policial argentina.
El horror que provocó el hallazgo de los cuerpos de los niños de la familia Mansilla, cuatro días después que fueron
encontrados sus padres, confirmó que el hecho no escapó a una zaga trágica que en los últimos 20 años conmovió a la
sociedad.
El último hecho de similares características se produjo el 26 de febrero de 1999 en la localidad de Derqui, cuando
los seis miembros de una familia, entre ellos tres chicos de 7, 12 y 17 años, fueron asesinados por tres hombres
armados que irrumpieron en su casa de madera y los atacaron a balazos.
En otro conocido caso como "La Masacre de Flores", que se produjo el 17 de febrero de 1994, murieron en un incendio
intencional un matrimonio, con dos de sus hijos de 14 y 9 años, además de un amigo del menor, mientras que sólo pudo
salvar la vida otro de los hermanos, de 15, llamado Matías Bagnato.
El autor del crimen, Alvaro González, tenía un asunto personal con el dueño de casa, José Bagnato, y fue condenado a
prisión perpetua en un juicio oral.
En otra masacre, la de General Villegas, ocurrida el 9 de mayo de 1992, fueron asesinados una mujer, su pareja, su
hijo, dos empleados de la familia y un linyera que dormía en el lugar.