La policía de la India recibió ayer órdenes de disparar a las personas que participan en disturbios en un estado del
este del país, para frenar una escalada de violencia entre hindúes y cristianos que dejó 11 muertos y entristecido
profundamente a Su Santidad.
Algunos cadáveres fueron encontrados durante la noche en el distrito de Kandhamal, en el estado de Orissa, donde
turbas hindúes dañaron esta semana más de 10 iglesias y atacaron hogares cristianos y hasta un orfanato.
La violencia, que está ahora extendiéndose a otros distritos, fue desatada por el asesinato de un líder hindú en
Kandhamal, una zona tribal donde misioneros cristianos actuaron durante años.
El líder asesinado había estado liderando una campaña para reconvertir a hindúes y miembros de tribus que se habían
pasado al cristianismo.
Las autoridades extendieron el toque de queda y emitieron órdenes para que la policía en 11 pueblos de Kandhamal
abriera fuego contra cualquier persona involucrada en disturbios. La mayoría de los muertos son hasta ahora cristianos.