En Moscú hay quien recuerda las palabras de Vladimir Pútin de que "la desintegración de la URSS fue la mayor
catástrofe geopolítica del siglo XX" para advertir que los intentos de resucitarla serían la mayor tontería del XXI.
Esto viene a cuento, ya que el reconocimiento de la independencia de Osetia del Sur y Abjasia --al parecer-- refuta
definitivamente las denuncias de anexión que suenan estos días contra Rusia.
Los regímenes separatistas de esos lugares, cuya independencia reconoció el Kremlin, fueron engendrados por Moscú
aún en tiempos soviéticos y luego criados y financiados, armados y hasta defendidos con las armas por Rusia.
Y otro de sus rasgos congénitos es su anhelo declarado de unirse a Rusia, Abjasia como república federada y Osetia
del Sur integrándose a su vecina rusa Osetia del Norte.
Estas son quizás las diferencias fundamentales de Osetia del Sur y Abjasia respecto a Kosovo, al que Moscú esgrime
como precedente y también como ejemplo del "doble rasero" que aplica Occidente respecto a los separatismos y la
autodeterminación.
En medio de la euforia desatada en Rusia por la pequeña guerra victoriosa contra Georgia las voces críticas apenas
se oyen.
No es de extrañar, por tanto, que la mayoría de los rusos esté convencida de al entrar con sus tropas en Osetia del
Sur Georgia agredió a su país, pues lo primero que oyeron desde aquel día fue que Rusia se vio obligada a defender a
sus ciudadanos.
Y muy pocos recuerdan cómo en los últimos años de la URSS, desgarrada por los nacionalismos de sus repúblicas
federadas y ante todo de Rusia, en el Kremlin lanzaron la idea de retener el secesionismo de los grandes sembrando el
separatismo en su propio seno.
Fue así como en el grupo parlamentario "Soyuz" (Unión), que defendía la integridad de la URSS, surgieron los
ideólogos y líderes de los futuros focos separatistas en las repúblicas entonces soviéticas.
En las repúblicas bálticas surgieron los movimientos de la población "ruso hablante"; en Moldavia los separatismos
de Cisdniester y Gagausia; en Ucrania los problemas de Crimea y las regiones rusófonas; y en Kazajistán, el movimiento
de los "cosacos del Ural" en las regiones norteñas donde los habitantes autóctonos son minoría.
Es en ese contexto que Osetia del Sur, en tiempos soviéticos región autónoma en el seno de Georgia, se proclama
república autónoma primero, luego declara su soberanía y más tarde la independencia.
Entre los argumentos de Rusia a favor del reconocimiento de la independencia de Osetia del Sur y Abjasia figura el
de haber evitado el exterminio de esos pueblos, víctimas de genocidio por parte georgiana.
Marcelo Michalijos/"La Nueva Provincia"