El subsecretario norteamericano Thomas Shannon se llevó ayer una muy mala noticia de sus contactos con autoridades
del gobierno de Cristina Fernández: no habrá reapertura del canje de la deuda en default
que, por unos 30.000 millones de dólares, mantiene la Argentina con bonistas extranjeros, especialmente japoneses,
italianos y alemanes.
El enviado de la Casa Blanca para la región había planteado, en sus conversaciones con la administración
kirchnerista, la necesidad de que el gobierno entregara una buena señal hacia el exterior para recuperar el crédito
internacional y también promover inversiones extranjeras, hoy casi inexistentes por la desconfianza que genera el
gobierno.
"No hay ninguna posibilidad de reabrir el canje. El gobierno del presidente Kirchner ya hizo en su momento una
oferta y no se contempla un nuevo proceso para quienes, en esa oportunidad, no aceptaron esa propuesta", fue, palabras
más o menos, lo que escuchó Shannon en sus contactos con el jefe de Gabinete, Sergio Massa, con el canciller Jorge
Taiana y finalmente con Cristina Fernández.
La mala noticia para Shannon encierra, además, un panorama oscuro para la Argentina en torno a otra de las
cuestiones centrales que trajo el funcionario norteamericano para discutir con las autoridades argentinas: avanzar en
un acuerdo de la deuda de casi 6.500 millones de dólares que el gobierno mantiene con el Club de París.
Fuentes de la delegación norteamericana que acompañó ayer en su recorrida por despachos oficiales a Shannon y al
embajador estadounidense, Earl Anthony Wayne, reconocieron que hay malhumor por esa respuesta, ya que la Casa Blanca
había ofrecido oportunamente sus buenos oficios para ayudar al país a arreglar con aquel organismo de crédito, aunque
sujeto a un gesto de "buena voluntad" hacia los bonistas extranjeros.
Las fuentes reconocieron que en los últimos días hubo nuevos requerimientos de los gobiernos de Japón, Italia y
Alemania a las autoridades del Club de París para que se presione a la Argentina a los efectos de que ofrezca alguna
solución a la deuda en default
, cuyos bonos están mayoritariamente en manos de bancos o ciudadanos de esos tres países.
Shannon se encontró en primer término, en la mañana de ayer, con Massa, durante la reunión del Consejo de las
Américas celebrada en un hotel céntrico. En esa oportunidad, el funcionario ya tuvo una primera aproximación respecto
de la negativa de la Argentina a reabrir el canje. "No hay nada, no tenemos ningún plan a ese respecto", dijeron
fuentes de la Jefatura de Gabinete que fue el comentario de Massa ante el enviado de George W. Bush.
Pasado el mediodía, visitó al canciller Taiana en la sede del Palacio San Martín, y el tema volvió a tocarse durante
la conversación a solas. La respuesta del jefe de la diplomacia se mantuvo en aquella línea. Finalmente, la mala nueva
sería ratificada por la tarde en la Casa Rosada --reconocieron fuentes oficiales-- en el encuentro que Shannon celebró
por espacio de una hora con Cristina Fernández, con quien también analizó la preocupación de Estados Unidos por el
avance del narcotráfico en la Argentina, la relación del gobierno kirchnerista con Hugo Chávez y, precisamente, la
falta de acuerdo sobre la deuda con el Club de París.
Fuentes del gobierno argentino dijeron ayer por la tarde que la principal negativa de siquiera considerar alguna vía
de solución para los bonistas extranjeros que no aceptaron el canje de la deuda en default
proviene de Néstor Kirchner. El ex presidente consideraría una "claudicación política" ofrecer ahora a esos tenedores
una solución, luego de haber defendido a rajatabla durante su mandato la política de canje de la deuda que llevó
adelante su gobierno.
Kirchner también se habría negado fuertemente a aceptar algún tipo de acuerdo con el Club de París, como el que
habría propuesto Shannon durante su visita de ayer, que, entre otros aspectos, pasaría por pagar con reservas, al
contado y en tres o cuatro cuotas, la deuda con el organismo de crédito que reúne especialmente a los países más ricos
del mundo, el Grupo de los Siete.
Dicen las fuentes que cualquier vía de acuerdo se tornó decididamente inaceptable si también suponía, como creen
Kirchner y sus seguidores, que el gobierno argentino debe mostrarse ahora condescendiente con los bonistas extranjeros
y, por si fuera poco, propiciar un enfriamiento de las relaciones de la Casa Rosada con Hugo Chávez.
Eugenio Paillet/"La Nueva Provincia"