BUENOS AIRES, PARANA y GUALEGUAYCHU (Télam, DyN y NA) -- La enrarecida atmósfera que envuelve a la crisis de las
papeleras sumó ayer un nuevo ingrediente cuando la Prefectura del Uruguay intentó abordar una de las lanchas de
ambientalistas entrerrianos que protestaban cerca de Botnia y, en medio de empujones y creciente nerviosismo, uno de
los efectivos cayó al agua del río Uruguay.
El principal barco usado por los asambleístas para materializar la protesta contra Botnia --que llevaba una bandera
mitad pirata y mitad finlandesa-- está matriculada como "El Pampero" y tiene diez metros de largo por tres de ancho. Su
propietario es un vecino de Gualeguaychú.
El atípico episodio sumó un elemento más a los roces producidos durante los últimos meses con autoridades de
distintos niveles del gobierno montevideano.
La "marcha náutica" había sido anunciada hace más de una semana, pero ya el jueves por la noche se preveía que la
Prefectura uruguaya estaría pendiente de los movimientos de las embarcaciones de Gualeguaychú.
Consultado por la prensa, uno de los asambleístas narró que uno de los agentes subió a la embarcación que él ocupaba
para intentar agredirlo. Ese accionar, de acuerdo a sus palabras, provocó una reacción que terminó con la caída al agua
del uniformado.
"Nos encontrábamos en una protesta pacífica cerca de la costa uruguaya, cuando tres lanchas de la Prefectura
uruguaya nos rodearon y quisieron encerrarnos para detenernos", explicó Gustavo Zapata.
"En esa ocasión fui golpeado por un prefecto con codazos, y luego me apretaron un tobillo cuando quisieron
detenernos. Nos dijeron que cumplían órdenes. Fue una protesta pacífica... la agresión salió del lado uruguayo", agregó.
El asambleísta entrerriano Raúl Almeida afirmó que otras lanchas --algunas realizaron, según quienes las observaron,
audaces maniobras frente a las costas de Fray Bentos-- resultaron dañadas y calificó como desmesurada a la reacción de
la Prefectura del Uruguay. "Estaban sacados", graficó.
Las más de veinte naves pequeñas, entre veleros y lanchas, que participaron de la movilización fueron vigiladas por
tres unidades de la Prefectura Argentina y cinco uruguayas.
Cuando los sucesos parecían cobrar matices explosivos, la Prefectura Naval Argentina se interpuso entre los
ambientalistas y las fuerzas de seguridad del país vecino. Afortunadamente, los ánimos se aplacaron.
La justicia de Fray Bentos, según fuentes uruguayas, trabajará para identificar las embarcaciones que participaron
de la protesta náutica y, en el caso de que vuelvan a presentarse por la zona de Botnia, las retendrán hasta que abonen
una sanción económica.
A su turno, los ambientalistas repudiaron el accionar de los prefectos uruguayos y negaron que su operativo violara
las leyes de navegación del río.
"Cuando navegábamos frente al puerto de Botnia, dos lanchas patrulla y una de la Armada uruguaya nos encerraron y
golpearon la embarcación. Por ese topetazo se rompieron varias maderas de la lancha y yo recibí varias heridas
cortantes en una pierna", comentó Zapata, más tarde.
"Los uruguayos ataron una soga a la embarcación con la idea de amarrarla --amplió--, pero pudimos cortarla".
La Prefectura uruguaya reconoció que los ambientalistas nunca ingresaron en el puerto de Botnia, pero aclararon que
pusieron en marcha el dispositivo de seguridad ante el temor de que avanzaran sobre la planta de celulosa.
La jornada de protesta tuvo tres escenarios distintos: además de las medidas acuáticas hubo un "cacerolazo" en el
puente que comunica con Fray Bentos y un "escrache" frente a la sede porteña de la Unión Europea.