El desafío estaba planteado desde hacía algunos meses. La idea de conocer parte de los misterios y lugares
inaccesibles de las sierras se había convertido en una obsesión.
Quizá nos motivaba el hecho de saber que no son demasiadas las personas que tienen la posibilidad de disfrutar de
esos sitios, teniendo en cuenta que se encuentran en propiedades privadas y que sólo se puede acceder con un permiso
previo de los dueños.
Si bien son variadas las bellezas que esconde el sistema serrano que rodea a la comarca, la elección fue realizada
de antemano: la intención era llegar a la Cueva Florencio, donde se encuentran algunas de las pinturas rupestres más
antiguas de toda la extensión.
Pero eso no era todo. Antes de iniciar el camino (no demasiado extenso) sabíamos de la existencia de otros lugares
no menos atractivos y misteriosos, como el caso de menhires y construcciones con piedras que se asemejan a tumbas,
corrales y sitios de reunión utilizados por los habitantes primitivos de esta región.
Hora de inicio
Llegamos a Sierra de la Ventana cerca de las 8.20, donde nos debíamos reunir con el resto de la excursión. La mañana
estaba soleada, con la temperatura no demasiado elevada, aunque con una brisa que comenzaba a incrementarse.
Eran las 8.45 cuando los siete participantes nos sentamos en las dos camionetas especialmente dispuestas para la
ocasión: una Isuzu doble tracción y una Land Rover, ya que la intención era acercarnos lo más posible sin tener la
necesidad de caminar.
Arnaldo, principal gestor de la visita, y Paulino, conocedor de la zona, oficiaban de guías, repartidos uno en cada
vehículo.
Ingresamos a un campo situado a pocos metros del centro de la localidad, donde nace el camino que nos llevaría a
conocer los misterios.
Primera sorpresa
Habíamos recorrido unos pocos kilómetros cuando realizamos una de las primeras paradas para contemplar uno de los
misteriosos menhires, situado a unos 40 metros de la margen contraria del arroyo.
Descendimos del vehículo, bajamos hacia el curso de agua y, poco a poco, la curiosidad fue creciendo. Es que con los
binoculares alcanzábamos a divisar otros cuatro, que continuaban como en un camino hacia la cima de la montaña. Todos
estaban dispuestos como en un sentido este-oeste.
A Gerardo Delgado le ganó la ansiedad y decidió cruzar al otro extremo, para llegar hasta el menhir más cercano. Lo
seguimos. Al llegar comprobamos que medía cerca de un metro y medio y estaba muy bien afirmado sobre el terreno.
Luego de las fotos de rigor, y de disfrutar de un sitio espléndido, desde donde se observaba claramente el cerro
Tres Picos (la elevación más alta de la provincia de Buenos Aires), llegó la hora de continuar.
Tiempo para el avance
Tras atravesar un sinnúmero de tranqueras, continuamos nuestro ascenso por las sierras, siempre distribuidos en los
dos vehículos.
Javier, Gustavo y Paulino transitaban en la Land Rover, mientras que Arnaldo, Gerardo y los dos enviados de
"La Nueva Provincia" íbamos en la Isuzu.
Las pendientes se hicieron cada vez más pronunciadas y debimos atravesar un cuadro arado y con curvas de nivel. La
camioneta avanzó lentamente, hasta alcanzar el alambrado.
Bordeamos el sector, cruzamos una tranquera y accedimos hasta la cima de uno de los cerros. Un poco más abajo vimos
otro de los tesoros escondidos: dos especies de tumba, una circular y otra rectangular.
Dos menhires conformaban una especie de portal de ingreso. ¿Se tratará de tumbas? ¿Fue realmente un cementerio? Son
dudas que no nos podremos sacar, al menos por el momento.
La Isuzu quedó estacionada en el lugar, ya que debíamos cruzar el arroyo San Teófilo y ese era trabajo para la Land
Rover. Javier, dueño del vehículo, encontró el lugar ideal y pasó hacia la otra orilla.
Avanzamos en paralelo al alambrado hasta que llegamos a un sector cercado, donde no se podía continuar. Era hora de
caminar.
Un paisaje increíble
Arnaldo indicó el camino. Debíamos continuar y rodear uno de los cerros que teníamos enfrente, por lo que calculó
que debíamos caminar unos 4 mil metros entre las sierras.
El reloj marcaba las 11.15 y a esta altura parecía poco creíble encontrar lugares tan bellos a tan poca distancia de
Sierra de la Ventana. El paisaje se volvía motivador.
Tomamos las botellas de agua y las mochilas, y los siete comenzamos a caminar por sobre un terreno que, por el
momento, no requería demasiada exigencia.
Fuimos a paso cansino, sin apuro, parando cada vez que queríamos observar alguna belleza, la formación geológica de
las rocas o las plantas. Cruzamos otra agrupación de menhires en forma circular, similar a un corral, que en este caso
se encontraba bastante deteriorada.
Rodeamos el cerro y continuamos en forma paralela hacia el arroyo El Rivero. A lo lejos, se podía divisar el sitio
en donde se encuentran las pinturas rupestres.
La llegada a la cueva
Poco a poco nos fuimos acercando al objetivo. En el cerro indicado se divisaban tres cuevas similares, pero nosotros
debíamos alcanzar la primera de ellas.
Luego de casi una hora y media de caminata arribamos a la base. Quedaba la peor parte, ya que debíamos escalar el
lugar más empinado de todo el recorrido. Fuimos ascendiendo con mucho cuidado, uno detrás de otro, hasta alcanzar el
objetivo: la Cueva Florencio.
La primera impresión al ver las pinturas fue de extrañeza y sorpresa a la vez, principalmente, por pensar que parte
de ese arte data de hace 1.400 años.
En una de las paredes laterales aparecen varias líneas en tonalidades rojas y amarillas. También se divisa
claramente una mano y trazos circulares. Sin embargo, la más llamativa es un dibujo rojo, con características muy
similares a un barco.
Javier miró su reloj, que marcaba que nos encontrábamos a 535 metros por sobre el nivel del mar. El paisaje que
podíamos observar desde ese lugar era increíble.
Nos quedamos contemplando las distintas representaciones a lo largo de un buen rato, mientras aprovechábamos la
oportunidad para descansar un poco.
De regreso
Descendimos sin demasiado apuro y emprendimos el camino de regreso hacia el lugar en donde había quedado estacionada
la Land Rover.
A esta altura, el viento se había vuelto cada vez más intenso y algunas ráfagas complicaban en demasía la caminata
sobre los cerros.
Caminamos disfrutando del sol y de las bellezas que ofrecen las sierras, como el Cerro Tres Picos, que desde este
sector presenta cuatro puntos bien divisibles, que contrastan con su nombre.
Cuando llegamos a la camioneta ya eran más de las 14, por lo que habíamos caminado por un espacio de tres horas. Nos
subimos sabiendo que el esperado viaje comenzaba a terminar.
No obstante, todavía nos quedaba algo más por observar. En el último tramo del trayecto, y en camino hacia Sierra de
la Ventana, descendimos a la vera del arroyo para apreciar parte del caparazón de un gliptodonte incrustado en la
barranca.
Estos lugares ocultos son simplemente una parte de los misterios que esconde el cordón serrano. Descubrirlos
significan todo un desafío, aunque sería importante si se encontraran abiertos para el turismo.
Las pinturas y sus características
En el trabajo publicado en 1994 en la Revista del Museo de La Plata, Patricia Madrid y Fernando Oliva, de la
Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata, analizan las representaciones rupestres
presentes en cuatro estructuras rocosas del Sistema de Ventania.
A la hora de hablar sobre las ubicadas en la Cueva Florencio, sitio visitado por "La Nueva Provincia"
, los profesionales señalan distintos aspectos, que transcribimos a continuación:
* "Esta estructura se caracteriza por presentar un amplio alero, en cuya pared derecha se hallan la mayoría de las
representaciones".
* "Los motivos son abstractos, geométricos, rectilíneos y curvilíneos, con la particularidad del registro de dos
motivos que podrían clasificarse como figurativos".
* "Las representaciones rupestres están realizadas en varias tonalidades de rojo y amarillo".
* "Se hallan representados motivos de líneas rectas paralelas rojas; líneas rectas paralelas rojas y amarillas
alternadas; pares de líneas rojas unidas en uno y ambos extremos por otras líneas rojas y rellenas de amarillo;
alineamientos de puntos rojos; líneas rectas paralelas amarillas; recticulado de líneas rojas; líneas perpendiculares
rojas; líneas cruzadas rojas; combinación de forma subcircular con líneas rectas y curvas color naranja; líneas
paralelas a puntos aislados y manchas en rojo y amarillo indeterminables".
* "Existen cuatro concentraciones que por sus características merecen ser descriptas en forma particular. La primera
de ellas está pintada en distintas tonalidades de rojo y podría corresponder a un motivo figurativo de un `barco'".
* "La segunda está integrada por motivos pintados en naranja de desarrollo horizontal. De izquierda a derecha se
observa una forma subcircular más líneas curvas y rectas, tanto horizontales como verticales, vinculadas entre sí. A
diferencia del resto de las representaciones de esta cueva y de las presentes en las otras estructuras en estudio,
estos motivos están realizados con trazos muy delgados (2 a 3 milímetros)".
* "La tercera se encuentra muy próxima a la segunda. Está constituida por un motivo de líneas paralelas verticales
rojas de distintos grosores, una de ellas unida a una forma subcircular de trazo delgado en color naranja, de similares
características al motivo descriptivo anteriormente".
* "La cuarta concentración está integrada por un motivo de cuatro líneas paralelas y, por debajo de ellas, una forma
subcircular con punto central y apéndice lateral pintados en rojo, que en conjunto se asemejan a una `mano' izquierda".
Números
17 sitios con pinturas rupestres fueron descubiertos en la extensión del Sistema de Ventania. La mayoría se encuentran
en espacios privados, aunque una de las visitas que se ofrecen dentro del Parque Provincial Ernesto Tornquist permite
observar este arte.
27 cuevas similares a la visitada por "La Nueva Provincia"
se estima que alberga el cordón serrano en sus distintos cordones. No muchas de ellas son de acceso público.
¿Qué son los menhires?
Se trata de una piedra larga hincada verticalmente sobre la tierra, que data de cientos de años. Si bien existen
varias teorías (entre ellas, vinculadas a la energía y creencias religiosas), en muchos casos su utilización todavía
infunde misterio.
Diego Alejandro Gandini/"La Nueva Provincia"