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   Jueves 25 de noviembre de 2004
La región 
Viaje a los sitios ocultos del sistema serrano
"La Nueva Provincia" conoció la Cueva Florencio y sus pinturas rupestres, uno de los tantos misterios que se esconden en las sierras y que no son abiertos al turista. A lo largo del recorrido fue posible observar menhires y posibles tumbas indígenas, además de un paisaje único, ubicado a pocos kilómetros de Sierra de la Ventana.

Uno de los tantos menhires que es posible encontrar. (Alberto Blanco-LNP)
     El desafío estaba planteado desde hacía algunos meses. La idea de conocer parte de los misterios y lugares inaccesibles de las sierras se había convertido en una obsesión.
     Quizá nos motivaba el hecho de saber que no son demasiadas las personas que tienen la posibilidad de disfrutar de esos sitios, teniendo en cuenta que se encuentran en propiedades privadas y que sólo se puede acceder con un permiso previo de los dueños.
     Si bien son variadas las bellezas que esconde el sistema serrano que rodea a la comarca, la elección fue realizada de antemano: la intención era llegar a la Cueva Florencio, donde se encuentran algunas de las pinturas rupestres más antiguas de toda la extensión.
     Pero eso no era todo. Antes de iniciar el camino (no demasiado extenso) sabíamos de la existencia de otros lugares no menos atractivos y misteriosos, como el caso de menhires y construcciones con piedras que se asemejan a tumbas, corrales y sitios de reunión utilizados por los habitantes primitivos de esta región.

Hora de inicio
     Llegamos a Sierra de la Ventana cerca de las 8.20, donde nos debíamos reunir con el resto de la excursión. La mañana estaba soleada, con la temperatura no demasiado elevada, aunque con una brisa que comenzaba a incrementarse.
     Eran las 8.45 cuando los siete participantes nos sentamos en las dos camionetas especialmente dispuestas para la ocasión: una Isuzu doble tracción y una Land Rover, ya que la intención era acercarnos lo más posible sin tener la necesidad de caminar.
     Arnaldo, principal gestor de la visita, y Paulino, conocedor de la zona, oficiaban de guías, repartidos uno en cada vehículo.
     Ingresamos a un campo situado a pocos metros del centro de la localidad, donde nace el camino que nos llevaría a conocer los misterios.

Primera sorpresa
     Habíamos recorrido unos pocos kilómetros cuando realizamos una de las primeras paradas para contemplar uno de los misteriosos menhires, situado a unos 40 metros de la margen contraria del arroyo.
     Descendimos del vehículo, bajamos hacia el curso de agua y, poco a poco, la curiosidad fue creciendo. Es que con los binoculares alcanzábamos a divisar otros cuatro, que continuaban como en un camino hacia la cima de la montaña. Todos estaban dispuestos como en un sentido este-oeste.
     A Gerardo Delgado le ganó la ansiedad y decidió cruzar al otro extremo, para llegar hasta el menhir más cercano. Lo seguimos. Al llegar comprobamos que medía cerca de un metro y medio y estaba muy bien afirmado sobre el terreno.
     Luego de las fotos de rigor, y de disfrutar de un sitio espléndido, desde donde se observaba claramente el cerro Tres Picos (la elevación más alta de la provincia de Buenos Aires), llegó la hora de continuar.

Tiempo para el avance
     Tras atravesar un sinnúmero de tranqueras, continuamos nuestro ascenso por las sierras, siempre distribuidos en los dos vehículos.
     Javier, Gustavo y Paulino transitaban en la Land Rover, mientras que Arnaldo, Gerardo y los dos enviados de "La Nueva Provincia" íbamos en la Isuzu.
     Las pendientes se hicieron cada vez más pronunciadas y debimos atravesar un cuadro arado y con curvas de nivel. La camioneta avanzó lentamente, hasta alcanzar el alambrado.
     Bordeamos el sector, cruzamos una tranquera y accedimos hasta la cima de uno de los cerros. Un poco más abajo vimos otro de los tesoros escondidos: dos especies de tumba, una circular y otra rectangular.
     Dos menhires conformaban una especie de portal de ingreso. ¿Se tratará de tumbas? ¿Fue realmente un cementerio? Son dudas que no nos podremos sacar, al menos por el momento.
     La Isuzu quedó estacionada en el lugar, ya que debíamos cruzar el arroyo San Teófilo y ese era trabajo para la Land Rover. Javier, dueño del vehículo, encontró el lugar ideal y pasó hacia la otra orilla.
     Avanzamos en paralelo al alambrado hasta que llegamos a un sector cercado, donde no se podía continuar. Era hora de caminar.

Un paisaje increíble
     Arnaldo indicó el camino. Debíamos continuar y rodear uno de los cerros que teníamos enfrente, por lo que calculó que debíamos caminar unos 4 mil metros entre las sierras.
     El reloj marcaba las 11.15 y a esta altura parecía poco creíble encontrar lugares tan bellos a tan poca distancia de Sierra de la Ventana. El paisaje se volvía motivador.
     Tomamos las botellas de agua y las mochilas, y los siete comenzamos a caminar por sobre un terreno que, por el momento, no requería demasiada exigencia.
     Fuimos a paso cansino, sin apuro, parando cada vez que queríamos observar alguna belleza, la formación geológica de las rocas o las plantas. Cruzamos otra agrupación de menhires en forma circular, similar a un corral, que en este caso se encontraba bastante deteriorada.
     Rodeamos el cerro y continuamos en forma paralela hacia el arroyo El Rivero. A lo lejos, se podía divisar el sitio en donde se encuentran las pinturas rupestres.

La llegada a la cueva
     Poco a poco nos fuimos acercando al objetivo. En el cerro indicado se divisaban tres cuevas similares, pero nosotros debíamos alcanzar la primera de ellas.
     Luego de casi una hora y media de caminata arribamos a la base. Quedaba la peor parte, ya que debíamos escalar el lugar más empinado de todo el recorrido. Fuimos ascendiendo con mucho cuidado, uno detrás de otro, hasta alcanzar el objetivo: la Cueva Florencio.
     La primera impresión al ver las pinturas fue de extrañeza y sorpresa a la vez, principalmente, por pensar que parte de ese arte data de hace 1.400 años.
     En una de las paredes laterales aparecen varias líneas en tonalidades rojas y amarillas. También se divisa claramente una mano y trazos circulares. Sin embargo, la más llamativa es un dibujo rojo, con características muy similares a un barco.
     Javier miró su reloj, que marcaba que nos encontrábamos a 535 metros por sobre el nivel del mar. El paisaje que podíamos observar desde ese lugar era increíble.
     Nos quedamos contemplando las distintas representaciones a lo largo de un buen rato, mientras aprovechábamos la oportunidad para descansar un poco.

De regreso
     Descendimos sin demasiado apuro y emprendimos el camino de regreso hacia el lugar en donde había quedado estacionada la Land Rover.
     A esta altura, el viento se había vuelto cada vez más intenso y algunas ráfagas complicaban en demasía la caminata sobre los cerros.
     Caminamos disfrutando del sol y de las bellezas que ofrecen las sierras, como el Cerro Tres Picos, que desde este sector presenta cuatro puntos bien divisibles, que contrastan con su nombre.
     Cuando llegamos a la camioneta ya eran más de las 14, por lo que habíamos caminado por un espacio de tres horas. Nos subimos sabiendo que el esperado viaje comenzaba a terminar.
     No obstante, todavía nos quedaba algo más por observar. En el último tramo del trayecto, y en camino hacia Sierra de la Ventana, descendimos a la vera del arroyo para apreciar parte del caparazón de un gliptodonte incrustado en la barranca.
     Estos lugares ocultos son simplemente una parte de los misterios que esconde el cordón serrano. Descubrirlos significan todo un desafío, aunque sería importante si se encontraran abiertos para el turismo.

Las pinturas y sus características
     En el trabajo publicado en 1994 en la Revista del Museo de La Plata, Patricia Madrid y Fernando Oliva, de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata, analizan las representaciones rupestres presentes en cuatro estructuras rocosas del Sistema de Ventania.
     A la hora de hablar sobre las ubicadas en la Cueva Florencio, sitio visitado por "La Nueva Provincia" , los profesionales señalan distintos aspectos, que transcribimos a continuación:
     * "Esta estructura se caracteriza por presentar un amplio alero, en cuya pared derecha se hallan la mayoría de las representaciones".
     * "Los motivos son abstractos, geométricos, rectilíneos y curvilíneos, con la particularidad del registro de dos motivos que podrían clasificarse como figurativos".
     * "Las representaciones rupestres están realizadas en varias tonalidades de rojo y amarillo".
     * "Se hallan representados motivos de líneas rectas paralelas rojas; líneas rectas paralelas rojas y amarillas alternadas; pares de líneas rojas unidas en uno y ambos extremos por otras líneas rojas y rellenas de amarillo; alineamientos de puntos rojos; líneas rectas paralelas amarillas; recticulado de líneas rojas; líneas perpendiculares rojas; líneas cruzadas rojas; combinación de forma subcircular con líneas rectas y curvas color naranja; líneas paralelas a puntos aislados y manchas en rojo y amarillo indeterminables".
     * "Existen cuatro concentraciones que por sus características merecen ser descriptas en forma particular. La primera de ellas está pintada en distintas tonalidades de rojo y podría corresponder a un motivo figurativo de un `barco'".
     * "La segunda está integrada por motivos pintados en naranja de desarrollo horizontal. De izquierda a derecha se observa una forma subcircular más líneas curvas y rectas, tanto horizontales como verticales, vinculadas entre sí. A diferencia del resto de las representaciones de esta cueva y de las presentes en las otras estructuras en estudio, estos motivos están realizados con trazos muy delgados (2 a 3 milímetros)".
     * "La tercera se encuentra muy próxima a la segunda. Está constituida por un motivo de líneas paralelas verticales rojas de distintos grosores, una de ellas unida a una forma subcircular de trazo delgado en color naranja, de similares características al motivo descriptivo anteriormente".
     * "La cuarta concentración está integrada por un motivo de cuatro líneas paralelas y, por debajo de ellas, una forma subcircular con punto central y apéndice lateral pintados en rojo, que en conjunto se asemejan a una `mano' izquierda".

Números

17 sitios con pinturas rupestres fueron descubiertos en la extensión del Sistema de Ventania. La mayoría se encuentran en espacios privados, aunque una de las visitas que se ofrecen dentro del Parque Provincial Ernesto Tornquist permite observar este arte.

27 cuevas similares a la visitada por "La Nueva Provincia" se estima que alberga el cordón serrano en sus distintos cordones. No muchas de ellas son de acceso público.

¿Qué son los menhires?
     Se trata de una piedra larga hincada verticalmente sobre la tierra, que data de cientos de años. Si bien existen varias teorías (entre ellas, vinculadas a la energía y creencias religiosas), en muchos casos su utilización todavía infunde misterio.

Diego Alejandro Gandini/"La Nueva Provincia"