"Después de tantas pálidas, era hora que llegaran las buenas".
El defensor José Ignacio Crisafulli se adaptó en su rol de mediocampista, imponiendo vértigo, dinámica y mucha
solidaridad.
Jugó, hizo jugar, creció su andar, no disminuyó en su aspecto físico y se ganó un lugar preponderante en la galería
de los destacados.
Por su recorrido, su trajín y su poder de anticipo hizo quemar las palmas de los plateístas puntaltenses. Y celebró
este Apertura, casi como un ascenso.
--¿Borraron a Comercial en el segundo tiempo?
--Totalmente. Comercial es un equipo que sale a jugar, no especuló en relación a lo que iba a ser Rosario. Ellos
hicieron lo suyo y nosotros hicimos lo nuestro. Eso hizo que el partido saliera abierto y atractivo para el público.
--¿El triunfo se sustentó en el dominio territorial?
--Y en la paciencia. Estábamos abajo en el marcador y sabíamos internamente que podíamos revertir el resultado. No
nos desesperamos.
"Ayudó muchísimo que en el arranque del segundo tiempo llegamos al empate. Eso provocó que el grupo se serene,
tocando por abajo y abriendo la cancha por los carrileros".
--¿En qué momento del campeonato se sintieron "candidatos"?
--Cuando nos quedamos con toda la ventaja. Del vestuario para afuera, muy pocos apostaban por este equipo. Puertas
adentro sabíamos que teníamos las mismas credenciales que Comercial, Libertad o La Armonía.
"Nosotros siempre supimos a qué apostábamos. Lo importante es que con el correr de las fechas nos fuimos ganando un
respeto, sin salir a hablar de nadie y jugando al fútbol".
--¿Qué te sedujo de este Rosario: el volumen de juego, el trabajo colectivo o los aportes individuales en momentos
decisivos?
--De todo un poco. Lo que me encantó de este equipo fue el rol que tuvo cada jugador. No hubo ni mejores ni peores.
Respetamos una filosofía de juego en todas las canchas. A veces salió. A veces no. Pero con el correr de los partidos
hallamos una experiencia clave. No nos alborotamos pese a estar en desventaja. Y eso fue un factor determinante.