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Funcionamiento equipista. Rosario, que a priori no era el candidato de la mayoría, se armó en silencio. Con humildad
y trabajo, confiando en el proyecto. Y lo demostró en la cancha con una campaña impecable. Con una estructura compacta
y ritmo sostenido, no sufrió derrotas y contó con variantes para doblegar a sus oponentes. Tuvo algunas actuaciones
deslucidas, es verdad, pero en general desplegó buen fútbol. Siempre intentó por abajo y, salvo en el choque ante
Sansinena (0-0), como local, convirtió goles en todas sus presentaciones en el certamen de ascenso.
2
El manejo de Federico Gómez Peña. Con gran inteligencia, administró la juventud del plantel. Salvo Horacio Mansilla,
Jorge Ramírez, Agustín Trotta y Martín Giacomaso, el resto de los jugadores que visten esta temporada la casaca
francesa no supera los 21 años. Supo transmitir sus conceptos, planificar los cotejos y consiguió que sus dirigidos
fueran obedientes al momento de volcar en el campo de juego lo ensayado durante la semana. Rosario mantuvo su idea
futbolística más allá de la condición de local o visitante. A tal punto que, fuera de casa, ganó 5 de los 6 cotejos.
3
La gravitación de los refuerzos. Llegaron pocos, aunque sumamente rendidores. Evidentemente, eligió muy bien a
Facundo Laumann, Luis Moreira y Abel Zalazar, quienes se incorporaron provenientes de Olimpo. Los tres aportaron sus
condiciones. El zaguero impuso presencia y también goles (3), el volante por derecha exhibió habilidad, trajín, pegada
y constante ida y vuelta y el carrilero zurdo, mucha picardía para encarar con la pelota al pie por su sector. Los
retornos de Trotta y Mansilla potenciaron las chances y la base que quedó del año anterior respondió con acierto.