Un estudio publicado recientemente en el "European Heart Journal"
brinda nuevas luces sobre los ataques cardíacos.
Los investigadores encontraron que los hombres cuya frecuencia cardíaca se incrementó más, durante un estrés mental
moderado, justo antes de realizar un ejercicio físico, tuvieron, en su vida posterior, el doble de riesgo de morir de
un ataque cardíaco repentino que los hombres cuya frecuencia cardíaca no se incrementó tanto.
Este estudio es el primero en descubrir esta asociación.
Teniendo en cuenta que tomar el pulso de un paciente es un procedimiento simple y económico, parece un modo simple
de identificar a las personas que podrían tener más riesgos de sufrir ataques cardíacos.
El profesor Xavier Jouven, del Hospital Europeo Georges Pompidou, en París, Francia, quien condujo la investigación,
dijo que los descubrimientos tienen significativas implicancias clínicas.
Afirmó que la gente que mostró un mayor incremento de la frecuencia cardíaca, frente a un estrés moderado, podría
tomarse en cuenta para futuras investigaciones y desarrollarse, así, estrategias de prevención dirigidas, en primera
instancia, a reducir la probabilidad de la enfermedad cardíaca.
Un serio problema
La muerte súbita, por ataque cardíaco, es un problema de salud importante.
Sólo en los Estados Unidos, con una población de alrededor de 306 millones de habitantes, se producen por año entre
200 y 400 mil muertes por ese motivo.
Mientras tanto, en 27 ciudades de la Unión Europea, que tienen una población total de 497 millones, ocurren 486 mil
muertes al año, por la misma causa.
Según las estadísticas, menos de un 5 por ciento de las personas que sufren un ataque cardíaco son exitosamente
resucitadas.
Por lo tanto, poder identificar tempranamente, en una población aparentemente sana, a quienes están en mayor riesgo
sería un gran paso para prevenir algunas de esas muertes.
Jouven y sus colegas examinaron datos de un estudio prospectivo realizado en París, con 7.746 franceses de entre 42
y 53 años, que estaban trabajando como policías.
Estas personas se realizaron electrocardiogramas y otros exámenes físicos, entre 1967 y 1972.
Se les midió la frecuencia cardíaca, primero en estado de reposo y luego unos pocos minutos antes de que hicieran un
ejercicio en bicicleta.
Estar preparándose para el test de ejercitación en bicicleta fue un momento en el que los investigadores
consideraron que esos hombres estaban bajo un estrés mental moderado.
También se les midió a los participantes del estudio la frecuencia cardíaca durante el ejercicio y durante el
posterior período de recuperación.
Luego se hizo un seguimiento de estas personas durante un promedio de 23 años.
En ese período hubo 1.516 fallecimientos, incluyendo 81 muertes por un súbito ataque cardíaco.
Luego de hacer un ajuste, considerando factores como el fumar, la edad, el peso, los ejercicios, los niveles de
colesterol y diabetes, los investigadores hicieron un interesante hallazgo.
Encontraron que a aquellos a los que se les había incrementado más de 12 latidos por minuto la frecuencia cardíaca,
durante el estrés mental moderado tuvieron el doble de riesgo de muerte, comparados con los hombres que habían tenido
el menor aumento de frecuencia cardíaca (menos de 4 latidos por minuto respecto de su valor normal).
Paralelamente, los hombres que habían tenido el mayor aumento de frecuencia cardíaca durante el ejercicio tuvieron
menos de la mitad del riesgo de morir súbitamente, comparados con aquellos cuya frecuencia cardíaca había aumentado
menos durante el ejercicio.
Análisis posteriores mostraron que, de hecho, no habían ocurrido episodios de muerte súbita por ataques cardíacos
entre los 440 hombres que incrementaron menos su frecuencia cardíaca durante el estrés mental moderado y más durante el
ejercicio en la bicicleta.
En cambio, la proporción más alta de decesos repentinos ocurrió entre los hombres que incrementaron más su
frecuencia cardíaca durante el período de estrés mental y menos durante el ejercicio (14 de los 471 hombres).
La predisposición genética
Además, los investigadores encontraron que el riesgo de morir repentinamente de un ataque cardíaco está muy
influenciado por la predisposición genética.
Aumenta cerca de tres veces en hombres cuyas madres murieron por esa misma causa, y cerca de diez veces cuando ambos
padres murieron por esa razón, en comparación con los hombres cuyos padres no murieron de ese modo.
Según Jouven, este estudio muestra que el incremento de la frecuencia cardíaca en un estrés mental moderado, durante
la preparación para un ejercicio, es un fuerte predictor de la muerte súbita por ataque cardíaco.
Estos hallazgos podrían tener significativas implicancias clínicas, ya que pocas mediciones en medicina son tan
económicas y sencillas de obtener en la población, en general, como la diferencia entre la frecuencia cardíaca en
reposo y antes de hacer un ejercicio físico.
Tomarle el pulso a una persona ha sido parte de los exámenes clínicos por miles de años. Es más, ya lo hacían los
antiguos chinos.
El actual estudio muestra que puede utilizarse esta técnica como pronóstico y contribuir a una mejor comprensión de
los mecanismos de la muerte por ataques cardíacos.
Los investigadores creen que el mecanismo que explica estos hallazgos está relacionado con la interacción entre los
nervios vagos (una importante parte del sistema nervioso autónomo que controla funciones inconscientes del cuerpo, como
los latidos cardíacos) y la activación simpática (activación del sistema nervioso simpático responsable del aumento de
la frecuencia cardíaca al ampliar los vasos sanguíneos en los músculos y constreñirlos en la piel y los intestinos).
Según parece, hay un balance entre la activación simpática y la activación vagal.
Durante un episodio de isquemia, cuando se reduce el flujo de sangre al corazón, la activación simpática tiende a
contrarrestarla.
Sin embargo, si no hay protección del tono vagal, la activación puede volverse incontrolada y entonces hay peligro.
En base al estudio realizado, los científicos asumen que cuanto más rápida sea la respuesta vagal, frente al estrés
mental, mayor será el efecto dañino de la activación simpática durante el episodio isquémico.
El estudio fue realizado en hombres, por lo que es necesario futuros estudios en mujeres, ya que los efectos podrían
ser diferentes.
Pero, al menos en los hombres, ya habría un modo de indentificar a quienes corren más riesgo de morir por un ataque
cardíaco repentino y también un modo de que los médicos orienten la prevención, para que esto no ocurra.
Opinión
Cómo prevenirlos
Dr. Walter Zukerman (*)
La enfermedad cardiovascular sigue siendo la principal causa de mortalidad en la Argentina, así como en el resto del
mundo desarrollado.
La muerte súbita (paciente sano que fallece sin llegar a ser atendido), el infarto agudo de miocardio y el accidente
cerebrovascular son los llamados eventos cardiovasculares a prevenir.
Ya hemos aprendido que muchas de las evaluaciones estándares son ineficaces para detectar qué pacientes
aparentemente sanos pueden presentar una muerte súbita.
Es por eso que la ciencia continúa investigando y desarrollando nuevas técnicas y modalidades para diagnosticar y
tratar a estas personas en riesgo.
La frecuencia cardíaca elevada en forma basal o como respuesta exagerada al estrés físico o mental (como menciona el
artículo) sería otra variable más a considerar.
Hoy disponemos de múltiples modalidades de estudio de detección precoz de aterosclerosis (causa principal de
obstrucción arterial) y esperamos ansiosos un método diagnóstico que puede detectar cuál de estas placas
aterosclerótica se va complicar (ruptura de placa con proceso trombótico asociado) y generar un evento cardiovascular.
En forma muy económica, con scores de riesgo podemos, en base a variables clínicas, de laboratorio y del
interrogatorio, individualizar pacientes de riesgo elevado.
En aquellos grupos con intermedia o alta probabilidad de tener un evento cardiovascular a 10 años (10 y 20%) debemos
continuar con estudios de imágenes cardiovasculares no invasivos, análisis serológicos e intervenir terapéuticamente
con medidas higiencodietéticas, farmacológicas o de revascularización, según correspondan, para bajar esa tasa de
eventos.
Con respecto a la frecuencia cardíaca basal, mantenerse entre 60 y 70 latidos por minutos sería lo ideal.
El "medicamento" aconsejable para lograr mantener las pulsaciones bajas es hacer ejercicios aeróbicos (caminar,
nadar, bicicleta, gimnasia aeróbica, etc.) en una dosis de 20 a 40 minutos por día.
Además, se recomienda controlar el estrés crónico, que aumenta nuestras pulsaciones, entre otros perjuicios.
(*) Especialista en Cardiología.