Tal como viene sucediendo año tras año, es de esperar para este 24 de marzo un conglomerado de actos y encendidas
alocuciones en repudio a las Fuerzas Armadas por haber tomado el poder del Estado en 1976. Dentro de estas repetidas
congregaciones, si bien quizás la exaltación no tendrá el tono de agresividad del año pasado, dada la mala impresión
que causó en el grueso de la ciudadanía (donde se expropió la ESMA y el general Bendini protagonizó el inmortalizado
papelón de subirse a una escalerita para bajar los cuadros de los ex presidentes Jorge Rafael Videla y Reynaldo
Bignone), los dirigentes políticos en boga, micrófono en mano, no se privarán de sacarse la foto y hacer ademanes de
guapeza frente al micrófono y las cámaras de TV (en consonancia y mimetismo con el rústico estilo impuesto por su
coyuntural mandamás).
En esta velada, al igual que en las predecesoras, recolectores de votos omitirán recordar el apoyo irrestricto que
todos los partidos políticos hicieron al golpe de Estado, y muchísimo menos a los cargos que ocuparon en aquel
verdadero cogobierno cívico-militar. Aunque estos datos son incompletos (faltan computar los cuatro años restantes de
gestión del Proceso de Reorganización Nacional), el 25 de marzo de 1979, el diario "La Nación"
detallaba que en el marco municipal la UCR comandaba 310 intendencias, seguidas por el PJ (el partido presuntamente
"derrocado"), que capitaneaba 192. En el ránking de marras, siguen los demoprogresistas con 109 intendencias, el MID
con 94, Fuerza Federalista Popular con 78, los demócratas cristianos con 16, el Partido Intransigente con, y el
socialismo gobernaba Mar del Plata. En otras áreas, el socialista Américo Ghioldi se constituía en embajador en
Portugal; en Venezuela, el radical Héctor Hidalgo Solá haría lo propio, Rubén Blanco en el Vaticano y Tomás de
Anchorena en Francia; el demoprogresista Rafael Martínez Raymonda en Italia, el desarrollista Oscar Camilión en Brasil
y el demócrata mendocino Francisco Moyano en Colombia. Asimismo, el Partido Comunista emitió proclamas de apoyo al
gobierno. Tanto es así que ésta fue la primera gestión cívico-militar que no prohibió ni declaró ilegal al polémico
partido.
Seguramente, los falsos defensores de los DD.HH. tampoco dirán que, antes del mentado 24, en los tres años de
gobierno constitucional precedentes, el terrorismo peronista de la AAA había asesinado a medio millar de personas; el
terrorismo marxista ("jóvenes idealistas", les llaman algunos medios) protagonizado por el ERP y Montoneros superaba
los 7.000 atentados y los guerrilleros desaparecidos ya ascendían a 900. Cabe destacar que el 52% de los asesinatos
perpetrados por la subversión fue llevado a cabo en la democracia antecesora a la gestión de facto.
La semana previa al cambio de gobierno, diarios antagónicos como "La Prensa" y "La Opinión"
informaban que, desde mayo de 1973, el terrorismo había causado 1.358 muertes. En ese período, no sólo no se dictó
ninguna condena a un solo terrorista, sino que centenares de ellos fueron amnistiados durante el lamentable pasaje de
Héctor Cámpora. Otro dato que tampoco será evocado es que, entre 1969 y 1979, las bandas terroristas fueron autoras de
21.665 atentados subversivos (hechos y cantidades ratificados en la sentencia dictada el 9/10/1985 por la Cámara
Federal de Apelaciones en lo Criminal y Correccional - Cap. 1. Cuestiones de hecho - Causa 13).
No sólo no hubo una voz en contra de la reacción cívico-militar de entonces (contó con el respaldo unánime de la
población), sino que hasta la clase política anhelaba el reemplazo y cambio de gobierno a efectos de desembarazarse de
una situación inmanejable. A modo sintético y ejemplificativo, el 21 de marzo, "Clarín"
informaba: "Los legisladores que asistieron al Parlamento se dedicaron a retirar sus pertenencias y algunos solicitaron
un adelanto de sus dietas"; el mismo día, "La Razón"
completaba: "Hay tranquila resignación en el Congreso frente a los inevitables acontecimientos que se avecinan". El
oficialismo, encabezado por la inverosímil "Isabelita", no sólo no brindaba respuesta eficaz a la guerra civil desatada
por el terrorismo marxista, sino que potenciaba el caos con su manifiesta incompetencia gubernamental. De la oposición
nada podía esperarse, puesto que el jefe de ésta, Ricardo Balbín (a la sazón presidente de la UCR), efectuó un público
y desembozado lavado de manos el 22 de marzo, alegando: "Hay soluciones, pero yo no las tengo".
Sin embargo, hoy, los reyes del civismo, aferrados a la valentía tardía, no sólo quieren imponer la precaria
fantasía de contar y clasificar la historia entre "buenos y malos", sino que exculpan y silencian totalmente la
irresponsabilidad política que fue la principal causa del deterioro institucional y legal de aquella época. El
lamentable saldo de esta demencial guerra tuvo (además de las acechanzas terroristas enunciadas) más de 1.000
terroristas abatidos en combate y otros 6.000 prisioneros de guerra ejecutados (desaparecidos), tal como lo puso de
manifiesto el último informe del ministerio de Justicia, en mayo del año pasado (desplomando la argucia publicitada por
las Madres de Plaza de Mayo y sus activistas asociados de que el número ascendía a 30.000).
Respecto de los terroristas desaparecidos, hasta el máximo jerarca guerrillero y líder montonero Mario Firmenich
confesó y reconoció ante el periodista Jesús Quinteros que, durante la guerra antiterrorista, el margen de error y
daños colaterales fueron muy reducidos, alegando: "Habrá alguno que otro desaparecido que no tenía nada que ver, pero
la inmensa mayoría era militante y la inmensa mayoría eran montoneros". "A mí me hubiera molestado muchísimo que mi
muerte fuera utilizada en el sentido de que un pobrecito dirigente fue llevado a la muerte".
Nada de esto será mencionado en este 24 de marzo, donde Hebe de Bonafini y el parricida Schoklender desparramarán su
odio por algún lado; la activista Estela Carlotto (de quien seguimos esperando tenga la amabilidad de probar su
condición de abuela) hará lo propio con los suyos y muchos actos serán llevados a cabo por nuestros desmemoriados
dirigentes que, sedientos de protagonismo (máxime en pleno año electoral), en nombre de la "memoria" (hemipléjica e
ideologizada) y los "derechos humanos" (de los terroristas) fustigarán el "golpe" (apoyado por los mismos partidos a
los que pertenecen) y a los "militares genocidas" (que actuaron bajo decreto presidencial de un gobierno constitucional
que en 1975 les ordenó intervenir en el campo de batalla a fin de "aniquilar el accionar de los elementos subversivos").
En efecto, la hipocresía de los que cuentan la historia oficial a base de eslogans y consignas efectistas omitirán
recordar que "la inmensa mayoría de los argentinos rogaba casi por favor que las Fuerzas Armadas tomaran el poder.
Todos nosotros deseábamos que se terminara ese vergonzoso gobierno de mafiosos", textuales palabras dirigidas a la
revista alemana "Geo"
, en 1978, por el escritor Ernesto Sábato (el mismo que después presidió la Conadep y prologó el libro Nunca Más
).
Lamentablemente, la desgraciada guerra civil ha dado pie a que los oportunistas se disfracen de justicieros, pagando
artificiosas indemnizaciones (se llevan desembolsados 4 mil millones de dólares para disfrute del terrorismo
supérstite), y no hay un sólo responsable por las AAA (que operó en democracia dirigida por el ministerio de Bienestar
Social), ni tampoco un solo terrorista preso por los 900 desaparecidos antes del cambio de mando. Bajo el amparo de
esta nueva Corte adicta, se aplica la ley penal retroactivamente, en el palacio del trueque los legisladores "anulan"
leyes de pacificación (sin que la Carta Magna lo permita) y se incurre en todos los disparates jurídicos posibles a
efectos de perseguir a las Fuerzas Armadas que, aunque con no pocos errores, combatieron con éxito contra el terrorismo
(hoy reivindicado, homenajeado e indemnizado por el gobierno nacional). Este 24 de marzo, nadie se preguntará qué sería
de la Argentina si los "adolescentes sensibles" hubieran ganado la guerra y la ciudadanía estuviese gobernada bajo el
ilimitado yugo de personajes como Gorriarán Merlo, Mario Firmenich o Miguel Bonasso.
Afortunadamente, la justicia será impartida con la misma vara, las responsabilidades se repartirán en su justo sitio
y la verdad histórica será difundida como corresponde, pues, como acertadamente dijera Abraham Lincoln: "Se puede
engañar a algunos todo el tiempo, se puede engañar a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el
tiempo".
El 24 de marzo de 1976, según la prensa de esos días:
* 20/3/1976. "Si las Fuerzas Armadas vienen para poner orden y estabilidad, bienvenidas sean". Jorge Antonio, PJ.
* 21/3/1976. En un titular de "La Razón"
se anunciaba: "Hay tranquila resignación en el Congreso frente a los inevitables acontecimientos que se avecinan". En
el mismo sentido publica "Clarín"
: "Los pocos legisladores que asistieron al Parlamento se dedicaron a retirar sus pertenencias y algunos solicitaron un
adelanto de sus dietas".
* 24/3/1976. Diario "La Tarde"
: "Esta madrugada culminó la dramática crisis en que, ante el vacío de poder político, estaba sumida la Nación. Las
FF.AA., agotadas todas las instancias del mecanismo constitucional, asumieron la conducción del Estado. A las 10, en el
edificio Libertador, la Junta Militar, integrada por los comandantes generales, el tte. gral. Jorge Rafael Videla por
el Ejército; el almte. Emilio E. Massera por la Armada y el brig. gral. Orlando Agosti por la Fuerza Aérea, prestó
juramento. Oportunamente será designado presidente de la República. Quedan suspendidas las actividades de los partidos
políticos, gremios y entidades empresarias. El Congreso fue disuelto, Isabel Perón está bajo custodia militar en el
interior".
* 25/3/1976. Editorial de "La Nación"
: "La crisis ha culminado. No hay sorpresa en la Nación... En lugar de aquella sorpresa, hay una enorme expectativa...
Precisamente por la magnitud de la tarea a emprender, la primera condición es que se afiance en las Fuerzas Armadas la
cohesión con que han actuado hasta aquí. Hay un país que tiene valiosas reservas de confianza, pero también hay un
terrorismo que acecha".
* 25/3/1976. Editorial "Un final inevitable", de "Clarín"
: "Se abre ahora una nueva etapa, con renacidas esperanzas. Y si bien el cuadro que ofrece ahora el país es crítico, no
hay que olvidarse que todas las naciones tienen sus horas difíciles y que el temple de sus hijos es capaz de levantarla
de su ruinosa caída".
* 26/3/1976. De "Clarín"
: "Favorable repercusión tuvo en el exterior la asunción por parte de la Junta Militar del gobierno de la Nación. Quizás
el mejor indicador se reflejó en el mercado de cambios de Montevideo, donde el peso argentino experimentó ayer un alza
del 15% con respecto a la jornada anterior".
* 28/3/1976. De "La Opinión"
: José Ignacio López, luego vocero presidencial de Alfonsín, dijo sobre el nuevo ministro Martínez de Hoz: "El futuro
ministro se ubica entre aquellos que han advertido que el hombre de negocios no puede permanecer recluido en el
estrecho círculo de sus negocios, sino que debe participar crecientemente en la solución de los problemas de la
sociedad contemporánea".
* 1/4/1976. De "Clarín"
: "...la gran familia argentina, nuestra nación, está herida y sangrando...; más de una familia está hundida en la
amargura por alguien que se fue, por alguien que no supo vencer una pasión o por alguien que abandonó el hogar por la
seducción de una aventura criminal, a veces".
* 28/6/1976. Revista "Para Ti": "Los paños tibios o los medios términos no corren a esta hora del mundo".
* 2/4/1976. De "Clarín"
: dijo el obispo diocesano, monseñor Juan Rodolfo Layse: "Pido al Señor que ilumine y guíe a quienes han asumido esta
heroica y tremenda responsabilidad de restablecer valores que ayuden a la felicidad de nuestro pueblo, exhorto a la
comunidad a pedir la gracia de ser eficaces colaboradores en una obra que hoy, como siempre, requerirá la cooperación
responsable de todos".
Nicolás Márquez es abogado y reside en Mar del Plata. Es autor del libro
La otra parte de la verdad.