Desde el público volaron al escenario una zapatilla y una alpargata.
Promediaba el show que Divididos brindó el sábado en el predio de la FISA, todavía vibraban los acordes y las penas
de El arriero
de Atahualpa Yupanqui, cuando Ricardo Mollo levantó los calzados, uno en cada mano y preguntó: "¿Campo o ciudad? ¿Con
cuál me quedo?".
Dejó la zapatilla arriba de un bafle y usando la alpargata como púa tocó en la guitarra la intro de Voodoo Child
, de Jimmy Hendrix.
Virtuosismo, potencia, barrio y folklore; Divididos es mucho más que una simple banda de rock. El trío liderado por
Ricardo Mollo defiende arriba del escenario un repertorio a través del cuál se escribe un capítulo importante de la
música en nuestro país.
Sobreponiéndose a los problemas de sonido y ante muy buen marco de público, Divididos volvió a Bahía, a más de siete
años del show fallido de 2002, acompañados por Sandro, Yupanqui, Mercedes Sosa y Luca Prodan.
El heterogéneo público que acompañó a la banda vibró con un arranque furioso con Elefantes en Europa y
El 38 y vivió momentos de emoción cuando sonaron Spaguetti del rock y Par mil.
La gente pudo acomodarse a su gusto en el amplio predio. Una señora que superaba cómodamente los 60 bailaba sola al
ritmo de Acariciando lo áspero
, mientras que a unos pocos metros, una nena de no más de diez años saltaba y se ponía en puntas de pie para intentar
divisar el escenario.
En el centro, estaba la hinchada, un grupito que cantaba como si estuviera en una cancha de fútbol, arreaba banderas
y le pedía a la banda que "ponga h...". Para ellos no había saturación cuando la "aplanadora del rock" hizo explotar el
Rock and roll de rasputín.
A los costados, alejados del tumulto, estaban los padres que llevaban a sus hijos a conocer a esta banda, que hace
siete años que no edita un disco de estudio. Después del show, cuando pase la sordera, seguramente los padres tendrán
que explicarles quién fue Luca y porqué todo el estadio cantó en una sola voz La rubia tarada
, mientras Mollo aplaudía a la gente.
Y en los rincones, cayeron los derrotados, los que no pudieron aguantar de pie hasta el final, cuando
Cielito lindo y Ala delta provocaron los pogos más encendidos de la noche.
En definitiva, a pesar de que incluyeron algunos temas nuevos difíciles de apreciar entre el ruido, Divididos vino a
ratificar su bandera de banda histórica de la música argentina y lo hizo con gran autoridad.
Motor nuevo para Sandro
Uno de los momentos de mayor intensidad fue cuando el trío interpretó Tengo
de Sandro, en su versión incluida en Tributo a Sandro, un disco de rock, un homenaje al Gitano
, que por estos días lucha por su vida tras ser sometido a un doble transplante de corazón y pulmones.
"Esto es para un grande, que se está poniendo motor y carburador nuevo. Esperemos que también le pongan caja
automática y vuelva a mover la pelvis", dijo Mollo antes de tocar la potente versión del clásico, mientras las 2.500
personas que asistieron festejaban intentando transmitirle al ídolo popular algo de la energía generada para la
recuperación.
Una tucumana grandota
Vientito del Tucumán
es una de las canciones más simples y emotivas de Divididos. El bajo y la batería hacen de base para que Ricardo Mollo
luzca su voz y la poesía quede en primer plano.
"Para una tucumana grandota que se fue", dijo dedicándole la canción a Mercedes Sosa y canto: "Tu que conoces mi
pena,/ vientito del Tucumán,/llévala por esos montes,/pero en forma de cantar."
Matías Matarazzo/Especial para "La Nueva Provincia"