Un grupo de cirujanos se reúne frente a una gran pantalla de video donde se va a presenciar una operación a corazón
abierto.
La particularidad es que se está realizando, en vivo, en un quirófano contiguo y las voces que se escuchan por los
parlantes son las de quienes la estarán realizando en instantes, que pueden dialogar con los que están en el salón
donde está la pantalla.
El cardiocirujano español Gonzalo Aldamiz-Echevarría Del Castillo, que en la Clínica Recoletas de la ciudad española
de Albacete es el jefe de Cirugía Cardíaca, es quien realiza la operación.
Consiste en intervenir, simultáneamente, las aurículas, cavidades de la parte superior del corazón, y sus válvulas
con el sistema de ablación por ultrasonido denominado Epicor.
Introduciendo una cincha emisora de ultrasonidos que rodea al corazón, se eliminarán las conexiones nerviosas que
producen, en la paciente de 56 años que está en la mesa del quirófano (y cuya identidad, obviamente, está reservada),
la fibrilación auricular que es la causa de su insuficiencia cardíaca.
La afección que sufre la mujer suele presentarse como consecuencia de otras lesiones cardíacas previas, tales como
infartos.
Es común en un 10 por ciento de quienes tienen tratamientos de by-pass y en la mitad de las personas con problemas
en las válvulas cardíacas.
La paciente --explican los cirujanos desde el quirófano-- podrá salir con el ritmo cardíaco normalizado
inmediatamente después de la operación, pero lo normal es que este logre regularizarse en el transcurso de los seis
próximos meses.
Mal del corazón
Ahora bien, ¿a qué se llama estar "mal del corazón"?
En general, a la insuficiencia coronaria, que es la primera causa de muerte.
Hoy por hoy, las arterias del corazón (coronarias) se tratan mediante angioplastía, que consiste en llegar a
determinados puntos en el trayecto de la arteria, mediante un pequeño catéter que se inserta a través de un pequeño
agujerito que se hace, por lo general, a la altura de la ingle.
De ese modo, con una invasión que sólo es cruenta en un grado mínimo, se logra resolver una operación altamente
compleja.
Cuando las coronarias están más deterioradas puede no ser suficiente con una angioplastía y para prevenir un infarto
se realiza el by-pass a través de una incisión a corazón abierto, de 8 a 10 centímetros.
Otras insuficiencias son las causadas por las válvulas cardíacas, que no tienen, por ahora, otra modalidad de
intervención que no sea la cirugía a corazón abierto.
Lo que se está introduciendo hoy, en este terreno, son las cirugías llamadas mini-invasivas.
Eso es, sin duda, mucho mejor para la comodidad del paciente, ya que causa menos daño por la incisión, por la
anestesia y por el período posoperatorio necesario, pero no siempre posibilita mejores resultados terapéuticos.
De hecho, para el cardiocirujano José Luis Navia, que se desempaña en la Cleveland Clinic (Estados Unidos) y dirige
el área de Cirugía Cardíaca del ICBA, hay una especie de relación inversa.
"Cuanto más chiquita es la incisión, más difícil es hacer la cirugía", sentenció.
Hace casi una década que se realiza este tipo de operaciones con mínima invasividad y las técnicas han ido creciendo
en seguridad y eficacia.
Lo que avanzó muchísimo en todo este tiempo es la tecnología, que permitió tener instrumental más largo, separadores
especiales, cámaras con imágenes tridimensionales en la cabeza del cirujano, al operar.
Explica Navia que el sistema de escisión por ultrasonido, aprovecha el mismo mecanismo fisiológico que un
ecocardiograma, pero con una intensidad mil veces mayor del sonido, teniendo en cuenta, como referencia, que una
intensidad veinte veces mayor que la utilizada en una ecografía ya dañaría los tejidos.
Este sonido se manifiesta obviamente en una frecuencia imposible de captar para el oído humano.
Esa energía desarrollada se utiliza, en la operación de fibrilación auricular, para realizar en el tejido muscular
los cortes necesarios, previamente calculados, que permitirán normalizar el ritmo cardíaco.
La técnica por ultrasonido se puede aplicar en operaciones por problemas valvulares, no en las operaciones que se
hacen como resultado de un infarto, como el by-pass.
Para Navia, lo bueno de estas nuevas tecnologías quirúrgicas, que cuentan con aprobación del ANMAT, es que ya han
sido sobradamente probadas, mediante estudios clínicos en el exterior, y que, al llegar a la Argentina ya están
debidamente probadas y, por lo tanto, se tiene un marco de seguridad sobre su funcionamiento y sus resultados.
"Es lo bueno de ser pobres...", ironiza.
La arritmia y su solución
La fibrilación auricular es un tipo de arritmia de los más frecuentes.
El sistema nervioso simpático regula los movimientos involuntarios de diástole y sístole cardíacos, normalmente
acompasados y perfectamente coordinados.
La arritmia por fibrilación se produce cuando, además de las terminaciones nerviosas que normalmente comandan el
ritmo con que el corazón bombea sangre, existen otras conexiones anómalas que producen contracciones irregulares.
El corazón pasará a latir más desordenadamente, sin tanta coordinación, y, como consecuencia, habrá un flujo
irregular de la sangre.
Se formarían coágulos en el corazón y se puede generar un riesgo de embolia, capaz de causar la muerte súbita o
serios trastornos neurológicos por obstrucción de la irrigación cerebral, imposibles de revertir.
Este riesgo sólo es posible diagnosticarlo mediante un electrocardiograma, porque perfectamente puede no dar
síntomas e, incluso, el pulso de la persona puede ser totalmente regular, advierte el médico.
Las causas de esa arritmia pueden haber sido variadas: si no es heredada, puede ser producto del tabaquismo, del
alcoholismo, de problemas irresueltos en las válvulas cardíacas.
"El problema es que una vez hallada la causa e, incluso solucionada, esa irregularidad queda permanentemente en el
corazón", explica Navia.
La solución posible será, entonces, eliminar por vía quirúrgica la causa inmediata, que es la persistencia de esas
conexiones nerviosas que están causando los movimientos desacompasados.
En algunos casos las conexiones nerviosas causante de la arritmia pueden eliminarse por cateterismo.
Esas conexiones irregulares, explica Navia, deben ser previamente identificadas en cada paciente, aunque las formas
en que suele presentarse son parecidas entre sí en el 90 por ciento de los casos.
En general, el diagnóstico puede tenerse después del electrocardiograma de rigor, aunque pueden hacerse, para una
mejor identificación, otros estudios electrofisiológicos del corazón del paciente.
La operación de la mujer de 56 años en el quirófano, como era de suponer, fue exitosa.