Padecer un accidente, por tratarse, evidentemente, de un hecho circunstancial y fortuito, lleva al individuo a
sufrir cambios físicos y/o psíquicos, que pueden llegar a repercutir por el resto de su vida, aunque no le deje
secuelas físicas.
El cerebro se encuentra literalmente "flotando" dentro del cráneo y, a pesar de tener mecanismos que lo defienden de
los traumatismos, estos pueden ser vulnerados, de acuerdo con la magnitud del mismo.
Debemos considerar que vasos sanguíneos entran y salen del encéfalo, al igual que vías nerviosas, que puede sufrir
atricciones, elongaciones y rupturas y lesiones en la sustancia blanca cerebral, con las consecuencias lógicas de tales
lesiones (parálisis, trastornos de la sensibilidad, pérdida de la visión, gusto u olfato, etc.).
Pero más allá de las lesiones macroscópicas, ocurren cambios en la mentalidad del sujeto, de tres tipos:
1) Intrusivos o de reexperimentación: pesadillas, recuerdos, flashbacks, malestar psicológico intenso, al exponerse
a estímulos que recuerden el acontecimiento traumático, etcétera.
2) Evitativos: respecto de situaciones, lugares, personas, pensamientos relacionados con el evento traumático,
restricción de la vida afectiva y del apego con los demás, desinterés y desgano, desesperanza, sensación de futuro
abreviado.
3) Hiperactivación: irritabilidad, ataques de ira, hiperalerta, respuesta exagerada, insomnio.
Es frecuente que el paciente refiera tener una sensación constante de "no sentirse bien", que se contradice con el
aparente buen estado de recuperación que evidencia, inclusive, esta "sensación", acompaña a aquellas personas que no
padecen secuelas físicas.
Muchas de ellas y si ocurriese dentro del ambiente laboral, pueden ser interpretadas como neurosis de renta; esta
falta de comprensión de la situación no hace más que empeorar la situación.
En consecuencia, es importante, para un accidentado, considerarlo como un ser integral y pensar que, además de que
puede presentar lesiones físicas, las psíquicas derivadas del trauma son igual de importantes y se debe plantear un
tratamiento de rehabilitación y estabilización conductual.
El doctor Oscar Colombo, autor de este comentario, es Neurólogo.