Es frecuente observar la repercusión que alcanzan las noticias que involucran a los accidentes de tránsito.
Páginas y páginas son llenadas con la intención de concientizar, a veces, a peatones y conductores.
El número de muertos engrosa las listas de la tragedia, pero poco se sabe de quienes quedan con secuelas que
trastocan su existencia.
Los accidentes automovilísticos dejan, tras de sí, a muchísimas personas con traumatismo de cráneo.
Las partes del cerebro más comúnmente afectadas en estos eventos son los lóbulos frontales, que controlan las
llamadas funciones ejecutivas, como la atención, planificación, la regulación de conductas, entre otras,
También, los movimientos del cuerpo como, por ejemplo, caminar, las acciones de brazos y piernas, el equilibrio y la
deglución.
Pueden quedar perjudicadas, asimismo, las emociones y la capacidad intelectual, lo que afecta toda la vida social y
familiar.
Como es habitual que se dañe el lóbulo frontal y temporal por el impacto contra el cráneo, con frecuencia se ve
alterado el sentido del olfato.
Del mismo modo, pueden resultar perjudicados los nervios ópticos o bien las fibras que conducen los estímulos
visuales ya procesados en la retina, produciéndose diferentes déficits visuales, según el área cerebral lesionada.
Según explicó la psiquiatra y jefa de Neuropsiquiatría del Instituto de Neurología Cognitiva y del Instituto de
Neurociencias de la Fundación Favaloro, Alicia Lischinsky, las consecuencias psíquicas y conductuales de un traumatismo
de cráneo no son las mismas en todos los casos, ni tienen siempre la misma gravedad.
Hay factores que predisponen a la aparición de estos problemas o bien interfieren en la recuperación postraumática.
No hay una sola respuesta
"Entre estos factores se encuentran los antecedentes psiquiátricos previos al traumatismo, la edad avanzada, el
consumo de drogas o alcohol, las enfermedades arteriales, y también problemas sociales como inestabilidad económica,
inconvenientes de pareja o una vida social pobre.
Resulta fundamental la personalidad previa de la persona, como así también el entorno familiar que jugará un rol
clave en la recuperación y aceptación de la situación", sostuvo.
Las secuelas emocionales y conductuales, según la psiquiatra, pueden variar y dependen, en gran medida, de la lesión
cerebral misma y no necesariamente responden a una respuesta "lógica frente a la pérdida o al hecho de haber sufrido un
accidente".
Así, se puede presentar depresión, apatía, falta de interés o bien desinhibición, falta de control de la conducta,
falta de conciencia de los límites, hiperactividad o impulsividad.
La familia y los amigos
Inicialmente, quien sufrió un traumatismo de cráneo recibe, en general, mucho apoyo y presencia de familiares y
amigos en las etapas agudas de la internación.
No obstante, cuando se retorna al hogar comienzan las dificultades y la percepción de la nueva realidad que todos
deben enfrentar.
El cambio que implica para toda la familia siempre es significativo. Mucho más, cuanto mayor sea la severidad del
traumatismo y sus consecuencias.
"Los amigos en general, poco a poco se distancian y no saben cómo tratarlo o bien se pierden los puntos en común que
tenían antes del accidente. No soportan ver `cómo quedó' y es frecuente escuchar de parte de estos que la persona `ya
no es la de antes'", explicó Lischinsky.
La pregunta es cómo ayudarlo.
Según la experta, es muy importante incluir a los familiares y amigos en el proceso de recuperación, de diversos
modos que deben ser sugeridos y orientados por el equipo terapéutico y el entorno afectivo.
Todos deben ser informados adecuadamente para que intervengan en forma afirmativa y colaboren en lugar de interferir
con la recuperación.
Si es oportuno, que lo saquen a pasear o lo ayuden a recuperar recuerdos comunes, o sustituyan por unas horas al
familiar encargado de cuidarlo.
La familia necesitará una nueva dinámica.
El abordaje terapéutico
Como las consecuencias del traumatismo de cráneo son tan diversas, se requieren un abordaje simultáneo y coordinado
de profesionales de diferentes especialidades.
Los problemas cognitivos (funciones intelectuales) precisan de neuropsicólogos especializados en rehabilitación.
Las alteraciones de la comunicación y el lenguaje deberán ser tratadas por fonoaudiólogos y neurolingüistas.
Para los problemas de reintegración laboral y académica hay terapistas ocupacionales.
Los problemas de la marcha, equilibrio y control motor requieren kinesiólogos especializados en rehabilitación y los
problemas conductuales, psicólogos especializados en rehabilitación.
A su vez, se necesitará la intervención de neurólogos y psiquiatras entrenados en el manejo particular de las
medicaciones que permitan optimizar el funcionamiento cerebral y controlar las conductas inapropiadas.
Las dificultades de reintegración de la persona con traumatismo de cráneo son consecuencia, sustancialmente, de los
déficits cognitivos y conductuales que persisten más allá de la etapa aguda de recuperación física.
"La rehabilitación cognitiva es una disciplina muy poco desarrollada en nuestro país. Está dirigida a quienes tienen
problemas de atención, memoria, razonamiento o lenguaje, es decir, funciones ejecutivas, y está a cargo de los
neuropsicólogos.
La psicoterapia cognitivo conductual trabaja en forma muy directiva, con objetivos muy concretos, que tienden a que
funcionen de otra manera el pensamiento, la emoción y la conducta", explicó Lischinsky.
Otro de los puntos fundamentales, en la rehabilitación, es la terapia ocupacional, ya que muchas veces se ve
afectado el desempeño laboral del paciente.
Los terapistas se encargan de conocer las funciones que cumplía esa persona antes de sufrir el traumatismo y cuáles
son las que pueden cumplir después.
También trabajan con los empleadores, para intentar reubicarlos en otras áreas dentro de la empresa.
El kinesiólogo se ocupará de mejorar todos los aspectos vinculados con la pérdida de movimiento.
"Las familias de los pacientes son fundamentales en el tratamiento, ya que son las primeras en sufrir los cambios de
la conducta de quienes padecieron un traumatismo de cráneo, y serán, a la postre, quienes permitan o no que los logros
del tratamiento se afiancen en la vida cotidiana. Por esta razón, su inclusión en la terapia es clave", concluyó
Lischinsky.