En Barcelona '92, la única medalla olímpica argentina fue el bronce que consiguieron Frana-Miniussi, dobles en
tenis. Extraoficialmente brillaron los pelotaris y el equipo de hockey patín, pero eran exhibiciones fuera de programa.
Entre los 107 enviados a tierra catalana, iba un correntino de 21 años, campeón sudamericano juvenil de windsurf a
los 17. No le fue bien en su debut olímpico a Carlos Espínola, 24º en clase Lechner.
Cuatro años después en Savanah, Georgia, la subsede Acuática de Atlanta '96, inició su escalada al podio.
Plata allí en windsurf, otra vez en Sydney 2000. Y desde entonces, clase Tornado, la F-1 de la vela, en pareja con
Santiago Lange, bronce en Atenas.
2004 y Beijing 2008. Cuatro medallas en cuatro ediciones, no hay antecedentes entre nosotros de tamaña eficacia,
acompañada, vale decirlo, de un modo grato hacia el prójimo, a veces ajeno entre personajes deportivos exitosos.
Por eso cuando formulen los planes para Londres 2012, si Espínola sigue --no habría clase Tornado entonces-- una
medallita tenemos casi seguro.
Rafael Emilio Santiago/Enviado de LU2 a Beijing