La tarde-noche del undécimo día de actividad olímpica nos dibujó una gran sonrisa a los argentinos por acá: primero
Curuchet y Pérez pudieron por fin en la prueba en la que se especializan, la americana, y se calzaron un merecido y
perseguido oro con Curuchet a los 43 años, toda una historia.
Más tarde, ante una multitud complacida, seducida por ciertos tecnicismos, los muchachos del fútbol humillaron a
Brasil, Ronaldinho incluido, y se encaminan a otro choque con Nigeria, como 12 años atrás.
Pero antes todavía, a unos 600 kilómetros de esta capital, en Qingdao, dos argentinos llegaron tercero y cuarto en
vela, clase Láser, tras varios días de lucha.
Fueron el cordobés Diego Romero y el sanpedrino Julio Alsogaray. Once días lucharon por una medalla. Se la quedó
Romero, bronce y fue para Italia, el primero de ellos en vela esta vez.
Romero compitió por su país en Atenas 2004. Cansado de costearse su alistamiento, reclamó ante la Secretaría de
Deporte. Según declaró, lo atendió una señora, fuera de tema, fumando, enfatizó.
Cuando le pagaron, tarde y mal, no era la misma cifra. Aceptó entonces un mayor apoyo italiano, como el rionegrino
Daniel Fontana, el triatlonista. Una donación nuestra según se mire. ¿Estamos para regalar medallas?
Rafael Emilio Santiago/Enviado de LU2 a Beijing