Lejos de los gestos ampulosos y el perfil histriónico de su breve pasado como entrenador, Diego Maradona mostró otra
cara en su debut en el banco de la Selección, con mesura y un llamativo bajo perfil.
Diego permaneció casi todo el partido en el banco de suplentes, secundado por su ayudante Alejandro Mancuso y rara
vez se acercó al "corralito" para dar indicaciones, al contrario de su colega escocés, George Burley, quien vio el
partido de pie.
En su época de técnico de Mandiyú y Racing, el "Diez" lucía llamativos y caros trajes de colores, que son parte del
pasado ya que ayer se calzó el equipo oficial de entrenamiento albiceleste para salir al campo, para luego cubrirse del
frío con una abrigada campera de la misma línea.
Apenas ingresó al campo detrás de sus dirigidos, Maradona se persignó y rápidamente se dirigió junto a sus
ayudantes al banco de relevos, donde permaneció con gesto adusto, como evitando robar protagonismo a los jugadores.
Cuando llegó el tempranero gol de Maxi Rodríguez, el flamante DT lo gritó, pero ni siquiera descruzó sus brazos y
recibió el efusivo saludo de Mancuso, quien le dio un "cariñoso codazo", como para hacerlo reaccionar.
"En el banco voy a ser como siempre soy y voy a tratar de que el equipo me de las respuestas que quiero. Y si no me
las da, me voy a mover como siempre", había dicho en la previa.
Sin embargo, el juego transcurría y Diego, con pocas indicaciones y mucha tranquilidad, analizaba sentado en calma
los movimientos de los jugadores argentinos.
Con el pitazo final del árbitro, Maradona estrechó la mano de Burley y luego lo abrazó. Acto seguido hizo lo propio
con Mancuso y Miguel Lemme, sus ayudantes que pelean por permanecer en forma definitiva en el nuevo ciclo de la celeste
y blanca.
Antes de irse del campo de juego, el flamante técnico argentino se quedó unos instantes más para dar su saludo y
apoyo a cada uno de sus dirigidos. (DyN).