Hasta el 16 de agosto, en la Biblioteca Bernardino Rivadavia (avenida Colón 31) se podrá apreciar una muestra de
esculturas de Hernán Guiraud, nieto del arquitecto Ernesto Guiraud, responsable de la construcción del edificio de la
institución entre 1927 y 1930.
En forma complementaria, en la galería de ingreso de la Biblioteca Rivadavia se expone "Imágenes de nuestra
biblioteca", un relevamiento digital del arquitecto Flavio Bevilacqua, coordinado por la comisión Muestras y
Exposiciones del Colegio de Arquitectos.
Hernán Guiraud estudió algunas de las materias de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires, pero en 1970
interrumpió ese curso para formarse en París con el escultor brasileño Sergio Camargo.
"A través de su arte, Guiraud trae información de lo absoluto, de la unidad. Habla con símbolos geométricos del
mundo racional. Conduce a pensar en la armonía de la vida, en el poder, en la fuerza, en el crecimiento", reza el
catálogo de presentación de esta selección compuesta por trabajos realizados en chapa soldada y pintada.
"Mediante la sobriedad del negro y blanco, impone ver las sutilezas de las sombras con sus matices. Enseña a
completar la Gestalt, descubriendo los espacios que quedan fuera de las formas creadas. Habla de la integración, de la
totalidad y lleva a observar la lógica de lo abstracto a través de la lógica de las secuencias geométricas", continúa
su redactora, la licenciada en Creatividad y Juego Marlene Curi.
Títulos como
Relaciones triangulares, Laberinto espacial, Alerta, Opuestos Integrados Abiertos, Homenaje a Brancusi o
El abrazo forman la exposición.
Guiraud juega. Su trabajo comienza con el trazado de unas cuantas líneas que forman vértices de diferenes ángulos y
establecen un patrón que dará inicio a la primera fase de construcción.
"El dibujo es el alma interior de la escultura, el signo de su expansión. El volumen adquiere el perfil del aire, la
suspensión de lo ingrávido" y sugiere la figura de un plano o de varios.
De esta forma, el escultor encuentra su propio lenguaje y la obra empieza a tomar forma, a definir su culminación.
"No hay escultura sin experiencia del cuerpo y la raíz de la corporidad humana, es el ritmo incesante y fluyente del
lenguaje".
Guiraud sigue su experiencia como en un juego, usando como soporte el color, la luz sobre la ausencia de luz y los
matices en la luz que se materializan en toda su obra. La luz es sometida al dominio de lo estético, orientada por
planos y superficies, ángulos, aristas y vértices. La luz es obligada a transformarse y a modificar su color al
encontrarse con concavidades y convexidades, al descubrir masas y volúmenes que la atrapan hasta integrarla en la obra.
Existe, pues, una relación entre el objeto escultórico --sólido y imperturbable-- y el espacio envolvente, mediante
el cual la atmósfera y la luz se transforman en elementos formales de la escultura, aún cuando la escultura viva su
rigidez en movimiento. Esta relación estética entre la creación del escultor y el espacio natural constituye una
dimensión propia de la obra.
El peso de la vocación
Diseñador industrial, a la vez de escultor, fue partir de 1999 cuando Guiraud decidió no evadir más su vocación
artística y dedicarse a ella de lleno.
En 2007, realizó la exposición "Esculturas Geométricas" en el Jardín de las Esculturas, Ministerio de Espacio
Público, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; una segunda exposición, "Anticipando el Museo", en el Museo de Arte
Construido; y participó en Expotrastiendas, en la galería Lo Scarabeo del Centro de Exposiciones de la Ciudad de Buenos
Aires.
Quedó seleccionado también para la I Bienal de Escultura de Valladolid, Monasterio de San Benito y recibió una
mención del Salón Nacional de Artes Visuales, Secretaría de Cultura de la Nación, en el Palais de Glace, el tercer
Premio Adquisición Salón Nacional de Santa Fe, Museo Rosa Galisteo de Rodríguez, lauros que se suman a varios más,
obtenidos desde 2001 a la fecha.
El patrimonio, una cuestión de afecto
"Si uno siente afecto por un edificio, es muy difícil que tenga, alguna vez, intención de demolerlo, como está
sucediendo hoy con muchas casas bahienses. Más allá de las leyes, hay un vínculo de afecto y orgullo que el bahiense
debería tener con los edificios que representan la historia de la ciudad", considera el arquitecto Flavio Bevilacqua.
El relevamiento digital que expone en la Rivadavia está compuesto por una serie de dibujos que él realizó a partir
de la investigación de la arquitecta sanjuanina Laura Villalobos.
"El edificio de la Biblioteca Rivadavia es emblemático. Fue el primero en el país que se construyó específicamente
para funcionar como biblioteca. Recorriéndolo, advertí que hay un corte en la construcción que, en un cincuenta por
ciento está destinada a depósito de libros y salas de lectura, y en el restante incluye salas para usos múltiples, como
el auditorio, el hall de entrada, las galerías y las salitas frontales, perfectas plataformas para uso social".
El arquitecto consideró que su colega Guiraud fue, en ese sentido, un visionario.
"Por otro lado, existen planos municipales que atienden a parámetros específicos de medidas y ubicaciones. Pero no
existen imágenes del edificio que permitan reconocerlo. Yo hice la experiencia de prestar a una docente parte de estos
dibujos para que se los presentase a los chicos de su clase, y ellos inmediatamente reconocieron el edificio porque lo
habían visitado. Estos dibujos, entonces, resultan, además de observables, practicables, se puede trabajar sobre y a
partir de ellos.
"Creo que allí es donde se constata la valoración del propio patrimonio: en que más allá de los registros que por
ley puedan existir, quienes vivimos en la ciudad podamos ver un espacio, reconocerlo y vincularnos a él desde el afecto.
"A diferencia de una foto, un dibujo implica la interpretación de quien lo realiza y se termina de completar con los
ojos del observador. Si ese observador experimenta por ese objeto un sentimiento positivo el objetivo de reconocer ese
espacio como parte de la propia identidad fue logrado", subrayó.
M.I.D.C.