"La música también es el arte de combinar los horarios", define Romina Reimers, directora del Coro de Niños,
dependiente del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires desde su creación, hace cuatro años.
El trabajo es arduo. Por eso no sólo resulta una cuestión de tiempos sino también de energías: desde principio de
año está preparando las voces de los 22 chicos --entre 8 y 15 años-- que lo integran, más un ensamble instrumental
formado por músicos profesionales (integrantes y ex integrantes de la Orquesta Sinfónica) más quince cantantes líricos,
en su mayoría del Coro Estable.
El objetivo es uno solo: concretar un concierto barroco, que será presentado esta tarde, a las 17, en la Iglesia
Anglicana (Gorriti 818) y que reunirá a 47 músicos en escena.
Será la primera vez que los pequeños coristas interpreten dos obras completas de semejante magnitud:
Stabat Mater de Giovanni Battista Pergolesi y la Cantata Nº 12 de Johan Sebastian Bach.
"Pensé en hacer estas obras con ellos porque en la época histórica que les dio origen (entre los siglos XVI y mitad
del XVII), las mujeres no podían cantar en público. Entonces sus voces eran reemplazadas por los niños en el caso de
las iglesias o por los castratis en el caso de los teatros", explicó Romina.
"O sea, que Bach cuando pensó sus cantatas y cuando Pergolesi compuso sus obras tuvieron en mente a los chicos y no
a los adultos. Entonces, ¿por qué no va a poder cantarlas ahora este coro?"
Para la joven directora, algunos de los mitos que circundan la música hacen que se asocien las voces infantiles a
canciones muy sencillas, generalmente a dos voces, como la Vaca lechera o Arroz con leche.
"Pero los chicos se engancharon muchísimo con este proyecto y lo pueden cantar muy bien.
"También es cierto que antes de empezar con este Coro de Niños yo tenía un sueño: hacer obras clásicas como en
Europa. Fui orientando el trabajo a eso y también a despertar vocaciones. Casi la mitad quiere ser músico y la mayoría
está estudiando. Además musicalmente han crecido mucho", aseguró.
Para derribar otro prejuicio que gira en torno al arte, la premisa falaz de que "sólo es para entendidos", Romina
decidió incluir también a jóvenes aún no profesionales. Tal es el caso de Pablo Stocco quien va a cantar un aria para
tenor de gran dificultad.
Broche de oro
Este concierto también tiene una connotación muy importante para su directora ya que, a través de una filmación, lo
presentará en la Universidad Nacional de La Plata como trabajo final de grado. Como broche de oro recibirá el título de
Licenciada en Dirección Coral.
"Mandé el proyecto, hablé con los profesores y después de que me lo aprobaran empecé a trabajar. Fue difícil, tiene
que estar todo `políticamente correcto', es decir, todo debe sonar muy fiel al estilo barroco", aseguró.
"Hay muchos solos vocales y orquestales, muchas partes de coro. Significó el ensayo con cada una de las partes para
luego cohesionarlas en un todo", que además de ser evaluado por el público lo será por un tribunal académico.
Para Romina, un apartado y un agradecimiento especial merecen los artistas que han contribuido con la mejor
predisposición y ad honorem para llevar a cabo este concierto. Tal es el caso de Pedro Zanek, José María Vitale,
Nicolás Domini, Jorge Falcioni, Liliana Reimers, Carlos Visnivetski, Claudio González y Rachel Bristley, en la parte
orquestal.
Y con sus voces, Luisa Reimers, Gladys Albicoro, Patricia Rinaldi, Marianela Giménez, Marisol Ferreira, Liliya
Bedrak, Margarita Itten, Rosana Entizne, Walter Quintana, Marcelo Boluña, Enrique Boland, Omar Carro, Alejandro
Tombessi y Guillermo Robaina.