El "Camino de las Estancias Jesuíticas", en la provincia de Córdoba, reconocido por la UNESCO como patrimonio de la
humanidad, se ha posicionado entre los productos turísticos de este territorio con mayor demanda en el exterior.
Este circuito constituye un itinerario cultural que permite descubrir y conocer los valores patrimoniales y la
importancia a nivel mundial de estos lugares históricos.
Las estancias están ubicadas en las localidades de Alta Gracia, Jesús María, Colonia Caroya, Santa Catalina, La
Candelaria, y Córdoba Capita, con su Manzana Jesuítica.
Si bien la elección de este producto comenzó oficialmente antes, fue la declaración de la UNESCO que le dio el
espaldarazo definitivo que lo ubicó entre los destinos con mayor demanda de la provincia.
Además, Córdoba completa su oferta con un proyecto de turismo cultural que incluye al turismo idiomático y académico.
Cabe destacar que en la provincia de Misiones lo que hay son ruinas, pero en Córdoba están las estancias totalmente
enteras. Son construcciones que están en pie.
Las estancias de Alta Gracia y Jesús María son propiedad de la Nación; las de Colonia Caroya y La Candelaria, del
gobierno cordobés; la de Santa Catalina es privada; y la del centro de la capital provincial pertenece a la orden
religiosa.
Este circuito es la ocasión para descubrir paisajes, tradiciones y costumbres que marcan la identidad de Córdoba
cultural y turística.
En el lapso de tiempo comprendido entre 1599, año de la llegada a Córdoba de la orden religiosa "compañía de Jesús",
y 1767, cuando se produce la expulsión por el Rey Carlos III de España, la compañía de Jesús estableció un sistema
cultural, social, religioso, económico y territorial único en América Hispana que marcó el desarrollo cultural,
económico y territorial de la provincia.
Ese sistema, centrado en la ciudad de Córdoba, se organizó alrededor de las empresas educativas y espirituales de la
compañía, dando origen al colegio Máximo en 1610, a la Universidad en 1622, al colegio Convictorio de Nuestra Señora de
Monserrat en 1687 y al Noviciado.
Para asegurar el sustento de esos emprendimientos culturales, se organizó y consolidó un sistema de estancias,
establecimientos rurales productivos situados en el interior de la provincia.
Las estancias fueron Caroya (1616), Jesús María (1618), Santa Catalina (1622), Alta Gracia (1643) La Candelaria
(1678) y San Ignacio (1725), que es la única que se encuentra en ruinas.