Dejé mi corazón en San Francisco, en ingles "I left my heart in San Francisco", es un viejo tema musical que
explica, o intenta explicar, el encanto de esta ciudad de estilo europeo, que tiene casonas victorianas y tranvías con
campanillas, y un manto de niebla que la cubre al amanecer y al ocaso.
En 1849 unos 40 mil aventureros llegaron a esta bahía del Pacífico en busca de oro, la gran explotación que, sólo en
ese año, reportó ganancias por 10 millones de dólares.
Años después, en 1906, un terremoto sacudió la prosperidad de la ciudad, en la que ya vivía medio millón de personas.
Y, después de cincuenta años, nació en el barrio italiano de North Beach, un movimiento que revolucionaría a los
jóvenes del mundo: los beatnicks, precursores de la fama de San Francisco como ciudad tolerante y donde el movimiento
gay logró y mantiene poder político y económico.
San Francisco se extendió hacia lo alto de las colinas, mientras otras ciudades se desparramaban por valles y
planicies.
Y no hay lugar en el mundo que haya respetado tanto las diferencias étnicas, cuando otras sociedades pugnaban por
asimilarlas a las suyas.
Esposas... sin llave
El escritor John Steinbeck, autor de un memorable libro, Viñas de Ira
, la definió diciendo que "tiene esposas de oro, de las que se perdió la llave".
Con esa frase le colgó para siempre el rótulo de "ciudad única".
Los marinos que descubrían el mundo y los frailes de la orden de San Francisco fundaron Yerba Buena, en la arenosa
orilla de la bahía.
Los militares levantaron el presidio y los monjes, la Misión de San Francisco de Asís.
Con el tiempo, Méjico se independizó de España, Yerba Buena adoptó el nombre de San Francisco y en 1848, mediante el
tratado de Guadalupe Hidalgo, la ciudad se anexó a los Estados Unidos de Norteamérica y la fiebre del oro estalló en
Coloma, en los faldeos de la Sierra Nevada.
El metal amarillo atrajo a inversores y la ciudad vivió un período de bienestar económico, intensificado por la
llegada de la Central Pacific, la red ferroviaria que comunica la península con el continente.
A ese período se lo conoce como el de "los cuatro grandes", por los cuatro comerciantes de Sacramento que dominaron
la economía californiana hasta que, ya cerca de 1870, comenzó una depresión que se extendería hasta finales de ese
siglo.
Pero debajo de su geografía subyace el peligro de los entonces imprevisibles movimientos telúricos y la ciudad, que
ya tenía 500.000 habitantes, se sacudió en 1906, por otro gran terremoto.
La reconstrucción de San Francisco, un eterno estigma para su gente, se celebró nueve años más tarde, en la
exposición Panamá-Pacific, junto con la inauguración del Canal de Panamá, una vía que abrió insospechados beneficios al
transporte marítimo de mercaderías.
Y fue durante esa larga depresión que los hombres de San Francisco se volcaron a la construcción de grandes obras
públicas, como el Golden Gate Bridge y el Bay Bridge.
La ciudad de los contrastes, paradójicamente, revitalizó su economía y creó muchos puestos de trabajo, luego del
bombardeo de Pearl Harbor y de la declaración de la guerra entre Estados Unidos y Japón.
Una manera de vivir
La ciudad está orgullosa de haber sido la sede de la firma del tratado de las Naciones Unidas, de que en ella
convivan indios, chinos, blancos, negros, filipinos, hawaianos y japoneses, y de que aún funcionen, por sus calles
sinuosas, de subidas y bajadas profundas, sus morosos tranvías.
A mitad del siglo pasado y, como consecuencia de la revuelta estudiantil de la Universidad de Berkeley, la ciudad
alumbró un movimiento planetario occidental: el movimiento hippie, que encontró su punto culminante en su famoso
"Summer of love", verano del amor, en 1967 .
Mientras tanto, en las universidades de Berkeley y, Stanford, y en el Silicon Valley, la concentración de grandes
"cerebros" conformaron uno de los más eminentes centros intelectuales del país.
Ellos marcaron un camino que propició el éxodo de capitalista agresivos y ambiciosos y que se propusieron no ceder a
la tentación de convertirse en una urbe donde no sea agradable vivir.
Se propusieron hacer de San Francisco "una manera de vivir" y entre otras decisiones limitaron la altura de los
edificios de 9 a 43 metros, según la zona.
La danza de la niebla
La temperatura, que rara vez supera los 25 grados, se complementa durante el verano con el fenómeno de la niebla, un
choque entre el aire caliente de los valles interiores y las corrientes frías del Pacífico.
La niebla de la mañana se disipa al mediodía y reaparece al anochecer, a lo largo de la bahía, volutas de niebla que
giran y flamean entre sus torres.
Viejas construcciones de la ciudad, como la fábrica de chocolates Ghirardelli, y Pier 39, un muelle de madera
reciclado, son ahora centros comerciales, en torno de los cuales se instalaron lujosos hoteles.
Lo que permanece intacto es el encantador Fisherman's wharf, el viejo muelle de pescadores que tiene unos cuantos
reductos gastronómicos que sirven platos con la pesca del día.
En el barrio North Beach, asiento de la comunidad italiana, cuyo centro es la Washington Square, están la iglesia de
San Pedro y San Pablo y los cafecitos para tomar "espressos" y "capuchinos".
En este lugar, que fue el centro de la "beat generation", está la librería City Lights, del poeta Ferlingghetti y el
café Vesubio, sobre la Columbus Avenue, dos sitios con historia.
La puerta de oro
El Golden Gate, el puente más famoso del mundo que se inauguró en 1937, tiene 2.720 metros y unos 120 mil vehículos
lo cruzan a diario. También hay un camino para peatones y es una de las obras más fotografiadas del mundo.
El presidio más famoso
Alcatraz, la vieja y famosa cárcel que funcionó entre 1934 y 1963, está en la isla del mismo nombre, en el medio de
la bahía. Llamada "La Roca", ningún preso, ni aún Al Capone, logró escapar de ella. Los ferrys llegan a la isla para
visitar el presidio con un guía.
El Barrio Chino
El "chinatown" está formado por 24 manzanas, a lo largo de la Gran Avenue, la calle más antigua de la ciudad. Es un
lugar ideal para caminar, concentra tiendas exóticas, restaurantes, mercados de alimentos, templos y pequeños museos.
En las herboristerías se venden pócimas para relajarse y se puede observar la fabricación de las "galletitas de la
fortuna".
La gran pirámide
El símbolo del distrito financiero es la Pirámide Transamérica, de 48 pisos, referencia de los turistas que caminan
por la ciudad.
Antiguo y brillante
En el Museo de la Legión de Honor hay 4 mil años de arte antiguo y europeo, incluidas obras de Rembrandt, Monet y
Picasso. En el Museo de Young hay colecciones de pintura americana clásica y esculturas africanas.
Corina Canale/Especial para "La Nueva Provincia"