MANILA (EFE) -- La presencia de mujeres en el buque escuela de la Armada argentina "Libertad", que viaja estos días
desde el puerto de Manila hasta Shanghai, ha comenzado a cambiar este cuerpo desde dentro, con una demostración de que
la competitividad y la fuerza física no están reñidas por su sexo.
El número de las tripulantes de la fragata "Libertad", en la que se forman los guardiamarinas recién salidos de la
academia es, en palabras de su capitán Juan José Iglesias, "todavía reducido". Sólo 14 de 311 son mujeres, pero la
cifra "está creciendo".
En tanto, dos de las jóvenes que iban a engrosar la lista se quedaron fuera a última hora, dado que en una revisión
médica descubrieron que estaban embarazadas y la Armada argentina no permite que nadie en ese estado se embarque.
Según Iglesias es precisamente está singularidad de las mujeres la que puede frenar su ascenso en la carrera militar
porque "tienen nueve meses que limitan mucho su capacidad para algunas tareas físicas".
"En una carrera tan competitiva como la nuestra creo que realizarse como madre y realizarse como profesional es
mucho más difícil para una mujer que para un hombre", agrega.
Así, en un cuerpo que premia la calidad operativa y que impone un mínimo de años embarcados para promocionar, las
barreras se multiplican para ellas.
A este respecto uno de los oficiales de la fragata señala que "un hombre nunca soportará que su mujer esté ocho
meses ausente", dando a entender que el carácter de ellas tiende a aguantar mejor estas situaciones.
La Armada argentina empezó a contar con mujeres en sus filas hace más de 20 años, pero sólo empezaron a embarcarse
al igual que el resto de sus compañeros en el 2005.
El capitán de "Libertad" explica que la convivencia con ellas es mucho más difícil para los veteranos --que
comenzaron su carrera en una época diferente--. "Los más jóvenes viven con total naturalidad que haya chicas en el
barco", dijo.
"Cuando llegué al buque me puse a charlar con el suboficial más antiguo que estaba a bordo, le pregunté por la
convivencia con las mujeres y él me respondió que no sabía si era bueno o malo, pero que los cabos nunca habían ido tan
prolijos a comer, ahora se peinaban, se lavaban e iban siempre bien aseados".
El buque escuela guarda más contradicciones y posibilidades de aprendizaje para su guardia marina, dentro de sus 91
metros de eslora y bajo sus 27 velas, donde viven no sólo militares sino civiles invitados, periodistas, arquitectos o
estudiantes, que comparten una experiencia única.
La travesía
En su viaje trigésimo noveno "Libertad" cubrirá su trayecto más largo, desde Buenos Aires, de donde salió el pasado
5 de mayo. Ha pasado por Ciudad del Cabo (Sudáfrica), Bombay (India) y Malaca (Malasia).
Después de Manila, visitará Shanghai (China), Tokio, Sidney (Australia), Isla de Pascua (Chile), entre otros
destinos, antes de arribar a Buenos Aires el 6 de diciembre.
Son 231 días de travesía durmiendo en sollados colectivos, cada uno de los tripulantes cuenta con una cama y una
taquilla y comparte con decenas de compañeros la misma habitación. por su parte, las mujeres duermen todas en un
camarote de 15 camas.
Los cadetes, protagonistas de la fragata, inician la jornada con clases de formación y un horario de trabajo antes
del almuerzo, después, descansan un periodo breve y vuelven a trabajar hasta la hora de la cena.
El esquema cambia cuando llegan a puerto; entonces el buque, que también es una embajada andante, se pone al
servicio del cuerpo diplomático argentino del país de turno, realiza actividades de ocio y permite a los jóvenes que
visiten la ciudad y conozcan la cultura local.
"Es el momento que todos estamos esperando, llegar a puerto y conocer un nuevo país. Nunca olvidaré la magia de
todos esos sitios", declara la cabo Ortíz.