Llegar es también volver a partir. Ultimamente es así en la vida de Sekiji Yoshida, quien una mañana decidió
emprender un "cicloviaje" por el continente americano que aún no concluye.
Este japonés de 30 años y nacido en Osaka, que dejó huellas alrededor de Australia, sigue girando en la búsqueda del
desafío personal y de sentimientos que no están del todo acomodados, según contará.
Su arribo al punto del mapa llamado "Bahía Blanca" le permitió apretar frenos por un momento, bajar de una sufrida
pero batalladora bicicleta y contar...
--¿...Por qué?
--Me gusta. Terminé Administración de Empresas, luego estudié Periodismo y cuando me recibí me fui a Australia.
Tenía 24 años y muchas ganas de conocer fuera de los límites de Japón. Así llegué a Australia y me quedé un año gracias
a un programa de intercambio. Con esa visa también pude trabajar, aunque tenía que cambiar de actividad cada tres
meses. Al principio estudié inglés. Después me dediqué a trabajar y conocer. Y luego se me ocurrió recorrer todo un
continente. Pero tenía que conseguir una manera de moverme y ahí decidí hacerlo por Australia y en bicicleta. Aclaro
que no sabía nada de bicicletas ni había hecho cicloviajes.
--¿Y cómo comenzaste?
--En Australia siempre se ven bicicletas y ciclistas. Llegan de todo el mundo. Algunos llegaban de sus países de
origen, como Alemania, Suiza, Holanda, Inglaterra... Quise hacer lo mismo y conseguí una bicicleta bastante vieja que
terminó rompiéndose. No aguantó. Pero me gustaba la idea de recorrer Australia. Es muy grande. Yo anduve dieciocho mil
kilómetros, es decir, di la vuelta a la isla.
--Es obvio que te quedaron fuerzas para seguir...
--Je, no, antes hubo una pausa. Volví a Osaka a retomar la rutina del trabajo pero no aguanté. Conocer fuera de
Japón me cambio la manera de pensar. Mi trabajo era bueno, con buena paga. Podía vivir cómodamente como periodista
independiente, haciendo de todo un poco: diseño, escrito, internet... Pero pasó medio año y me harté de estar con eso
veinticuatro horas, siete días a la semana, treinta días al mes, todo el año... No aguanté".
--Como decimos acá, "se te salió la cadena".
--Algo así. Pero no podía estar sin trabajar. Cambié de ocupación para poder continuar juntando dinero para el
próximo viaje. Fui chofer de camión y después entré en una panadería enorme, con 200 trabajadores. Allí embolsaba el
pan. Y me quedé cinco años trabajando doce horas por día, desde las 11 de la noche hasta las 11 de la mañana, seis días
a la semana.
Aquí y allá
--¿Por dónde empezó tu periplo por América?
--Ingresé por Canadá. Comencé en Vancouver y después seguí por Estados Unidos, el Gran Cañón, Las Vegas... En
realidad empecé por Canadá pero no recorrí mucho porque llegué en noviembre y era invierno. Hacía bastante más frío que
acá. Después bajé a Méjico y luego Cuba y todo Centroamérica con Belice, Guatemala, El Salvador, Nicaragüa, Costa Rica,
Panamá... Luego Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Argentina. También hice varios ingresos a Chile y regresé a la
Argentina hasta llegar a Ushuaia.
--¿Hacia dónde vas?
--Ahora estoy yendo a Buenos Aires. Después creo que seguiré por Uruguay, volveré de nuevo a Argentina por Entre
Ríos para ver Santa Fe y Córdoba. Luego a Salta y desde ahí cruzaré hasta Chile por San Pedro de Atacama. Después otra
vez Bolivia, que me falta conocer un lugar muy importante que se llama Salar de Uyuni. Cuando estuve en Bolivia la vez
pasada estaba lloviendo y no pude entrar en bicicleta porque la sal le hace mal.
--¿Qué fue lo mejor y lo peor de este viaje?
--Primero lo peor: casi muero en Perú. Fue a fines de 2006. Estaba transitando la ruta Panamericana, sobre la costa
y hacia Lima. Me faltaban quinientos kilómetros cuando me atropelló un camión, grande. Me tiró a la banquina y golpeé
la cabeza. Quedé internado en Lima durante un mes. Estuvo difícil... Suerte que el camionero paró, porque en otros
casos te dejan tirado en la ruta o te roban todo.
--Ahora está superado el trance. Estás bien.
--Sí. Y la parte buena es todo lo que está fuera de ése episodio. Por ejemplo la gente que conocí.
--¿Y el país que más te impactó?
--El que más me impresionó fue Cuba. Muy distinto a Japón. Y también a otros países latinos. Pero los cubanos son
comunistas, tienen distinta manera de vivir y pensar.
"Antes de salir de Japón me imaginaba cómo serían los países que recorrería. Pero por esta zona del continente me di
cuenta que no hay tantas diferencias con Japón. Existen, claro, pero no en la medida que yo había imaginado porque
también son ciudades capitalistas. Tienen shoppings, supermercados gigantes, laptops, todo igual... Pero Cuba me
impresionó.
Concluye la entrevista y Sekiji pregunta por un baño. Había llegado a la redacción de este diario por intermedio del
subsecretario de Deporte de la Municipalidad, Alfredo González Muñiz, quien lo recibió un sábado al atardecer
procedente de Pedro Luro, trayecto que al japonés le demandó siete horas.
Fue lo de menos. Después de un día de merecido descanso, el viaje debía continuar.
Viaje (en bicicleta) al interior del corazón
"Ahora no me hablo mucho con mi papá. Pero mi mamá está siempre de acuerdo con el cicloviaje. Y mi abuela quiere que
vuelva pronto. En cambio, a mis hermanos parece que no les interesa mucho, por no decir nada...", cuenta Sekiyi en
perfecto castellano, quien se esfuerza por contener alguna lágrima.
--El día de mañana, cuando tengas hijos, ¿aceptarías que emprendieran un viaje como el tuyo?
--Si quieren, sí. Que hagan lo que sientan.
--¿Qué otro objetivo pensás afrontar después de tu "cicloviaje"?
--No, ninguno. Antes pensaba que podría morir en el camino tratando de cumplir un sueño. Pero cambié de mentalidad.
En Méjico veía que las familias son muy unidas. Yo estuve un año allí y conocer su cultura, ver cómo es la relación
entre los miembros de una familia, me hizo concientizar y pensar más en mi familia. En algún momento, como mis hermanos
no tenían mucho interés sobre mi viaje, yo tampoco lo tuve sobre mi familia. Pero ahora, cuando termine mi viaje en
bicicleta, regresaré a Japón para estar con ellos".
Camino
"Depende. Si el paisaje es bueno elijo camino de tierra, aunque sea dura. Depende".
Bicicleta
"La pesamos en una balanza pública y pesa sesenta kilos. Cada cinco o ocho mil kilómetros hay que cambiarle la
cadena. A veces reviso rayos, cubiertas, engraso la cadena y pedales. Es lo básico. Si pasa algo tengo que arreglarlo,
pero hasta ahora no tuve problemas".
Alimentación
"Normal. En realidad no es un tema tan importante para el cicloviaje porque me alimento de todo tipo de comidas.
Estudié algo de deportes y si es posible trato de comer proteínas en la noche para hacer el proceso de asimilación.
Normalmente ingiero pastas, pan, arroz. Durante el viaje llevo suficiente agua. Me gusta comer cualquier cosa, pero
tengo que administrar el dinero. Cuando llego a una ciudad en la que sé que voy a estar unos días voy al super, compro
barato y me cocino".
Equipaje
"Carpa, colchón, bolsa de dormir y frazada. Ropa no llevo mucha porque sino la carga es demasiada. Viajo con lo
esencial para aguantar el frío y el calor. También estufa, cocina, olla, cubiertas, especias para cocinar y la laptop
(computadora portátil). Y, claro, comida y agua".
Recorridos
"¿Paradas? Durante los viajes por ahí una vez al día para alimentarme. Después, sí, para tomar agua o descansar un
minuto. Por día pedaleo un promedio de cien kilómetros, aunque en la zona de La Pampa el ritmo fue de ciento cincuenta.
Pero en las sierras, por ejemplo en Salta, Cachi, Cafayate, había mucho ripio y esos días hacía entre cuarenta y
sesenta kilómetros".
En la web
Los viajes de Sekiji pueden seguirse a través de su sitio personal, que tiene la siguiente sintaxis: www.sekiji.net.
Cuenta con buen material gráfico, como también mapa con el recorrido, diario de viaje y características de su
bicicleta. Los textos están en inglés.