El conflicto agropecuario no sólo influyó en la política argentina durante los últimos cuatro meses, y cada día con
mayor intensidad, sino que su dramático desenlace también abrió un proceso de reacomodamientos en los grupos que
componen el kirchnerismo y las fuerzas que articulan la oposición.
Los crujidos más sonoros provienen de los dos partidos que dominaron la política nacional en el último siglo: el
peronismo y la UCR.
El fenómeno es determinante porque involucra tanto la sustentación del gobierno como el armado opositor de cara a
las elecciones legislativas del año próximo.
El debate parlamentario sobre las retenciones móviles abrió heridas en el oficialismo que serán difíciles de cerrar:
no sólo el vicepresidente Julio Cobos votó en contra sino que, además, lo hicieron unos cuantos diputados y senadores
peronistas y radicales que antes habían acompañado al gobierno.
Una primera lectura indica que la "concertación plural", como llamó Néstor Kirchner al entendimiento oficialista
entre radicales y peronistas --además de alguna vertiente socialista-- está herida de muerte.
La decisión de Cobos fue el detonante, pero en rigor los cortocircuitos comenzaron bastante antes, cuando Kirchner
decidió tomar las riendas del PJ y dejó a radicales "K" y "transversales" en una situación política por demás incómoda.
Claro que Kirchner tuvo sus razones para asumir el timón del peronismo, algo que había esquivado durante su propio
mandato: la más importante fue que los disidentes comenzaban a levantar cabeza tras un prolongado ostracismo y
amenazaban con iniciar una reconstrucción partidaria.
Los llamados radicales "K" quedaron ahora en una encrucijada porque si bien cuentan con la enorme popularidad que
otorgó a Cobos su decisión en el Senado, no podrán regresar, al menos en lo inmediato, a la UCR.
Algunos, como el propio mendocino, fueron expulsados del partido de Alem e Yrigoyen y, consecuentemente, no podrán
presentarse a las internas previstas para abril de 2009, que iniciarán el proceso de renovación de las autoridades
partidarias.
En el peronismo, mientras tanto, el conflicto ruralista abrió una sangría incipiente, que si bien no es caudalosa
tiene la persistencia del goteo. La prueba más acabada fueron los catorce diputados y once senadores justicialistas que
dieron la espalda a la Casa Rosada.
Así las cosas, recuperaron presencia mediática tres figuras que habían desaparecido de las primeras planas de los
diarios, como Eduardo Duhalde, Carlos Reutemann o José Manuel de la Sota, pero que conservan un fuerte predicamento en
sus respectivas provincias.
También irrumpieron exponentes que potencialmente podrían encabezar una alternativa. ¿Nombres? Mario das Neves
(Chubut), Juan Schiaretti (Córdoba), Felipe Solá (Buenos Aires) y Francisco de Narváez (Buenos Aires).
Otro que podría incluirse en este rubro es Daniel Scioli, quien acompañó decididamente al matrimonio presidencial en
la crisis del campo, pero ahora es partidario de iniciar un proceso de "autocrítica".
Como si fuera poco, Elisa Carrió recuperó protagonismo tras su buena elección del año pasado y ya anticipó que muy
posiblemente será candidata en 2009. Además de cuestionar al kirchnerismo, disparó críticas a Cobos. Se comprende.
Ambos, tal vez, deban disputarse el electorado radical.
Está claro: el kirchnerismo perdió aliados radicales y "soldados" peronistas. Con esa perspectiva, su base de
sustentación comienza a limitarse a lo que en los últimos años pudo aglutinar: una parte del peronismo, independientes
"progresistas" y un puñado de movimientos piqueteros.
La próxima y urgente tarea de Cristina Fernández será renovar al gobierno para recuperar la iniciativa política
perdida, pero también su esposo deberá cerrar filas en el PJ para que siga dándole sustento a la administración
nacional.
Mariano Sppezzapria/NA