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   Domingo 20 de julio de 2008
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"Maracanazo" en el Senado

     "Retroceder, nunca. Rendirse, jamás". El encomillado corresponde al título de una película de culto del boxeo tailandés, que va como anillo al dedo al modo en que los Kirchner procesan las derrotas: fugar hacia adelante, redoblar la apuesta y jamás mostrarse perdidosos, ni en figura ni en acción, aunque hayan dejado, como en esta ocasión, el ropaje hecho jirones en el campo de batalla.
     Esta conocida estrategia, utilizada en oportunidades anteriores menos dramáticas, fue repuesta a la hora de no reconocer este último traspié político, aunque, como nunca antes, la realidad, que ellos mismos se ocuparon de dinamitar con decenas de pasos en falso, incluido el desencajado discurso del ex presidente de la Nación frente al Congreso, les haya estallado en la cara de tan mala manera como les explotó el "mi voto no es positivo" de Julio Cobos, un verdadero "Maracanazo" para el matrimonio "K".
     El golpe que dejó a la carpa sin visitas, al champán sin abrir y hasta desairado al piloto del helicóptero que ya había reservado el espacio aéreo para trasladar a Néstor Kirchner desde Olivos a los fondos de la Casa Rosada fue sencillamente brutal.
     El voto por el "no" de Cobos, en una materia que había dividido al país en dos, aunque no tanto por el fondo tributario de la cuestión sino porque muchas personas decidieron ser ciudadanos y no vasallos, dejó paralizado y en silencio a todo el kirchnerismo, del mismo modo que enmudeció el gigantesco estadio Maracaná en 1950... cuando el que no podía perder, perdió.
     Ahí aparecieron los gritos de "traición, traición", al mejor estilo trágico de Macbeth . Para minimizar los daños, la primera reacción del oficialismo fue la de buscar un chivo expiatorio a quien sacrificar --"si perdimos fue por culpa del referí", dijo un legislador en Olivos-- y surgió la figura del vicepresidente, emparentada con la de Judas.
     "Señor presidente (del Senado): Jesús dijo a los discípulos, `lo que haya que hacer, hagámoslo rápido' ", recordó el jefe del bloque oficialista, Miguel Angel Pichetto, la cita del Evangelio.
     En abominables pintadas callejeras, también se parangonó a Cobos con presuntas actitudes del asesinado líder metalúrgico Augusto Timoteo Vandor, allá por los años '60.
     Al margen de las consideraciones sobre la dignidad del proceder del vicepresidente, más sustentado en valores que en supuestas lealtades, en su beneficio lo primero a consignar es algo que resulta obvio, pero que sirve para marcarle un poco más la nueva cancha al gobierno: nunca se habría dado un empate, si muchos peronistas no se hubieran dado vuelta.

Hugo Grimaldi/Agencia DyN

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