Todos los delitos son censurables, y hay algunos particularmente repudiados por la sociedad.
Pero cuando se habla de delitos contra la integridad sexual, las expresiones son enfáticamente condenatorias y las
sanciones que el común de la gente pide para sus autores, van desde la pena de muerte, hasta la castración o la prisión
de por vida.
Y esto es así, porque si hay un delito que repugna la condición humana es precisamente la violación, y todo el
cortejo de sufrimientos y humillaciones que la víctima, sus familiares y allegados sufrirán, muchas de las veces, por
el resto de sus vidas.
La pregunta que surge inevitablemente es qué tratamiento penal debería darse a los depravados.
En busca de una respuesta, "La Nueva Provincia"
consultó al médico psiquiatra Miguel Angel Maldonado, con más de treinta años de experiencia, quien procuró mantener un
delicado equilibrio entre las íntimas pulsaciones de rechazo a la figura del violador y el rigor científico que debe
mantener a ultranza quien ha dedicado su vida al estudio de las ciencias de la conducta y a la investigación criminal.
"En primer lugar, y para que no queden dudas, debe aclararse que no cabe plantearse si los violadores tienen cura,
puesto que no son enfermos", destacó.
La administración de tratamientos --afirmó-- sirve para salvar la vida o atenuar una enfermedad, aunque no surte
efecto en quien no está enfermo.
"Esa es la situación de los violadores, que comprenden perfectamente la criminalidad de sus actos y pueden dirigir
sus acciones. Saben lo que hacen y, por lo tanto, son plenamente imputables", señaló.
Aclaró que los depravados presentan "trastornos de personalidad, con una especie de atrofia afectiva".
"No tienen sentimientos altruistas y, por el contrario, cuando ven sufrir a una persona, gozan en lugar de ayudarla
y condolerse", agregó.
Sadismo y ferocidad
Estos "desórdenes de personalidad" que manifiestan los autores de delitos contra la integridad sexual, son claros
rasgos antisociales y perversos.
"Disfrutan con el sufrimiento, la humillación y el sometimiento de la víctima, y son las principales características
que se detectan en esos individuos que, dicho sea de paso, prácticamente todos son seriales", dijo Maldonado.
El profesional no omitió referirse al horrendo ataque que sufrió una niña de 10 años en Coronel Dorrego, el
miércoles 18 de junio, cuando se dirigía a un club de aquella ciudad para practicar básquetbol.
"El violador (por el único imputado, Mauro Schechtel) tenía antecedentes previos de haber intentado abusar a otras
niñas, y en el caso último, no sólo embistió y cometió el ultraje, sino que también intentó matar a la víctima
prendiéndola fuego, lo que da una idea del sadismo y la ferocidad de que son capaces estos individuos", manifestó.
Algunas estadísticas señalan que aproximadamente el 80 por ciento de los condenados por delitos contra la integridad
sexual reincide, lo que reafirma la serialidad de estos malvivientes y la inutilidad de intentar con ellos una
reinserción social, advirtió Maldonado.
"El 20 por ciento, que pareciera no ser reincidente, en realidad son individuos lo suficientemente inteligentes como
para no dejar huellas de su accionar delictivo, y por ese motivo sus crímenes quedan generalmente impunes", continuó.
Lo que también sorprende a los observadores, es que muchos de estos violadores tienen una familia y hacen una vida
que parece "normal".
Generalmente poseen un trabajo estable, una mujer o compañera, hijos y algún grupo de amistades que desconocen "el
lado oculto" de la persona. La "fachada perfecta" para que nadie desconfíe de su psicopatía perversa y antisocial.
Aislamiento de por vida
Para el psiquiatra Miguel Angel Maldonado, "esta clase de personas es peligrosa para la sociedad y deben ser
aisladas de por vida. La cárcel o el manicomio no son los lugares adecuados, pues quien cae preso por estos delitos, no
debería volver a la sociedad nunca más".
Según el entrevistado, es necesario crear institutos especiales que "tengan severas normas de disciplina, donde se
los haga trabajar de forma obligada y con periódicos controles de su estado psicofísico".
Y agregó: "También deberían crearse en las distintas jurisdicciones, cuerpos especiales multi e interdisciplinarios
que estuvieran especialmente entrenados, capacitados y equipados para entender y actuar en delitos contra la integridad
sexual".
"Pasando por la creación de los registros de ADN de violadores que hayan recibido condena y tareas de prevención en
los sectores sociales más vulnerables a este tipo de delito, hasta la ubicación geográfica de estos individuos que son
potencialmente peligrosos y su discreta vigilancia, hay un largo camino que nuestra sociedad deberá recorrer para
defenderse, legítima y justamente de estos sujetos", afirmó.
Maldonado resaltó que "no se trata de ser cruel ni despreciar la observancia a ultranza de los derechos humanos; se
trata, definitivamente, de preservar lo que significa un legítimo derecho de la sociedad toda de protegerse de aquellos
delincuentes que atentan contra la integridad sexual de sus integrantes".
Conmoción en Coronel Dorrego
El 18 de junio, Coronel Dorrego se vio conmovida por el salvaje ataque que una niña sufrió cuando se dirigía, en
bicicleta, al club Independiente para practicar básquetbol.
A metros de la sede deportiva, ubicada en San Martín y Costa, la menor fue atropellada por un automóvil cuyo
conductor, Mauro Emilio Schechtel, se ofreció a llevarla a un hospital.
De esa manera el sujeto consiguió subir a la menor a su rodado y, luego de trasladarla hasta un descampado próximo a
la ruta 72, la violó y después la roció con combustible y le prendió fuego, con intenciones de matarla.
Pese a sufrir gravísimas lesiones --que la mantienen internada en el Hospital Garrahan de la ciudad de Buenos
Aires--, la víctima se desplazó hasta la carretera y allí fue auxiliada por un camionero y, después, por la policía.
A pesar de su delicada condición, la niña aportó datos que fueron fundamentales para que los investigadores
atraparan al presunto autor del salvaje ataque.
Schechtel fue capturado poco después en la localidad de El Perdido, a unos 26 kilómetros de Coronel Dorrego, donde
vive una hermana suya.
Durante los últimos días, el fiscal a cargo de la investigación, doctor Sebastián Foglia, pidió a la justicia de
Garantías la prisión preventiva del individuo por abuso sexual con acceso carnal en concurso real con tentativa de
homicidio calificado, aguardándose la resolución.
"Lamentablemente, me toca de cerca"
"No me sorprendí cuando supe lo que hizo, pero no me imaginé que era tan grave como lo que pasó. Mucho no puedo
opinar porque, lamentablemente, me toca de cerca".
De este modo se expresó una cuñada de Mauro Schechtel --a su pedido, no se la identifica-- quien, durante un diálogo
con este diario en Coronel Suárez, aludió a la relación que su hermana, de 22 años, tiene con el imputado.
"Entre ellos nunca hubo problemas, era una pareja normal, incluso hacía dos años y medio que estaban buscando el
bebé. El (por Schechtel) trabajó siempre y al momento del hecho estaba trabajando en una empresa de gas en Monte
Hermoso; incluso, le habían propuesto quedarse para un cargo más alto", declaró.
En este sentido opinó que "si hubiese aceptado ese trabajo, quizás no hubiera pasado esto".
Añadió que su hermana "hace seis años que está en pareja, desde que se conocieron en marzo de 2002".
"Ella había repetido primer año Polimodal, empezó en el nocturno y se conocieron allí. En el 2003 se fueron a vivir
juntos, estuvieron un tiempo en Guaminí, Sierra de la Ventana, unos seis meses en cada lugar, y después se fueron a
Monte Hermoso, donde se radicaron aproximadamente tres años", expresó.
Durante esa época, la joven no mantuvo contacto con su hermana, hasta que "sucedió esta desgracia".
"Ella se vino a vivir acá (por Coronel Suárez), donde nació su beba, que ya cumplió un mes de vida. Nos dejamos de
ver por la distancia y porque yo sabía muy bien lo que había pasado con él anteriormente", dijo.
Y aclaró que en varias ocasiones "intenté hacerle entender a mi hermana que no le convenía, pero estaba y está
enamorada".
Manifestó que conoció a Schechtel cuando tenía once años, durante un trabajo que éste realizó en su vivienda.
"Hicieron toda la conexión de gas en nuestra casa; el tiempo que trabajaron allí, tanto él como su padre, parecían
personas excelentes. Después no tuve más trato con ellos, hasta que mi hermana lo conoció y lo presentó a la familia",
expresó.
Se supo que Schechtel está casado legalmente con otra mujer, con quien tiene un hijo de 10 años.
"Cuando cayó preso la primera vez, esta chica se separó y no quiso saber nada más con él, ni con la familia. Ahora
es mi hermana quien está en esta situación", indicó la mujer.
Según la entrevistada, "Schechtel dice que no se acuerda de nada de lo sucedido en Coronel Dorrego, pero yo lo tomo
con pinzas. Siempre pensé que esto podría volver a suceder, pero no me imaginé que con semejante magnitud".
Por último, interrogada sobre qué debe hacerse, en su opinión, con un depravado, espetó: "Te voy a decir lo que le
dije a mi hermana: lamentablemente tuvieron una nena, si me entero de que él viola a su hija, pierdo trabajo, iré
presa, pero lo mato..."
"En algo fallaron"
Por su parte, la abuela de la primer mujer de Schechtel, que también pidió reserva de identidad, accedió a hablar
con "La Nueva Provincia"
en la puerta de su casa de Coronel Suárez y manifestó que "los padres tendrían que haberlo puesto en tratamiento" a
Schechtel.
"Es un enfermo", afirmó, para asegurar que la familia del sujeto es "intachable", aunque "en algo fallaron".
"A mi nieta este hombre le arruinó la vida. Estuvieron juntos dos años y hace ocho que se separaron. Ella iba a
estudiar veterinaria, quedó embarazada y se casó con él. Pasó eso y lo abandonó", manifestó, en alusión a un hecho
ocurrido en 2000, en Coronel Suárez, cuando el ahora detenido intentó ultrajar a una niña y fue condenado a 3 años de
cárcel.
En la actualidad su nieta, de 27 años, tiene una nueva pareja y otra niña.
La mujer describió a Schechtel como un joven "bueno", del cual "yo no sospeché nunca nada raro".
"¿Quién iba a pensar que iba a hacer semejante maldad?", se preguntó.
"Lo único que puedo decirle es que hace ocho años que se separaron; se estaban haciendo la casita, pero ella lo dejó
cuando se enteró de las macanas que andaba haciendo", concluyó, refiriéndose al motivo por el cual se deshizo la pareja.
"Campeones y admirables".
"Los padres de la chiquita son campeones y francamente admirables; eso se transmite a la pequeña. La actitud de los
padres es el 60 por ciento de la recuperación", afirmó el ministro de Salud bonaerense, doctor Claudio Zin,
refiriéndose a los familiares de la niña atacada en Dorrego. El funcionario --que ha visitado a la víctima en el
hospital porteño-- valoró el hecho de que los padres nunca hablaron de venganza o hablaron con resentimiento y se
focalizaron en la evolución de la pequeña.
Marcela Cisternas/"La Nueva Provincia"