-- "Aunque lleno de atractivos, el desierto es el ambiente menos idóneo para una carrera, por lo que fue necesario
un buen espíritu de adaptación física y psicológica, además de un entrenamiento específico".
-- "El terreno resultó, en principio, predominantemente duro y pedregoso. A medida que pasaban los kilómetros, el
paisaje se volvió más desértico hasta la última etapa, en donde nos encontramos con grandes dunas de arena blanda".
-- "El color de la arena, muy fina y de tonalidad anaranjada, es otra particularidad del Sahara. Además, cuando
entra en contacto con la ropa produce manchas que después resultan casi imposible sacarlas".
-- "Me habían dicho que la noche en el desierto es particularmente dura, pero no pensé que sería para tanto.
Dormíamos en 'jaimas', el típico campamento que se arma en el desierto, y casi no se podía resistir una temperatura que
está por debajo de la línea de congelamiento. Salir de la bolsa de dormir era un auténtico suplicio, porque el viento
es helado y francamente cala los huesos".
-- "Durante una de las pruebas nos cruzamos con una caravana de motos, camionetas y camiones, similares a las que se
ven en el rally París-Dakar. Fue gracioso ver la cara de desconcierto de los pilotos al ver correr a más de un centenar
de locos por el medio del desierto".
-- "La organización, a cargo de una empresa italiana, resultó espectacular, porque estuvo en todos los detalles y no
dejó nada librado al azar. ¿Qué fue lo mejor? La comida, que diariamente contenía desde pastas hasta arroz, atún y
pollo".
-- "¿Qué me llamó la atención? La ausencia casi total de fauna. Apenas algunos cascarudos que se desplazan con gran
rapidez por la arena y unas pocas especies de hormigas de patas largas que, por lo que me dijeron, después derivan en
escorpiones".