"Más allá de lo que implicó el desafío, cumplí un sueño. Tomar contacto directo con la inmensidad del desierto y
competir bajo condiciones extremas representa más de lo que alguna vez pude llegar a imaginar".
A los 57 años, el bahiense Luis Vicente Barco acaba de regresar de los "100 Kilómetros del Sahara", una exigente
prueba pedestre llevada a cabo en unos de los lugares más hostiles del planeta, aunque, lejos de descansar, ya programa
futuros emprendimientos.
"La organización nos citó en Roma, Italia, donde abordamos un vuelo charter que nos trasladó hasta la isla de
Djerba, en Túnez. Allí pasamos la noche en el hotel donde se filmó la película Casablanca
y después nos condujeron a Chenini, un pequeño poblado donde tuvimos un día de adaptación, previo a la largada".
La dureza del recorrido quedó evidenciada desde el primer tramo, porque a los 38 grados de temperatura se sumaron
subidas y bajadas entre piedras sueltas.
"Hubo que andar con sumo cuidado, aunque, de todas formas, la etapa deparó unos cuantos lesionados, que fueron
rápidamente evacuados", aclara.
La segunda etapa resultó algo más tranquila, ya que se llevó a cabo sobre un terreno suavemente ondulado y en el que
los competidores comenzaron a tomar contacto con la arena.
"Ese mismo día contuvo un tramo nocturno que resultó espectacular. Nos alumbrábamos con luces tipo minero y en la
espalda llevábamos un startlight
fluorescente, que daba un colorido impactante en semejante inmensidad. Largamos en tandas de a tres, cada 30 segundos,
y en sentido inverso a la clasificación general, por lo que llegamos todos bastante juntos".
El tercer día contuvo la tan temida maratón (42 kilómetros), que deparó un esfuerzo mayúsculo, en razón de que se
largó con un fuerte viento frontal.
"Tuvimos que afrontar una variada topografía y un brusco descenso de la temperatura en el final, que se produjo bajo
la lluvia, algo increíble, porque el promedio de precipitaciones en el Sahara es de dos días al año".
Los 42 kilómetros también se largaron en sentido inverso a la clasificación, en tres tandas de 50 competidores.
"Me tocó integrar el grupo que largó primero y, por tal motivo, pude encabezar toda la prueba. Estar bien hidratado
era mi gran preocupación y, más allá de que consumí unos 8 litros de agua, pasé alguna zozobra. Cuando la sed ya me
había comenzado a desesperar, apareció un camarógrafo en un cuatriciclo, que me reaprovisionó y así pude seguir sin
problemas".
La última etapa, según su criterio, también resultó complicada, "porque el cansancio ya se siente y las dunas de 20
metros de alto con las que nos encontramos nos exprimieron hasta las últimas fuerzas".
"Además, se desató una tormenta de arena que limitó la visión a sólo 10 metros. Por suerte, la llegada se fijó en un
oasis natural con agua termal, que hizo mucho más placentera la conclusión de una carrera que tuvo un alto grado de
exigencia".
De aquí en más, Luis Barco, junto a sus habituales compañeros de aventuras, Carlos Castoldi y Gabriel Peri, se
prepara para afrontar otro duro desafío: el ironman
de Florianópolis, que se realizará en 2009 en la tradicional playa de Brasil.
"Además, haré todo lo posible por tomar parte de los 160 kilómetros de Namibia, en el sur de Africa, donde están las
dunas de arena más grandes del mundo".
Sergio Alcalá/"La Nueva Provincia"