Las quejas de un auténtico K
Sí, señores, soy K. Y a mucha honra. Soy K legítimo desde lejos. Tengo la arrogancia de ser superior a todos los K
que, a última hora, con D'Elía, cambiaron de camisetas, para refugiarse bajo la sombra de los K.
No se engañe nadie. A pesar de la carrera enloquecida de los K, estoy seguro de que soy el peor de los peor
retribuidos. Soy jubilado K, que cobra el enorme haber mensual de 384,93 pesos; a los que se agregan, por suplemento
por movilidad, 270,07 pesos. Hasta cuándo durará esa movilidad, no lo sabe nadie. Con la inflación que se viene,
agarrate, Catalina, que vamos a galopar...
Sí, no soy el profeta Elías. Pero va a ser galopante lo que se viene, señor D'Elía.
Docente en todos los niveles, desde la primaria hasta la Universidad; sí, pasé por la Universitas Oenipontana, en
Innsbruck, y concluí mi carrera docente en la Universidad Católica Argentina. Esto le falta a D'Elía.
Para mayor incongruencia, soy K del agro. ¿Será por eso que me comunicaron que los "mucamos de sacristía" no se
jubilan? Tuve que hacer uso de un buen abogado para que me sacara del pozo y probara que era docente. Tiempos amargos
aquéllos. Pero estos gobernantes que tenemos hoy son una agrupación de bolches que se enriquecieron a costas del agro.
¿Será posible que los ex guerrilleros estén matando la gallina de los huevos de oro? ¿Por qué el Rasputin que cada día
conversa con la presidenta recibe la paga de sumas exorbitantes?
Viáticos por 100.000 pesos al mes, más fondos de "comunicación social", por 38.000 pesos mensuales. Ni puedo soñar
que es Rasputin kirchneriano maniobre por gastos de protocolo, al mes, la propina de 30.000 pesos. Sí, señores, sigo
siendo K, aunque al profeta Elías no le guste que le saquen a relucir la verdad. ¡Por favor, ex guerrilleros en el
poder, no roben tanto! No mientan al pobre con esa cara de cemento. Son los pobres los que trabajan y ustedes les roban
lo ganado.
D'Elía, no puedes desmentir a Hans Edelhausen, que escribe en el diario alemán "Politikun Mitteilung"
(Política y Participación: "La economía argentina se derrumba día a día y es probable que todo termine en una
tragedia". Y continúa: "En el interior de la Argentina, el 40% de los habitantes vive en una pobreza deplorable. Falta
asistencia médica. Enfermos curables y niños anémicos llenan los hospitales y los cementerios".
Las compañías extranjeras van a lugares más seguros, más estables, como Chile y Brasil. ¿Por qué tanto rencor y
resentimiento para el agro, D'Elía, si éste les proporciona el oro verde? Hagan algo. No dejen que "su gobierno" sea
una mezcla podrida de terroristas vengativos.
Les ruego yo, como K inconcluso y único K auténtico, porque soy Matías Kloster: ¡por favor, dejen la soberbia y
aprendan de los países vecinos que van emergiendo! Señor D'Elía, no abuse de la confianza recibida de la presidenta y
haga algo con los millones de pesos recibidos mensualmente.
Matías Kloster
Esteban A. Gascón
Justicia en oferta
Hace un tiempo ya, nos sorprendimos ante los anuncios y el enojo de las autoridades cuando fueron atacadas por un
gobierno extranjero. Casi se estaba en la movilización de las tropas para partir hacia los Estados Unidos para "lavar"
la ofensa.
La CIA y el propio presidente de ese país habían preparado un plan para desestabilizar al gobierno. Entonces, los
norteamericanos enviaron en un avión privado, contratado por una empresa fantasma de aquí, mucho dinero. El destino
¿fue para "moverle" el piso o ayudarla a la campaña?
El pobre tero, a fin de defender a sus crías, grita en un lugar alejado del nido. Es que pretende defender a la
nidada con su vida antes de que sean depredada. Pero es la ley de la vida y la subsistencia. Aquí, los políticos
salieron a gritar, como el tero, para llamar la atención hacia otro lado. Y no se tuvo reparo en "ensuciar" al
presidente de otro país, con tal de que no se supiera la verdad. Lo que ha pasado es que la justicia de ese país tomó
cartas en el asunto y todo se pudrió.
Allá no funciona la justicia como acá, donde está en oferta. Sólo recordemos que un presidente se fue, antes de que
lo fueran, por solo mentirle al pueblo. ¿Dónde estarían los funcionarios y gobernantes argentinos si la justicia
actuase como allá? ¡Todos presos! ¿Y por qué aquí no?
Martha S. Kelly
Bahía Blanca
Carta a una periodista
He tenido ocasión de ver su programa televisivo dedicado a la caída del Dr. Arturo Frondizi. Debo confesar que
coincido con Ud. en que fue un acto deplorable, agregando que la caída del último estadista que tuvo la República
quizás pueda haber sido el inicio de la debacle que nos ha acompañado desde entonces.
Lo que me ha extrañado es que sus conceptos den a entender que esa asonada fue sólo producto de una acción militar,
como si un día un trasnochado general se hubiera levantado algo mareado y hubiese decidido deponer al presidente.
También me ha llamado la atención el tono de agravio y odio manifestado hacia las Fuerzas Armadas.
Por eso, he tratado de sintetizar algunos hechos que han quedado grabados en la historia de la Patria, para tratar
de que comprenda que, desde siempre, cada movimiento militar estuvo impulsado por muchos políticos que no sólo
adoctrinaban al respecto, sino que también portaron armas cuando fue necesario.
He tomado este camino porque comprendo que tener que ir a nutrirse en la historia grande de la Nación resulta no
sólo cansador, sino tedioso y, por supuesto, no da réditos económicos
En 1905, en la proclama de la revolución (encabezada por Hipólito Yrigoyen), podía leerse: "El militar es un
ciudadano que tiene el deber de ejercitar el supremo recurso de la protesta armada".
En 1923, el presidente Yrigoyen envió una ley al Congreso, declarando que la participación en los movimientos de
1890, 1893 y 1905 "constituía un servicio a la Nación y los militares dados de baja debían ser reincorporados" (Ley Nº
11.268).
Sería injusto no recordar que fue la revolución de 1943 el origen del movimiento nacional y popular más grande da
nuestra historia, el Partido Laborista (o Peronista o Justicialista) encabezado por el teniente general Perón.
La Revolución Libertadora de 1955, a su vez, fue gestada por toda la oposición política al peronismo, aportando no
sólo las ideas directrices, sino también, como sucedió en 1890, 1893 y 1905, comandos civiles revolucionarios que
lucharon codo a codo con las Fuerzas Armadas; oposición que luego dio forma a la Junta Consultiva, que patrocinó el
envío del peronismo al ostracismo y los fusilamientos de 1956 (En un artículo del diario "La Vanguardia"
, Américo Ghioldi, conspicuo dirigente socialista, escribió en relación a los fusilamientos: "Se acabó la leche de la
clemencia").
"Los que encontraron la muerte en los sucesos del 16 de junio y los que jugaron su tranquilidad y su vida al
decidirse a utilizar el único medio de protesta que a su juicio les dejó el estado de fuerza imperante en el país,
unidos en nuestro homenaje y nuestro respeto, constituyen valores demasiado estimables como para admitir que su
sacrificio resultó estéril y caído en el olvido, sin trascendencia y sin fruto". (UCR provincia de Buenos Aires,
Ricardo Balbín).
Debiera usted asimismo saber que, apenas asumió el gobierno, el Dr. Frondizi fue jaqueado por infinidad de planteos,
la mayoría de ellos políticos, con los que, entre otra cosa, se impulsaba a las Fuerzas Armadas a su destitución.
Ricardo Balbín: "Quienes hablan de golpismo pretenden desacreditar a la revolución como derecho natural de las
sociedades".
Miguel Angel Zavala Ortiz: "No se puede escapar de una dictadura en marcha. En cambio, cuando se está en vísperas de
una dictadura, se puede evitar. Por eso, no necesitamos militares ni civiles que esperen a mañana para decirnos que
estamos en un estado totalitario. ¿Cuál es la legalidad cuyo acatamiento se nos recomienda? ¿La legalidad de la
incertidumbre? ¿Sabe el general, el almirante o el brigadier si mañana estarán en sus mandos?
Cuando el colapso era inminente, el Dr. Frondizi llamó a todos los partidos políticos para evitar el derrumbe. Esta
fue una de las respuestas: "La magnitud de los hechos ocurridos y la gravedad de las horas que se están viviendo
obligan con claridad a dar las razones que determinaron esa negativa. Estoy persuadido de que el señor presidente de la
República no intenta buscar la unión nacional, sino salvar su gobierno, al que pretende identificar falsamente con la
suerte de las instituciones democráticas" (UCR).
¿Cree todavía que nadie apoyó o acompaño a las Fuerzas Armadas en aquella destitución?
Sería empero injusto no agregar, para finalizar, que tampoco escapó a esta línea de conducta política lo acontecido
en 1976, donde nuestro prestigioso escritor Ernesto Sábato dijo:
"Desgraciadamente, ocurrió que el desorden general, el crimen y el desastre económico eran tan grandes que los
nuevos mandatarios no alcanzaban ya a superarlos con los medios de un estado de derecho. Porque, entretanto, los
crímenes de la extrema izquierda eran respondidos con salvajes atentados de represalia de la extrema derecha. Los
extremistas de izquierda habían llevado a cabo los más infames secuestros y los crímenes monstruosos más repugnantes.
Sin duda alguna, en los últimos meses, muchas cosas han mejorado en nuestro país: las bandas terroristas han sido
puestas en gran parte bajo control".
Tampoco mudó allí la actitud de nuestra polifacética partidocracia, que le aportó a la flamante conducción del
Proceso, desde la UCR, 310 intendencias, y desde el PJ, 192.
Es de esperar que no me haya interpretado mal, pues, con estos muy breves ejemplos, lejos estoy de pretender salvar
el honor de las Fuerzas Armadas que cometieron aquel tamaño desatino de deponer al Dr. Frondizi. Sólo deseaba acercarle
algunos elementos de juicio para tratar de interesarla en profundizar el tema, pues quizás así descubra que en toda
nuestra historia "ni los buenos fueron tan buenos ni los malos tan malos", lo que puediere entonces calmar ese espíritu
que denota tanta animadversión y resentimiento hacia una institución que, con aciertos y errores, fue fundacional de la
Patria; también para evitar que pudiera hacerse realidad lo que dicen los espiritualistas: "Los malos sentimientos
engendran horribles enfermedades y no permiten juzgar hechos y acontecimientos con sana objetividad" (esto último lo
agregué yo).
Quizás pocos saben que lo que más enaltece la figura de tan preclara personalidad histórica --con quien tuve el
gusto de dialogar varias veces en el modesto departamento en que terminó sus días-- fue la ausencia total de animosidad
o malquerencia hacia aquellos que le hicieron tanto mal y a quienes tenía perfectamente identificados. ¡Sigamos su
ejemplo!
Brig. mayor (R) José María Insúa
Buenos Aires