Fabrizio Gabriel Ausili, quien fuera condenado junto con Edgar Zabala por uno de los crímenes más crueles de que se
tenga memoria en Punta Alta, deberá seguir preso, al rechazarse un pedido de libertad presentado en su favor por la
Defensoría Oficial.
La resolución fue dictada por la Sala I de la Cámara de Apelación y Garantías en lo Penal, la misma que --aunque con
otros integrantes-- condenó, el 29 de septiembre de 1993, a ambos a prisión perpetua --en el caso de Zabala con la
accesoria de reclusión por tiempo indeterminado--, por la violenta muerte de una anciana y las heridas a dos jóvenes y
a un sacerdote que se encontraban en el mismo lugar.
Los camaristas actuantes rechazaron un planteo del defensor oficial Germán Kiefl y entendieron que Ausili podría
llegar a recibir el beneficio una vez que cumpla 20 años en prisión, plazo que --teniendo en cuenta algunos cómputos
especiales-- alcanzaría en poco más de un año.
El aberrante caso, en ocasión de un robo, tuvo lugar el Viernes Santo de 1992 y los sospechosos fueron detenidos un
día después de cometido el ataque, en la madrugada del 17 de abril de ese año.
Víctima principal del suceso fue la anciana Sebastiana Barbagallo de Del Río, quien fue atada, golpeada salvajemente
y degollada, mientras descansaba en su vivienda de Bernardo de Irigoyen 326, en pleno centro puntaltense.
Las otras víctimas
También resultaron con graves lesiones una sobrina de la víctima, Sonia Barbagallo; Amalia Re, amiga de esta última,
y el cura Esteban Fernando Uset, a quien también intentaron asesinar.
Los doctores Luis José Centurión, Jorge Julián Alconcher y Julio César Brígnole, encontraron probada la intervención
de ambos procesados en el delito y los condenaron.
Zabala recibió la sanción más drástica por su liderazgo durante el feroz atraco, mientras que Ausili fue sentenciado
a prisión perpetua, por su condición de partícipe primario.
Los informes médicos y psicológicos acerca de Ausili marcaron, en aquel entonces, una postura fronteriza, con
antecedentes epilépticos, con una deficitaria capacidad discriminativa del razonamiento, a la vez que una desconexión
afectiva que determinaría una conducta influenciable, buena o mala, según con quien se junte.
Zabala, en tanto, tenía profusos antecedentes --otros hechos de homicidio, tanto en este medio como en Corrientes--
y, al momento del suceso, increíblemente se encontraba gozando de salidas de fin de semana del penal, ya que en la
cárcel de Villa Floresta tenía una conducta ejemplar.
Para llegar a la muerte, Barbagallo recibió tres puntazos en el pecho y una herida cortante en el cuello, de quince
centímetros de longitud, que seccionó los vasos carotídeos izquierdos y ambos yugulares, provocando una intensa
hemorragia.
El religioso, en tanto, quedó maniatado en el suelo y sufrió una puñalada en la región mamilar izquierda, además de
dos cortes en el cuello, siendo despojado del reloj.
A Sonia Barbagallo le quitaron un par de anteojos, un encendedor y una tijera plegable.