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   Domingo 19 de agosto de 2007
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CRECER EN LOS INSTITUTOS DE MENORES
Los niños del olvido

Hasta los 18 años dice Ana María Dubaniewicz que sufrió en carne propia el sistema de pupilaje o, como lo llama, de privación de libertad infantil y adolescente. Hoy, como psicóloga y escritora, emprende una intensa lucha para erradicarlo.



     Ana María Dubaniewicz habla y escribe con pena y con furia del pasado y del presente. Dice que quienes se apropian de la vida de los niños por los subsidios, el lucro o el poder, son criminales.
     Wenceslao Dubaniewicz, su padre, era un arquitecto polaco que combatió en la Segunda Guerra Mundial. Prisionero de los alemanes, pasó cinco años en campos de concentración. Una vez liberado, y ante la posibilidad de regresar a trabajar un espacio de tierra, por ser los excombatientes considerados como "locos de la guerra", eligió irse. Viajó a Inglaterra, luego al Brasil y, finalmente, recaló en la Argentina. Aquí se casó con Victoria, una joven española y su secretaria en ese entonces. Tuvieron dos niñas y un varón.
     A causa de las torturas padecidas, si bien trabajaba en su profesión, a Wenceslao le costaba estabilizarse en un lugar. Su esposa debía hacerse cargo de los tres niños y trabajar. Ana María, la hija del medio, en una de las ausencias paternas, ingresó por un tratamiento de tos convulsa a la Casa Cuna nacional.
     "Ante un planteo de mi mamá a Minoridad, acerca de sus dificultades para cuidarme y a su vez trabajar, la respuesta estatal fue la de abonarle un subsidio a una ama externa (señora contratada), para que me llevara a su hogar. Así --afirma Ana María-- comencé a cubrir una de las vacantes de la estructura de apropiación de infancias que tiene el sistema de protección de los menores".
     Desde los seis meses y hasta los 18 años "peregrinó" entre la Casa Cuna y siete diferentes instituciones públicas y privadas. Cuando su papá regresaba, ella y sus hermanos, quienes también fueron ingresados por el sistema, eran externados.
     Cuando se iba, dice que nuevamente el Estado se apropiaba de sus infancias.
     Fue creciendo lejos de su casa, del "reino de Padua", como lo describe en su novela autobiográfica La virgen de piedra , "desmembrada de mi familia, discriminada por ser pobre y sola, desregionalizada en Mar del Plata, sin libertad, sin amor, sin abrazos, y sin los mismos derechos que los demás chicos libres".
     "El estricto régimen religioso me trajo aparejado, además de malos tratos físicos y psíquicos, confusión sobre el rol de mujer casada con Dios y del hombre pecaminoso y el temor persecutorio sobre el castigo divino y el terror al infierno hasta por los pensamientos infantiles", asegura.
     Hoy confía en que su testimonio se escuche y se multiplique en todo el país.
     
* * *

     Psicóloga, titular del Centro de Estudios para la Erradicación de la Internación Asistencial de Menores, entidad que impulsa desde Buenos Aires, y autora de tres libros sobre la problemática que ha vivido en carne propia,
Ana María Dubaniewicz ha recibido denuncias desde Bahía Blanca sobre el funcionamiento del Patronato de la Infancia.
     Considera, en cierta forma, una continuación de su propia historia a la permisividad estatal que hace que allí permanezcan más de 80 chicos --bebés, niños y adolescentes--, "invisibilizados para la sociedad" al igual que los 20 mil declarados por Minoridad de la Nación que representan el 60% de las instituciones públicas y con convenios en todo el país.
     "Sumada esta cifra al 40% faltante de datos --estimado en 8 mil-- y siendo este total de 28 mil menores en un 87% asistenciales y el 13% penales --casi todos sin causa iniciada--, juntamente con otros 10 mil chicos asistenciales encerrados en espacios informales por fuera del circuito nacional, estaremos hablando de 35 mil menores pobres que son víctimas de una aplicación sistemática de pérdida de libertad, de derechos, de amor y de familia por el Estado".
     --¿De dónde surgen esas cantidades?
     --En mi último libro, La internación de menores como privación de libertad , publicado en 2006, pedí a la Presidencia de la Nación, que declare a la privación de libertad, amor, derechos y de familia en bebés y niños asistenciales, como un crimen de lesa humanidad. Como consecuencia, Minoridad, Derechos Humanos y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) organizaron un encuentro donde se "blanquearon" todas esas cifras.

Denuncias bahienses
     --El Patronato de la Infancia es una emblemática institución bahiense. ¿Qué sabe de ella?
     --Que se internan desde bebés hasta adolescentes, todo bajo el paraguas de una estructura judicial que históricamente ha quedado al margen de los postulados, criterios, convenciones y pactos internacionales de tratamiento de la minoridad en conflicto. También que se han denunciado malos tratos corporales y presumiblemente psíquicos. También se cuestiona a la dirección. Nunca las autoridades de una institución ni aquellos de quienes depende su contralor pueden quedar al margen de la responsabilidad de los castigos por acción u omisión sobre los niños.
     --¿Qué recomienda?
     --Los funcionarios estatales, responsables por los chicos, deberían intervenir la institución y abrirla a especialistas de distintos sectores de la comunidad. Incluso con gente de la sociedad civil, que no adhiera a posturas internistas. Esto haría al mejoramiento de la transición en lo cotidiano y en el estudio conjunto del destino de cada niño. Es necesario un plan de apoyo económico, de obra social, ampliación de vivienda y trabajo de un equipo técnico para la contención familiar, para aquellos padres recuperables pero pobres. Será preciso supervisar el trato del niño, su asistencia escolar y demás. En caso de no poder restablecerse los vínculos con la familia propia, planteo lo mismo para los integrantes válidos de la familia extensa (tíos, padrinos u otros).
     --¿Y en el caso de los chicos cuyas familias no son recuperables?
     --Convocar a los postulantes a adopción. Dado el tiempo de permanencia de los chicos, puedo concluir que a la mayoría habría que buscarle padres adoptivos. A los más grandecitos o con discapacidades, pequeños hogares en total contacto comunitario y con todo el apoyo, seguimiento y contralor. Si estos chicos son visibilizados y a su vez conocen gente de "afuera", es probable que varios puedan ser finalmente adoptados o apadrinados.
     --¿Cómo le llegan las denuncias?
     --Debido a que los funcionarios no dan respuestas a quienes honesta y verdaderamente se interesan por los niños, a los que luchan para que tengan una familia propia y comprenden que sufren en estos lugares de encierro. Luego de la publicación de mi último libro, recibí insistentes correos y pedidos de entrevistas desde Bahía Blanca, así como de muchos otros lugares por idénticas razones.
     --¿Qué puede hacer usted?
     --Difundir la situación y tratar de que quienes tienen que escuchar, lo hagan, y de que quienes tienen que mirar, vean.

Cautivos de un sistema
     --¿Cuál es su visión de la minoridad argentina?
     --Históricamente todas las provincias han seguido los postulados o el accionar de la Nación. Esta vez, muchas provincias han superado la Ley de Patronato de 1919. Nación, recién en 2005 ha sacado su Ley de Protección Integral 26.061 y la reglamentó a medias.
     --¿Con qué argumentos?
     --Por motivos que se desconocen o a propósito, su dictado se ha dilatado. Tal vez para seguir manteniendo a los chicos cautivos de este sistema del que viven miles de personas.
     --¿Quiénes?
     --Gobernantes, legisladores, funcionarios, empresarios, políticos y hasta gente del ambiente artístico, además de corruptos de guante blanco que trafican drogas, armas, prostitución, pornografía, trata de órganos, institutos de rehabilitación y adopciones ilegales. Hay muchos responsables, comenzando por la Justicia, Minoridad, Salud y Educación.
     --¿Dónde comienza el sistema de vacantes al que se refiere?
     --En la provincia de Buenos Aires, es en el Hospital Sbarra o ex Casa Cuna, donde los jueces internan bebés sanos o con enfermedades coyunturales que en poco tiempo se restablecen y de los cuales muere de un 8 al 10 por ciento por infecciones intrahospitalarias y depresión anaclítica ante la ausencia de contacto materno parcial o total.
     --¿Eso sólo pasa en Buenos Aires?
     --Casi todas las provincias sostienen Casas Cunas, asilos y cottolengos de privación de libertad por el simple motivo de ser pobres. El Estado, en lugar de ayudar a las familias o remplazarlas, sustituye macabramente su núcleo y su función.
     --¿Tan difícil de quebrar resulta esta estructura?
     --Claro. Nunca se cumplió con la Convención de los Derechos Humanos de 1948, del Niño de 1989, y pese a que estos últimos años hubo intentos de nuevas leyes, las mismas fueron sistemáticamente frustradas por intereses judiciales y políticos. Tampoco se tomaron en cuenta los convenios internacionales ni los postulados de la Constitución Nacional. Lo cierto es que hay mucha resistencia para desarticular el circuito de privación asistencial que ayudaría a evitar el circuito penal adolescente y adulto.

Tribunales enjuiciados
     Al enfocar el tema de chicos con discapacidades graves, Ana María Dubaniewicz indica que en la provincia hay hospitales, organizaciones no gubernamentales y cottolengos que cobran alrededor de 3.500 pesos o más por tenerlos, cuando asegura que mucha gente solidaria está dispuesta a recibirlos si se los toma de bebés, o a apadrinarlos de más grandecitos, siempre con el apoyo de los equipos técnicos. Estima que con el sistema de padrinazgo se abrirían las puertas de las instituciones al control comunitario.
     --¿La Justicia debe ejercer el contralor?
     --No, porque se seguiría judicializando la pobreza.
     --¿Minoridad?
     --Tampoco puede sola por el peso de la resistencia al cambio institucional del personal, de las organizaciones sindicales, y especialmente de quienes tienen intereses espurios. En febrero se formó una comisión interministerial en la Provincia que, si funciona bien, podría garantizar el cumplimiento de la desinternación de niños.
     --¿Qué opina de fundaciones como las del Padre Grassi o del dúo Pimpinela?
     --Son instituciones no gubernamentales con convenio, es decir que reciben un subsidio por cada chico encerrado. En un principio pudieron haberse creado con el loable fin de ayudar a los niños, pero no han utilizado el dinero que reciben de los ciudadanos ni el Estado ha dado directivas que limiten el tiempo de permanencia. El cura Grassi comenzó con tres niños y a la fecha de su imputación acopiaba seis mil.
     --¿A ciertas instituciones no les interesa que los chicos sean adoptados?
     --Estimo que sí. En todas las Casa Cuna los bebés son atendidos por voluntarias. Las direcciones evitan el apego mutuo para evitar que se encariñen con los bebés y los pidan en adopción. Estos continuos desprendimientos, si bien evitan el egreso, reeditan en los bebés y niños pequeños la primera separación de la madre. Esos chiquitos se discapacitan por las infecciones intrahospitalarias y por los sucesivos abandonos a los que son sometidos.
     --¿Qué hacen los Tribunales de Menores una vez que derivan a los niños?
     --Se olvidan de ellos. Sólo buscan brazos cuando los bebés se están muriendo. Entretanto muchos continúan disponiendo desvinculaciones tempranas desde los escritorios, sin haber hecho estudios previos a la mamá adolescente o sola que se tiene que ir de la casa y está sometida a la incultura, la pobreza o el abuso. Mientras tanto, hay adultos inescrupulosos que viven de la privación de la libertad infantil y adulta, haciendo del sistema de Menores un semillero de delincuentes, de púberes y adolescentes sin afecto que se verán empujados a la pornografía y la prostitución, a las drogas y a la explotación. Entre el 70 y el 80 por ciento de los chicos que pasaron por instituciones de menores terminan en las cárceles o en los neuropsiquiátricos.
     --¿Por qué dice todo esto?
     --Porque es una deuda pendiente. Mi hermana Graciela murió recientemente de cáncer de garganta por todo lo que no pudo decir, por la pena, el dolor, la impotencia, la injusticia, la soledad y el trato inhumano y degradante que calló. Yo puedo hablar y escribir por ella y por los que estuvieron y están privados de todo derecho y justicia social.

Protagonista

* Ana María Dubaniewicz nació hace 53 años en Sarandí y vivió en San Antonio de Padua. Se graduó en la Universidad de Buenos Aires como licenciada en Psicología con la matrícula nacional 5852. Tiene dos hijos.
* Se analiza psicológicamente desde hace 30 años. "Al principio fue una obligación ética de la carrera, pero el tratamiento me sirvió de soporte hasta ahora. Tuve que construir una vida sobre las cenizas de mi infancia y mi adolescencia pasadas dentro de las tumbas de los asilos. Me hubiera gustado ser arquitecta, decoradora o cantante lírica, pero elegí psicología porque internamente nunca salí del sistema de Menores que promovió mi encierro cuando mi mamá pidió ayuda."
* "La internación social de menores no reemplaza al sistema familiar, constituye privación de libertad y de derechos y un abandono secundario por el Estado", es el título de su Tesis Doctoral a punto de finalizar.
* Abandono de menores. Historia y problemática de las instituciones de protección , su primer libro, fue editado en 1997.
* La virgen de piedra, editada en el 2000, es su novela autobiográfica.
* De 2006 data "La internación de menores como privación de libertad. Circuito asistencial y penal" . Está basado en sus estudios y en un relevamiento de campo sobre institutos asistenciales, penales y comisarías de la provincia.

Ricardo Aure/"La Nueva Provincia"

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