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DERIVACIONES DE UN JOVEN CON TRASTORNOS MENTALES
Lazos familiares no tan sanos

Cuando alguien, en la familia, sufre trastornos psicológicos serios suele ser más fácil "echar la culpa" sólo a factores orgánicos. Pero es muy importante que la familia pueda modificar su dinámica y transformarse en un factor importante --y, tal vez, hasta decisivo-- para la contención y la recuperación de ese integrante.

     Nora es madre de un adolescente con problemas de adicción, Julio, quien recientemente visitó a su padre, que vive en el interior del país.
     Julio regresó de su viaje y llenó la casa de caros objetos decorativos para agasajar a Nora, se compró ropa nueva y está muy animado.
     Para ella es imposible que su hijo haya hecho algo malo para conseguir ese dinero que apareció casi mágicamente.
     El teléfono suena.
     Es el padre de Julio, quien, a los gritos, acusa a su hijo por el faltante de varias joyas de mucho valor.
     Nora decide ignorarlo.
     No puede ser cierto. Es más, entiende que no es cierto.
     Además, es su único hijo; el mismo que la acompaña, el que está a su lado.
     "Julio no es ningún ladrón...", repite ella, una y otra vez.
     Los trastornos psicológicos nunca tienen una única causa: existen factores hereditarios, contextuales, situaciones políticas y culturales que pueden hacerlos detonar.
     El tipo de relaciones que un individuo establece con su entorno y con su grupo familiar y de amistades puede ayudar a contenerlo en sus trastornos psicológicos o bien funcionar como una suerte de círculo vicioso, que no hará más que exacerbar las condiciones que propician la enfermedad.
     Así como, en este ejemplo, la madre se niega a ver la realidad de su hijo, habrá quienes, lejos de contribuir a la recuperación del integrante enfermo de la familia, adoptan conductas incongruentes que perpetúan las situaciones patológicas.
     "Recuerdo una paciente a la cual la familia perseguía porque estaba excedida de peso; la denigraban.
     "De pronto, cuando esta persona decide ponerse a dieta para adelgazar, aparece toda una corriente contraria: no colaboran con ella, no la acompañan, no la entienden.
     "Ella padecía de esquizofrenia acompañada de delirio y se quiso matar.
     "Al momento de manifestar su deseo, su hermano la lleva frente al tren y él mismo se coloca en las vías hasta que el tren está cerca.
     "Finalmente salta y lo esquiva.
     "Claramente, situaciones de este tipo perpetúan situaciones de locura", relata la directora de la carrera de Terapia Sistémico-Relacional, en el postgrado de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, María Rosa Glasserman.

Cada familia es un mundo
     En familias donde las conductas de varios de sus integrantes parecen advertirse como funcionales al mantenimiento de situaciones de locura, delirio o depresión de alguno de sus miembros, cabe preguntarse cuáles son los límites y cómo se trata a la persona enferma.
     Para Glasserman, autora del libro Familias gravemente perturbadas. Una clínica sin clausuras , cada sujeto y cada familia son un mundo. No hay una única forma de tratar a la persona.
     Muchas familias niegan el problema; otros denigran al individuo y otros lo aislan.
     Por ejemplo, hay familias que deciden recurrir a soluciones de índole esotérica, para aliviar el mal del sujeto.
     "Hubo un caso en que el padre de un muchacho entendió que tenía que viajar a Australia, en una fecha especial, para despojarse de las energías negativas que estaban enfermándolo. No recurrieron a profesionales y no eran personas incultas o de recursos económicos escasos", señala la especialista.
     Claro que este perpetuar de las condiciones de anormalidad, esta retroalimentación, no es siempre consciente.
     "No considero que alguien quiera perjudicar a un ser querido, aunque sí hay situaciones en que se sacan réditos de forma inconsciente; por ejemplo, en el caso de esta madre que sabía que su hijo adicto había robado. Otras veces, se busca que esa persona, aunque insana, se quede en el hogar pese a todo; tiene que ver con necesidades afectivas también", indica Glasserman.

Un largo camino
     Según explica la especialista, muchas familias llegan a la consulta con un alto nivel de desgaste.
     Son los casos más difíciles con pronósticos reservados, si se quiere, y con tratamientos que deberán ser prolongados.
     Si se trata de pacientes con el denominado "trastorno límite de la personalidad", donde se observa una relativa mejoría, luego de los 30 años de edad, las terapias, sin dudas, revelan sus límites.
     Las familias vienen de muchos tratamientos; hay síntomas y situaciones de rigidez.
     Se debe trabajar con terapeutas individuales y para el conjunto familiar.
     "La internación es la última opción; incluso, se pueden hacer de manera domiciliaria. Los acompañantes terapéuticos ayudan en las relaciones y, de ese modo, la violencia desminuye", asegura la profesional.
     No obstante, hay situaciones en las que, indefectiblemente, se debe recurrir a la internación del paciente; sobre todo, cuando está en juego la vida de la persona y la de otros.
     Aquí entrarían cuadros de depresión, de violencia, trastornos límites de la personalidad, adicciones y la esquizofrenia, entre otros.
     En general, según la especialista, las familias están convencidas de la necesidad del tratamiento, al momento de concurrir a la consulta y, si bien no todos asisten o participan de la terapia, siempre se observa el acompañamiento, cuando el terapeuta convoca al grupo de forma seria.

La red de contención
     Por otra parte, la labor terapéutica también debe hacerse incluyendo aspectos del ámbito laboral y con los amigos, es decir con todas las relaciones del individuo.
     "Viene a mi mente el caso del sujeto que creía que estaba de novio con una mujer. Era un delirio pero él hablaba públicamente de `su novia' con sus amigos y compañeros. Cuando fue en busca de esta mujer, ella estaba casada y nunca lo había estado esperando. Este paciente --recuerda Glasserman-- hizo su exposición psicótica en el trabajo".
     Según la experta, el trabajo terapéutico debería funcionar como una especie de red, vale decir, un dispositivo conformado por acompañantes terapéuticos y médicos de otras especialidades que, a su vez, estarán en relación con las clínicas de internación u hospitales de día.
     Se debe crear un trípode, formado por el psiquiatra, el terapeuta individual y el terapeuta familiar.
     Además, hay casos que requieren de acompañantes terapéuticos.
     "Me niego a pensar en grandes tratamientos individuales y, si bien los psicofármacos son buenos, los pacientes encontrarán una recuperación mejor y más rápida siempre que exista un acompañamiento familiar", concluye.

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