Al momento de escribir estas líneas. Michael Phelps, 1 metro 93 centímetros 91 kilos, natural de Michigan en Estados
Unidos, es ya no sólo el nadador más grande de todos los tiempos sino también el atleta récord en cosecha de oro de la
historia olímpica, con 23 años.
Precoz, fenomenal, a los 15 arriesgó en oposición a la opinión de los expertos y en Sydney 2000 llegó a la final de
los 200 metros.
Seis meses después se convirtió en el más joven recordman del mundo en los 200 mariposa. En los siguientes Juegos
Olímpicos, a los 19 en Atenas, ganó cuatro oros individuales y dos en postas y dos bronces.
Acá, en Beijing, nadó cinco finales, ganó las cinco, todas con récord mundial, algunos le pertenecían.
Además, ya está clasificado para disputar la final de los 100 mariposa en su camino a cumplir con su ambición de
esta vez, que son ocho.
Cuatro años atrás compitió, entre clasificaciones y finales, en 17 carreras. Ganó 13, obtuvo dos segundo puestos y
dos terceros. Entre olimpiada y olimpiada, cosechó 17 títulos mundiales y tres subcampeonatos.
Ciertos expertos sostienen que el secreto está en sus largos brazos y sus cortas piernas, lo que le dan un aspecto
de algo ensamblado.
Se cree que las personas miden, generalmente, lo mismo de alto que con los brazos extendidos. Phelps, en cambio,
alcanza un reach de 2,01 frente a una estatura 8 centímetros menor. Y esas piernas breves, ofrecen menos resistencia al
agua.
Otros dicen que su corazón bombea por encima de lo normal y evita el cansancio. Nadie nunca habló de un control
físico a Phelps. Sin embargo, habría que realizarle uno más completo posible para verificar si, efectivamente, es
humano.
Rafael Emilio Santiago/Enviado especial de LU2