CONSTITUYEN verdaderos alicientes los emprendimientos destinados a rescatar bienes patrimoniales para ponerlos
nuevamente en uso y al servicio de la ciudad. Además de hacer al alma y a la tradición bahiense, reportan beneficios y
evitan la degradación del espacio público.
NOS referimos particularmente a las obras que permitieron recuperar, como sede para emprendimientos vecinales, la
bella estación ferroviaria de Villa Rosas. Ya se habían dado algunos pasos en tal sentido durante la gestión del ex
intendente Jaime Linares. Pero es bueno que, sin caer en las consabidas mezquindades, se completen iniciativas ajenas
cuando son valiosas. Hace a la grandeza del funcionario.
LO CIERTO es que, con muy bien criterio, se recuperó el edificio que corresponde a la considerada más bella estación
de mediano porte de la zona. Con sus cinco grandes palmeras y su puente de hierro, una calificada obra de ingeniería
digna de que, asimismo, se la recupere como grato componente de ese escenario urbano.
TAMBIEN SE prevé, por trabajos realizados en el terreno posterior, un ajardinamiento que jerarquizaría el lugar. Por
otra parte, dicho ámbito puede cumplir una función activa como motorización de inquietudes vecinales. Algo importante,
pues si bien forma parte del ejido y de la historia de Villa Rosas, en su jurisdicción han surgido diversas barriadas
modestas, prácticamente libradas a su suerte, que tendrán por fin un lugar para compartir esfuerzos y fomentar su
propio impulso. Un solo detalle para reparar. El sector del techo de tejas ofrece algún deterioro que podría afectar
muy pronto al conjunto.
VALE sumar a ello, siempre en el circuito ferroviario, que ya exhibe como trofeo mayor la paulatina recuperación de
la Estación Sud, los primeros pasos para crear la Plaza del Algarrobo, sobre la avenida Parchappe, en el histórico
lugar donde sobrevive el árbol centenario junto al cual detenían su paso las primitivas carretas. Ojalá que tal
iniciativa pueda concretarse, al pie del Puente Negro, como motivo también de embellecimiento sectorial.
ENTRE los ejemplos alentadores, en tal aspecto, cabe mencionar igualmente la obra que se observa en Brown al 400,
destinada a la recuperación de un componente del patrimonio arquitectónico, emprendida por iniciativa privada. No puede
dejar de mencionársela cuando a cada momento vemos cómo se opera con absoluto menosprecio respecto de un valioso
acervo, ya prácticamente diezmado por falta de preservación.
TAMPOCO puede dejar de aludirse a las obras realizadas en el Teatro Municipal, de las que ya nos hemos hecho eco en
otras oportunidades. Todo lo cual parece mostrar una tendencia diferente con respecto a la óptica oficial. Desde luego,
en cuanto al patrimonio ferroviario, lo que se ha hecho con las preciadas obras que lo constituyeron raya en lo
delictivo. Se permitió, con actitud cómplice, su casi total desmantelamiento. Desde los grandes conjuntos, como el
Mercado Victoria, hasta pequeñas estaciones y edificios menores. Aunque corresponde también recordar como positiva la
recuperación de la estación Noroeste.
QUEDA LA expectativa de que estas intervenciones --que, aunque pueda considerárselas pequeñas, hacen a la grandeza
de la ciudad-- estén reflejando una auténtica política de preservación y rescate de un patrimonio que, a pesar de todo
lo perdido, posee todavía monumentos y escenarios dignos de ser defendidos --para bien de Bahía Blanca-- de la
irresponsabilidad y la barbarie con que han sido tratados.
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Plausible iniciativas que permiten la recuperación de valiosos edificios y escenarios públicos.